¿QUÉ HACE DIOS EN TU SALÓN DE CLASE?
James Keating, Ph.D. (autor)
Estudiando para orar, no simplemente el aprobar el curso:
¿Puede Dios resurgir en las aulas de hoy día?
Hace algunos años yo era Profesor en una Universidad Católica pequeña. Había progresado lo suficiente durante las charlas preliminares del semestre otoñal, como para comenzar con la difícil tarea de dictar charlas sobre la doctrina de la Trinidad. Comencé la conferencia, y muy pronto me vi sumido en mis propios pensamientos y con gozo tratando de encontrar las palabras que expresaran de la mejor manera, la maravilla y misterio de esta gran realidad: Dios es UNO en Tres Personas; Dios es Amor, y este Amor nos fue revelado en Cristo. Pronto vi una mano que se alzaba en la parte de atrás del aula. Yo reconocí al estudiante, quien en una voz suplicante me dijo, “Podría por favor ir un poco más despacio, o bien darnos un momento de silencio para así simplemente poder asimilarlo en nuestras mentes, Ud. va muy a prisa, no puedo ir a la par de los sentimientos de reverencia que hay en mi corazón. Necesito tiempo.” Yo había estado enseñando a estudiantes universitarios por varios años, y nunca supe haber llevado a ninguna clase a esos sentimientos de reverencia y asombro. ¿Qué estaba ocurriendo en el corazón de este joven durante la clase? ¿Seria posible que él de hecho estaba siendo llevado a la oración?
¿Puede la enseñanza en aulas universitarias (charlas, conferencias, discusiones, seminarios) ser un forum que intencionalmente evoque el amor a Dios? Por supuesto que tanto el estudiante como el profesor pueden estar conscientes de las inquietudes dentro de sus corazones, mientras la enseñanza en las aulas es recibida o compartida. ¿Hay, sin embargo, una razón legítima para tornar estas inquietudes en una realidad publica en el aula o bien invitar al estudiante que tome el contenido de una charla a un nivel más profundo y personal de un encuentro divino? El Papa Benedicto XVI, hizo un llamado para que las Universidades Católicas sean sitios donde “La presencia activa de Dios es reconocida.”
La identidad Católica de una Universidad, no es simplemente el número de estudiantes católicos que allí asisten. Es un tema de convicción y fe – realmente creemos que solamente en el Misterio del Verbo hecho carne, es que el misterio del hombre verdaderamente se aclara. (cf. Gaudium et Spes,22)? Estamos listos a comprometernos plenamente –inteligencia y voluntad, mente y corazón- con Dios?
Aceptamos la verdad que Cristo nos revela? Esta nuestra fe palpable en nuestras universidades..?
Se le expresa fervientemente .. ¿a través de la oración…? Solamente de esta manera es que realmente podemos ser testigos del significado de que quienes somos y que es en lo que creemos y mantenemos…la identidad Católica no depende de estadísticas. Ni tampoco puede equipararse meramente con la ortodoxia del contenido del curso. Exige y espera mucho más: mayormente que todos y cada uno de los aspectos de [la Universidad] vibren con la vida eclesiástica de la fe. Solamente en fe puede la verdad encarnarse y razonar siendo capaz de guiar a la voluntad en el sendero de libertad. De esta forma [Universidades Católicas]…se tornan en lugares donde la presencia activa de Dios ..es reconocida… (Discurso del Papa Benedicto XVI, a Líderes Académicos , CUA Abril del 2008).
Puede un aula universitaria promover un dialogo que de hecho incluya referencias conscientes a la presencia activa de Dios en el proceso de aprendizaje? Sabemos que muchos católicos graduados de Universidades Católicas no leen teología después de que dejan el campus. Por que es eso? Podrá ser que simplemente soportaron las charlas del profesorado y los libros simplemente porque esto era un requisito para la graduación? Si los catedráticos no han podido implantar un deseo vitalicio de aprender en la fe, para que tanto trabajo en los podios o escritorios? Quizás la manera de que como entendemos la enseñanza teológica esta errada?
