DÓNDE ESTÁ ESO EN LA BIBLIA? * Patrick Madrid
HAZ LO QUE TE DICTE TU CONSCIENCIA
¡Sólo asegúrate de tener una consciencia bien formada!
Todos hemos escuchado la frase clásica “haz lo que te dicte tu consciencia”. Lamentablemente, muchas personas tienen la impresión errónea de que “haz lo que me dicte tu consciencia” significa “haz lo que tú quieras”.
Consideremos, por ejemplo, el caso de una mujer casada que le pide a una amiga católica consejo sobre si está permitido que ella y su marido usen anticonceptivos. La amiga podría decirle “haz lo que te dicte tu consciencia”. Pero si no le da mayor explicación de qué es la consciencia y cómo funciona, este consejo probablemente dará como resultado que la mujer asuma que lo que ella quiere hacer a este respecto es igual a hacer lo que le dicta su consciencia. Y eso, naturalmente, sería un error. Si bien es absolutamente cierto que cada uno de nosotros en efecto debe hacer siempre lo que dicte nuestra consciencia (cf. CCC 1790), también debemos reconocer que tenemos igualmente la obligación de formar (esto es, educar) nuestra consciencia ( CCC 1783-1785).
El Catecismo explica: “En lo más profundo de su conciencia el hombre descubre una ley que él no se da a sí mismo, sino a la que debe obedecer y cuya voz resuena, cuando es necesario, en los oídos de su corazón, llamándole siempre a amar y a hacer el bien y a evitar el mal... El hombre tiene una ley inscrita por Dios en su corazón... La conciencia es el núcleo más secreto y el sagrario del hombre, en el que está solo con Dios, cuya voz resuena en lo más íntimo de ella”.
“Presente en el corazón de la persona, la conciencia moral (Cf. Rm 2, 14-16) le ordena, en el momento oportuno, practicar el bien y evitar el mal. Juzga también las opciones concretas aprobando las que son buenas y denunciando las que son malas (Cf. Rm 1, 32). Atestigua la autoridad de la verdad con referencia al Bien supremo por el cual la persona humana se siente atraída y cuyos mandamientos acoge. El hombre prudente, cuando escucha la conciencia moral, puede oír a Dios que le habla”.
“La conciencia moral es un juicio de la razón por el que la persona humana reconoce
la cualidad moral de un acto concreto que piensa hacer, está haciendo o ha hecho. En todo
lo que dice y hace, el hombre está obligado a seguir fielmente lo que sabe que es justo y
recto. Mediante el dictamen de su conciencia el hombre percibe y reconoce las
prescripciones de la ley divina” (CCC 1776-1778).
Con estas enseñanzas en mente, examinemos algunos pasajes de la Escritura que nos instruyen por un lado acerca de la importancia de la función de la consciencia –esa voz interior que tenemos cada uno y que nos advierte que evitemos el mal y hagamos el bien– así como sobre el gozo de tener claridad de consciencia y el misterio de la culpabilidad de consciencia.
El mejor lugar para comenzar nuestro estudio sobre la consciencia es mirar lo que les sucedió a Adán y Eva cuando cometieron el pecado original. Como podrán ver de la respuesta de Adán a Dios, la culpabilidad de consciencia los estaba molestando a ambos (¿Suena familiar, no es así?)
Génesis 3,7-10 – “Entonces se abrieron los ojos de los dos y descubrieron que estaban desnudos. Por eso se hicieron unos taparrabos, entretejiendo hojas de higuera. Al oír la voz del Señor Dios que se paseaba por el jardín, a la hora en que sopla la brisa, se ocultaron de él, entre los árboles del jardín. Pero el Señor Dios llamó al hombre y le dijo: "¿Dónde estás?" "Oí tus pasos por el jardín, respondió él, y tuve miedo porque estaba desnudo. Por eso me escondí".
Sabiduría 17,11-13 de Salomón – “Porque la maldad es cobarde y su propio testimonio la condena: acosada por la conciencia, imagina siempre lo peor.El miedo, en efecto, no es sino el abandono de la ayuda que da la reflexión:cuanto menos se cuenta con esa seguridad interior,tanto más grave se considera ignorar la causa del tormento.
Isaías 48,22 va directo al grano: “Pero no hay paz para los impíos, dice el Señor”. Esta advertencia tiene dos propósitos. Primero, nos muestra que vivir haciendo el bien nos lleva a la claridad de consciencia y la ausencia de angustia por los pecados del pasado. Y segundo, nos señala el hecho de que en la eternidad, aquellos que amaron a Dios y trataron de vivir de acuerdo con Sus enseñanzas, disfrutarán de paz. Por el contrario, quienes despreciaron las leyes de Dios y llevaron una vida impía, sufrirán por la eternidad y no tendrán paz en el alma. Y eso será el infierno.
Proverbios 3,21-25 – “Conserva, hijo mío, la prudencia y la reflexión; que ellas no se aparten de tus ojos. Ellas serán vida para tu alma y gracia para tu cuello.Entonces irás seguro por el camino y tu pie no tropezará.Si te acuestas, no temblarás, y una vez acostado, tu sueño será agradable.No temerás ningún sobresalto ni a los malvados que llegan como una tormenta.”
Proverbios 10,8-9 – “El de corazón sabio acepta los mandamientos, pero el de labios necios va a la perdición. El que camina con integridad camina seguro, el que sigue caminos tortuosos será descubierto”.
1 Timoteo 1,18-19 – “Hijo mío, te hago esta recomendación, conforme a lo que se dijo de ti por inspiración de Dios, a fin de que luches valientemente, conservando la fe y la buena conciencia. Por no haber tenido una buena conciencia algunos fracasaron en la fe...”
Romanos 2,12-16 – “En efecto, todos los que hayan pecado sin tener la Ley de Moisés perecerán sin esa Ley; y los que hayan pecado teniendo la Ley serán juzgados por ella, porque a los ojos de Dios, no son justos los que oyen la Ley, sino los que la practican. Cuando los paganos, que no tienen la Ley, guiados por la naturaleza, cumplen las prescripciones de la Ley, aunque no tengan la Ley, ellos son ley para sí mismos, y demuestran que lo que ordena la Ley está inscrito en sus corazones. Así lo prueba el testimonio de su propia conciencia, que unas veces los acusa y otras los disculpa, hasta el Día en que Dios juzgará las intenciones ocultas de los hombres por medio de Cristo Jesús, conforme a la Buena Noticia que yo predico”.
1 Juan 3,19-22 – “En esto conoceremos que somos de la verdad, y estaremos tranquilos delante de Dios aunque nuestra conciencia nos reproche algo,porque Dios es más grande que nuestra concienciay conoce todas las cosas. Queridos míos,si nuestro corazón no nos hace ningún reproche,podemos acercarnos a Dios con plena confianza,y él nos concederá todo cuanto le pidamos, porque cumplimos sus mandamientos y hacemos lo que le agrada”.
Pasajes adicionales: Deuteronomio 28,65-67; Job 15,20-25; Proverbios 15,14-15; 28,1; Salmo 112,5-10; Sirácide 34,13-16; Lucas 23,30; Juan 3,20-21; 1 Romanos 2,9; Timoteo 1,5; 3,8-9; Hebreos 10,22; 1 Pedro 3,15-16. Secciones relacionadas en el Catecismo 1776-1802.
(Tomado y traducido de EnvoyMagazine, no. 8.2, www.envoymagazine.com)