¿DÓNDE ESTÁ ESO EN LA BIBLIA?
EL CHISME, LA CALUMNIA Y JUZGAR EL CORAZÓN DE LOS DEMÁS
Mark Twain escribió una vez: “Son necesarios tu enemigo y tu amigo, trabajando juntos, para hacerte daño: aquel que te calumnia y el otro que te lleve las noticias”. Cuánta razón tenía.
Pocas cosas en la vida son más dolorosas que ser el blanco de comentarios mezquinos. La mayoría de nosotros sabemos por experiencia cuán devastadora puede ser el arma de una lengua desenfrenada. Sea que nos hallemos en el extremo emisor o en el extremo receptor, sabemos cuánto pueden herir el chisme, la calumnia y la maledicencia.
Estas palabras no sólo son lo contrario de lo que quisiéramos que otros nos hicieran (cf. Mateo 7,12); en cierto sentido, se trata además de violaciones al Quinto Mandamiento: “No matarás”. Cuando lanzas palabras chismosas, críticas injustificadas o calumnias, puedes causar graves daños a la reputación de otros (ni qué decir de sus sentimientos) al grado de caer en la difamación — asesinar el derecho de esa persona al buen nombre por medio de tus palabras.
De ahí que la Biblia nos advierta con vehemencia contra estos pecados. Medita estos pasajes de la Biblia y pregúntate a ti mismo y al Señor si no tienes que hacer reparación por haber faltado a la caridad en tu prójimo (esposa, marido, hijo, familiar, compañero de trabajo, amigo o enemigo).
Eclesiastés 7,21-22 “Tampoco prestes atención a todo lo que se dice, no sea que escuches a tu servidor que te maldice. Porque, además, tú sabes muy bien cuántas veces has maldecido a otros”.
Eclesiástico 5,11-14 “Está siempre dispuesto a escuchar y sé lento para responder. Si sabes, responde a tu prójimo; de lo contrario, quédate callado. Las palabras traen gloria o deshonor, y la lengua del hombre puede provocar su caída. Que no tengan que llamarte chismoso, y no seas insidioso al hablar, porque la vergüenza pesa sobre el ladrón y una severa condena sobre el que habla con doblez.
Eclesiástico 28,15-18 “La lengua triple ha hecho tambalear a muchos y los dispersó de nación en nación; ella arrasó ciudades fortificadas y echó por tierra casas de potentados; hizo repudiar a mujeres valerosas y las privó del fruto de sus trabajos. El que le presta atención, no encuentra más descanso y ya no puede vivir en paz. Un golpe de látigo deja una marca, pero un golpe de lengua quiebra los huesos. Muchos han caído al filo de la espada, pero son menos que los caídos a causa de la lengua”.
Salmo 15,1-3 “Yahveh, ¿quién morará en tu tienda?, ¿quién habitará en tu santo monte? El que anda sin tacha y obra la justicia, que dice la verdad de corazón, y no calumnia con su lengua...”
Salmo 50,19-22 “...sueltas tu boca al mal, y tu lengua trama engaño. Te sientas, hablas contra tu hermano, deshonras al hijo de tu madre. Esto haces tú, ¿y he de callarme? ¿Es que piensas que yo soy como tú? Yo te acuso y lo expongo ante tus ojos. ¡“Entiendan esto bien los que olvidan a Dios...”!
Mateo 5,21-22 “Ustedes han oído que se dijo a los antepasados: No matarás, y el que mata, será condenado por el tribunal. Pero yo les digo que todo aquel que se irrita contra su hermano, será condenado por el tribunal. Y todo aquel que lo insulta, será castigado por el Sanedrín. Y el que lo maldice, será condenado a la Gehena de fuego”.
Mateo 15,17-20 “¿No saben que lo que entra por la boca pasa al vientre y se elimina en lugares retirados? En cambio, lo que sale de la boca procede del corazón, y eso es lo que mancha al hombre. Del corazón proceden las malas intenciones, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los robos, los falsos testimonios, las difamaciones. Estas son las cosas que hacen impuro al hombre, no el comer sin haberse lavado las manos".
Lucas 12,2-3 “No hay nada oculto que no deba ser revelado, ni nada secreto que no deba ser conocido. 3 Por eso, todo lo que ustedes han dicho en la oscuridad, será escuchado en pleno día; y lo que han hablado al oído, en las habitaciones más ocultas, será proclamado desde lo alto de las casas”.
Efesios 4,29-30 “No profieran palabras inconvenientes; al contrario, que sus palabras sean siempre buenas, para que resulten edificantes cuando sea necesario y hagan bien a aquellos que las escuchan. No entristezcan al Espíritu Santo de Dios, que los ha marcado con un sello para el día de la redención”.
Santiago 4-11 “Hermanos, no hablen mal los unos de los otros. El que habla en contra de un hermano o lo condena, habla en contra de la Ley y la condena. Ahora bien, si tú condenas la Ley, no eres cumplidor de la Ley, sino juez de la misma”.
Murmurar sobre las faltas reales o percibidas de otras personas es otra cara de este problema: aquellos que murmuran desparramando sus quejas en voz baja que es lo suficientemente alta para que lo escuchen quienes les rodean. En su Santa Regla, San Benito advierte varias veces contra la murmuración (cf. capítulos 4, 5, 23, 34, 35, 40).
Y, finalmente, haremos bien en no olvidar la advertencia de Nuestro Señor acerca del poder –para bien o para mal– que tienen nuestras palabras y lo que nos espera como recompensa por esas palabras.
“Pero les aseguro que en el día del Juicio, los hombres rendirán cuenta de toda palabra vana que hayan pronunciado. Porque por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado" (Mateo 12,36-37).
Patrick Madrid es el editor de Envoy Magazine y director del Instituto Envoy del Colegio de la Abadía Belmont.
[Tomado y traducido de Envoy Magazine, número 7.5]