Quizás tengamos que contextualizarla dentro de la repuesta afectiva del estudiante a la presencia activa de Dios? Uno simplemente no desea saber sobre la verdad. Cuando se enseña correctamente, los estudiantes desean la libertad de poder conocer y amar la Verdad. La Verdad es Cristo, y tal conocimiento siempre sirve a los fines de la teología.
ENCUENTRO
Todos hemos visto la caricatura del profesor graduado, que simplemente empuja el contenido a los estudiantes , quienes diligentemente escriben todo lo que se les dice. Cuando se le pide al profesor de ir un poco mas lento en sus charlas para repasarlas, este se lamenta, “Hay tanto por aprender en esta clase, yo no tengo tiempo para detenerme en las necesidades de personas individuales, solo hay tiempo de compartir ideas”. De hecho, salvo aquellos con memorias fotográficas, la mayoría de nosotros no podemos recordar las charlas de nuestra propia educación universitaria, Hay, por supuesto, charlas estelares que se graban en nuestras mentes, sabiduría que es retenida hasta el día de hoy por nosotros. Por que es eso?
El retener tales recuerdos indica que el profesor no simplemente balbuceo la verdad, pero que el profesor hablo de la verdad para mi. Este profesor enseñaba de tal manera que el contenido de sus charlas se hizo de un carácter personal para mi, y mi mente creció en el proceso con claridad, sanación, o preocupación por el bienestar de otros. A través de las palabras del profesor yo fui capaz de cooperar con las acciones del Espíritu Santo dentro de mí. El hacer que los estudiantes se compenetren más de estas acciones interiores , es algo que falta como parte de una educación universitaria.
La Doctrina es viva; los teólogos tienen que encontrar las formas de hacer que estas doctrinas, los misterios de Cristo, moren tanto intelectual como afectivamente en los estudiantes.
Algunos pensaran quizás, que el desarrollar un método de enseñanza que aliente a los estudiantes a absorber el material de las charlas por medio de la oración, arriesga la objetividad académica. El único encuentro que se supone uno debe tener en un aula de clase, es el contacto que uno tiene con las notas de la clase, notas como objeto de estudio.
También se insta el darle la bienvenida a amistades que van en pos de tal estudio. Pero más allá de estos contactos humanos, el contacto con Dios deberá permanecer privado.
El desarrollo de una teología más orante, le ayuda a los estudiantes a ver la Palabra de Dios como un evento transformativo. Esta transformación no es usualmente dramática o inmediata en su expresión, pero debe de ser esperada.
En otras palabras, los profesores universitarios deberían de tener la conversión espiritual de sus estudiantes como una meta consciente al enseñar teología. Los profesores deben de escuchar activamente a Dios, a fin de poder guiar a sus estudiantes a la conversión y confianza en Cristo (sean o no de la fe católica los estudiantes).
El ordenar la clase de otra manera seria admitir que el estudio de teología es una fantasía. No habría una Divina Persona real, llamándonos a conocerle a El en Su Revelación, solamente habría filosofías mas o menos útiles.
EL CONTEMPLAR LA VERDAD
El emplazar discernimiento orante en el meollo de la teología, hace que los profesores teman que la libertad del estudiante pueda ser minada. Uno puede únicamente presentar hechos, ideas e información; uno no puede tratar de persuadir o argumentar que la teología sea un vehiculo de la verdad, y mas aun, una realidad que propicia un encuentro con lo Divino. En vez, se argumenta que debemos de ser tolerantes con todas las creencias, a fin de son ser críticos, y entonces para que un departamento de teología manifieste que sobre lo que reflexiona es LA VERDAD (Juan 4:16), estaría en discrepancia con la actual y prevalente cultura de la tolerancia.
Analógicamente, yo contrarrestaría esto, si bien todas las diferentes creencias son bienvenidas en mi hogar, nuestra oración en la mesa es para Cristo. O, alternativamente cuando hombres solteros visitan mi hogar, yo no subestimo mi papel de padre. Siempre muestro afecto y cariño para mis hijos e hija, es mas siendo deferentes para con ellos y dándoles mi atención ya que mi paternidad así lo exige. En una clase de teología en una universidad católica, el profesor se para en fe y se esfuerza en explicar los misterios a todos a quienes se inscriben en la clase. Esto se hace tanto en una manera objetiva, y a como yo estoy argumentando en una forma invitacional.
No hay nada anti-intelectual en que la fe de uno se profundice más por el estudio de la teología. No hay nada irrazonable en que la oración ayude a la razón en purificar la egocentricidad o la ideología. No hay coerción tampoco, si un estudiante se convierte ante la belleza de la teología.
Cristo nos dice (Lucas 14:2-3) que llevemos a las gentes al banquete. Este “llevar” se refiere no al uso de la fuerza, pero a la belleza persuasiva de la verdad de los misterios de Cristo cuando se contemplan formalmente. Cuando se inscriben en la Universidad, los estudiantes de otras creencias, saben que están ingresando a una Universidad Católica, a menos que por supuesto, la administración y facultad hayan a propósito enmudecido esta identidad de Universidad Católica a favor de la “tolerancia”.
La teología ayuda al estudiante a aprender sobre Dios, pero en este proceso, también les permite a ellos y a sus profesores el ser visitados por Dios en la forma de reverencia ante la verdad, en un silencio que invita a la contemplación, y en el contemplar la belleza que se encuentra en la doctrina y la tradición. En otras palabras, la teología alienta a un encuentro con Dios en pleno y no simplemente principios acerca de Dios. Separar la intimidad con Dios de la contemplación conocida como teología adelanta mas la tendencia impotente de privatizar la fe. Al así hacerlo, relegamos la fe a los pequeños lugares del corazón, sofocando el desarrollo de un lenguaje de fe publica nacido de un amor interior de Dios. El mantener la fe privada, es drenar la vida de las creencias mas profundas del corazón; creencias que dan a luz a la transformación de la cultura.
Tanto el teólogo como el estudiante se benefician al no prevenir artificialmente, o alternativamente conjurando la presencia de Dios, que se manifiesta cuando dos o mas están reunidos (Mateo 18:20). Si la fe Católica debe penetrar en la cultura por medio de un laicismo educado, entonces la iglesia necesita de teólogos que guíen a los estudiantes no simplemente en acercamientos críticos a la teología académica, pero en encuentros de sanación con el Espíritu vivo. Testigos públicos (mártires) necesitan de la valentía que proviene de una doctrina amorosa como un principio interior y animante; de otra forma la cultura permanece simplemente como un reflejo de las fuerzas mas potentes y aceptadas (v. & gr. económicas, políticas), y las convicciones mas profundas de nuestros corazones permanecen como pozos no abiertos de transformación cultural.
LA ORACIÓN AMPLÍA LA RAZÓN
La oración puede guiar al pensamiento; la oración es una forma de pensamiento inspirado por el amor y enfocado hacia Dios. A quien los teólogos ansían por conocer. De esta manera este enfoque puede hacer que un teólogo hable de la intimidad con Dios en una forma prudente en clase, así como un esposo no negaría, pero si afirmaría en muchas maneras que quiere a su esposa. El amor es publico, aun cuando sus raíces y verdades inescrutables muchas veces y correctamente, permaneces privadas. La teología no es auto-revelación, pero si es una contemplación de lo que Dios ha revelado, así haya sido recibida personalmente, para el beneficio de la Iglesia. Los estudiantes pueden recibir los frutos de esta intimidad y los mismos pueden ser propagados, conocidos y compartidos a fin de edificar y servir las necesidades espirituales de otros. Recientemente el Papa Benedicto XVI nos dijo que el recibir el amor de Dios con afecto, de hecho sirve a los fines de la razón. “Podemos tocar el corazón de Cristo y sentir que El toque el nuestro. Solamente en esta relación personal con Cristo, solamente en este encuentro con el Resucitado es que realmente nos hacemos Cristianos. Y de esta forma, nuestra razón se abre, la totalidad de la sabiduría de Cristo se abre así como todas las riquezas de la verdad”.
La teología es una ciencia afectiva, lo que significa que uno recibe la sabiduría, no simplemente a través de un conocimiento discursivo, pero a través de un conocimiento nutrido por nuestro afecto para con Dios. La teología tiene que ser una ciencia afectiva para que mueva nuestra voluntad y así abrir a las personas a la transformación.
Pie de notas:
“”Que sea la experiencia del santo, y no la del pecador promedio, la que se tome como la norma para el entender la gracia de los sacramentos… La teología en la Iglesia procede siempre como un dialogo continuo entre la esposa y el Esposo.”” La teología pertenece en última instancia a una Iglesia dispuesta hacia la vida contemplativa. La esposa quiere escucharle a Cristo el Esposo, no simplemente para información, sino que para formación (Ver Romanos 12:1-2)
Estudiamos la revelación de una manera que es intencionalmente formativa y estructurada para ayudar al estudiante y al profesor en pos de su llamada a la santidad, y a través de Cristo dentro de Su Iglesia. ¿En que forma deberán los profesores estudiar, enseñar y publicar la teología para así profundizar las vidas espirituales de sus estudiantes? ¿Y en que forma los estudiantes deberán de recibir el estudio, las enseñanzas y las publicaciones de los profesores para así profundizar la revelación en pro de su propia santidad pública?
La razón misma (el LOGOS, se ha encarnado. La razón por lo tanto no es un abandono a la oración, pero razonablemente es el objetivo de la oración – El Cristo, el LOGOS, como dijo Justin Martyr, “La razón se hizo Hombre y se le llamo Jesucristo”, Nosotros, razonamos de Cristo hacia otras cosas, pero NO de otras cosas a Cristo.
En su discurso en la Universidad Gregoriana en 2006, el Papa Benedicto XVI, dio muy buenas instrucciones para enseñar teología:
“El objetivo inmediato de la diferentes ramas del conocimiento teológico es Dios mismo, revelado en Jesucristo, Dios con un rostro humano….conocer a Dios no es suficiente. Para un verdadero encuentro con El, uno también tiene que amarle a El. El conocimiento tiene que convertirse en amor.
El Espíritu mismo busca en la profundidades de Dios (1 Cor. 2:10); por ende, solamente escuchando al Espíritu, puede uno explorar y buscar las profundidades de las riquezas, sabiduría y conocimiento de Dios (Rom. 11:33).
Escuchamos al Espíritu en oración, cuando el corazón se abre en contemplación al misterio de Dios, que nos fue revelado en Jesucristo el Hijo, imagen del Dios invisible (Col. 1:15) cabeza constituida de la Iglesia y Señor de todo lo creado (Efe. 1:10; Col. 1:18)”
SILENCIO
Podría parecer a algunos, que la oración seria imposible dentro de la estructura de una clase, una estructura que es un ritmo de lectura por parte del teólogo, y de escuchar por parte del estudiante. Hay, por supuesto, momentos de conversación y de preguntas y repuestas. Yo estoy, sin embargo, abogando para que otro elemento entre al aula de clase: el silencio.
En el silencio, la verdad puede ser apropiada más profundamente. Las preguntas que se originen del material didáctico y nuestra comunión con el Espíritu podrían ser más plenamente captadas y articuladas. ¿No es el estar consciente de nuestra interior comunión con Dios un detrimento al enseñar y aprender?
Un profesor no es un carpintero que puede darle forma a la madera mientras su mente esta ocupada con los Salmos o una decena de Ave Marías. La profesión misma de la enseñanza exige que la mente este ocupada a como están las manos del obrero. ¿Dónde esta pues el "espacio" para la oración entonces en enseñar y aprender?
Clemente de Alejandría (m. 215), en la temprana tradición cristiana, hizo notar como uno puede estar ocupado en actividades, pero teniendo la oración presente dentro del alma. "El ora, sin embargo, en todas las situaciones, sea que este dando una caminata, en la compañía de otros, o esta descansando, o leyendo o bien comenzando una tarea que requiere pensamiento. Y en la profundo de su alma el tiene un solo pensamiento y con suspiros muy
Pie de notas:
3 El Espíritu del Pensamiento Cristiano Primitivo (aut. Robert Louis Wilken)
4 Discurso de S.S. Benedicto XVI el 3 de Nov. 2006 en la Univ. Pontificia Gregoriana.
profundos para las palabras invoca al Padre {la oración es mantenida]" Estos suspiros muy profundos para vocalizarlos se dan en un nivel subconsciente, sin embargo siempre listas a ser recibidas cuando el Espíritu "agita
las aguas" de nuestra alma (Juan 5:7). De este torrente vivo brotan toda clase de preguntas y reflexiones que benefician tanto al profesor como al alumno. Las verdades de la revelación tienen un gran potencial para agitar las aguas de nuestra alma. Dentro de la misma acción de enseñar, al momento de hablar, al describir misterios, preguntas para una mayor comprensión, y profundas y atentas repuestas a las inquietudes y conclusiones de los estudiantes, pueden traer estos "suspiros" del Espíritu a un nivel consciente.
Normalmente, nos resistiríamos a tal invitación por considerarla inapropiada o imprudente. Por supuesto que no todos los movimientos hacia la oración pueden hacerse públicos en las aulas de clase. Un profesor en silencio, puede dar honra a Dios por las gracias recibidas de sus propias conferencias sin que ningún estudiante se de cuenta. Pero ahora es cuando llegamos al centro candente de nuestra meditación. ¿Hay algún tiempo, durante una charla publica cuando el profesor, habiendo aceptado ya una invitación a orar, invite a los estudiantes a orar también? ¿Que significaría tal recepción orante de doctrina académicamente? ¿Cómo protegeríamos la libertad individual dentro de la clase? ¿Alternativamente, como nos deleitaríamos en el hecho de que la oración puede guiar al intelecto?
Si la razón ha de ejercerse correctamente, tiene que someterse a una constante purificación, ya que nunca podrá estar completamente libre del peligro de una cierta ceguera ética causada por los efectos deslumbrantes del poder y de intereses especiales...... La Fe por su naturaleza específica es un encuentro con el Dios vivo- un encuentro que abre nuevos horizontes que van más allá de la esfera de la razón. Pero es también una fuerza purificadora para la razón misma. Desde la postura de Dios, la fe libera a la razón de sus áreas ciegas y por ende le facilita a la razón que haga su trabajo de una manera más efectiva y poder ver sus objetivos más claramente. (Deus Caritas Est, n.28).
Aquí vemos la gran verdad: la oración, adentrada en la fe, nos ayuda a pensar claramente. ¿Podrá ser que la oración y la fe son las fuentes autenticas del pensamiento de teología objetiva, y que nuestro esfuerzo actual de retirarlas de lo académico es enteramente mal encaminado?
UNA TEOLOGIA CONTEMPLATIVA
En una teología contemplativa que esta muy a gusto en la universidad, encontraríamos la presencia de Dios emergiendo del material didáctico y de la búsqueda común de la verdad que se da entre el maestro y el alumno. En este enfoque hacia la enseñanza, uno no esta solo o siempre argumentando un caso, pero más bien dándole la bienvenida a una Presencia, "que es totalmente diferente al argumento científico, pero no anti-intelectual". En una teología contemplativa nos hacemos vulnerables a recibir lo que emerge. Esta receptividad no es puramente pasiva; mayormente es el fruto de una búsqueda rendida (entregada).
En tal entrega el profesor no esta buscando como "tumbar conceptos como si fueran una presa, pero si muy activamente esperando a que la presa salga, a como lo haría un cazador en un escondite. El profesor vigila y espera esperanzado de que la verdad emergerá y será interiorizada por sus estudiantes. El profesor quiere que la verdad emerja en clase y así exponer su estructura elemental, una estructura que invite a uno a participar en su realidad y en el resto de su significado.
El descansar en el significado de la verdad, es descansar en Cristo. Es esta relación con Cristo la que brinda un significado final. En nuestra era el método científico aventaja a lo misterioso y religioso. Universidades Católicas se adhieren a lo misterioso a fin de que sirva para sus fines, siendo uno de los principales la formación de líderes espirituales laicos. El estudiante tolera la Presencia que emerge de dentro de su meditación sobre el contenido de la clase de teología. De esta forma, le instamos al estudiante no simplemente a "trabajar" en sus estudios para obtener "éxito" académico, pero a observar, esperar y recibir la Presencia en sus estudios, que le dará descanso, un descanso que a su vez da a luz a la sabiduría.
El pre-requisito vital para permitir que la Presencia surja en la enseñanza, se encuentra en la propia vulnerabilidad del profesor para con la verdad, cuando la verdad se aproxima y reclama el corazón del maestro. Simon Weil hizo notar"" que la verdad es su guía, y aun cuando uno se alejara de Cristo en fe e ir solamente "hacia la verdad, uno no se alejaría mucho para caer nuevamente en los brazos de Cristo".
Los profesores defienden la verdad a como esta articulada y conocida en el conocimiento discursivo, pero no deberían poner ningún obstáculo a llevar explícitamente a los estudiantes a una comunión con Cristo. De una manera mas positiva, deberían de alentar y facilitar esta comunión. Al final de cada clase, o al menos al final de cada semestre, el profesor deberá de preguntar a sus estudiantes: "¿Que aspecto de la clase incendio una conversión espiritual dentro de ti?" El estudio debería de hacer tanto al estudiante como al profesor más sensibles al llamado de la conversión personal al menos. Cualquier sistema de enseñanza o metodología usado deberá de ser revisado teniendo esto en mente; ¿tal método habrá propiciado una conversión personal profunda apartando al estudiante del error intelectual y el pecado? ¿Y habrá orientado al profesor y al estudiante hacia comunión con Cristo dentro de Su Iglesia?
En la universidad, tales metas pueden ser logradas tanto por el profesor como el estudiante cuando entran a la disciplina del estudio a fin de ser dóciles ante las llamadas del Espíritu Santo. Esta forma de aprendizaje, combina el ascetisismo de la investigación exacta o precisa con la disposición o tendencia a obedecer a llamadas interiores del Espíritu. En tales entregas hay sabiduría nacida del estudio, pero no idénticas en su contenido. En esta clase de enfoque estamos abiertos a una mente mas amplia o expansiva, una mente que acoge la oración en la verdad y la verdad en oración. De estas mentes fluye la libertad imaginativa que señala el nacimiento del liderazgo laico, un liderazgo que la iglesia ha estado esperando y ansia verlo a plenitud desde la clausura de Concilio Vaticano II.
Con un método tan integrado para estudiar teología, podriamos adelantar el día en que verdaderos lideres laicos emerjan dedicados a la transformación de la cultura. Esto lideres serian formados con una convicción que les lleve a pensar, en un pensar que no es partidarista o simplemente fácil, sino que mas bien colmado de un amor hacia Dios y a la verdad, y conocedor de los discernimientos.
¿Que universidades darán verdaderos contemplativos ansiosos de vivir en la verdad que fue descubierta cuando la oración les abrió su razón?
Diacono James Keating, Ph.D., contribuye frecuentemente de la Revista Envoy. Es el director del Instituto para fa Formación Sacerdotal en la Universidad de Creighton en Omaha, Nebraska.
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