Halloween – La celebración pagana

Para entender mejor el tinte pagano que ha acabado por recubrir completamente la celebración de HALLOWEEN en nuestros días, es necesario remontarnos a la historia y, particularmente, a la época de los celtas.

Los celtas fueron el primer pueblo prehistórico en salir del anonimato en los territorios europeos al norte de los Alpes. Hasta mediados del primer milenio A.C. nada se supo de ellos en el mundo mediterráneo civilizado. Para cuando se convirtieron en el pueblo predominante del mundo bárbaro, ya se habían estable­cido en gran parte de Europa, extendiéndose desde Irlanda y Bretaña hasta los Balcanes y aún tan lejos como Anatolia. Era un pueblo numeroso de considerable importancia en el aspecto político y militar.

A partir del siglo quinto A.C., los celtas se hicieron muy conocidos en el mundo contemporáneo. Llegaron a expandirse desde Francia hasta la Península Ibérica y las Islas Británicas e incluso al este de Europa central.

La religión practicada por los celtas estaba organizada y funcionaba de acuerdo a las necesidades de gobierno, dominio territorial, productividad económica y crecimiento demográfico. Su sistema religioso estaba integrado por creencias en diversos dioses y diosas así como en deidades de la naturaleza a través de mitos y prácticas rituales y sacrificiales realizadas por los sacerdotes o druidas. Según los historiadores de nuestros días, sus ceremonias y ritos son bastante afines a los de la religión india. Los conocimientos que tenemos de ella son vagos y confusos, recogidos básicamente de los relatos de historiadores romanos; con todo, es posible sugerir algunas probables funciones de algunos de sus muchos dioses e intuir una rica mitología.

En general, los dioses celtas son poco conocidos y los romanos los relacionaron con los suyos: Mercurio, Apolo, Hércules etc. que, de una u otra forma, representaban el poderío físico y guerrero así como la fecundidad y la autoridad, jurídica y mágica a la vez. El símbolo divino celta más conocido es un dios sentado en cuclillas, coronado de cuernos y una serpiente de cabeza de carnero como atributo. Junto a él aparece su consorte, la “Madre Tierra” o Dagda y una multitud de figuras femeninas representadas en tríadas como alegorías a esta divinidad misteriosa.

Al mismo tiempo, los celtas rendían culto a los pozos, manantiales y ríos así como a los árboles, con una marcada preferencia por el roble.

Poco se conoce acerca de sus creencias religiosas, sin em­bargo se sabe que creían en una vida después de la muerte, la transmigración de las almas y el submundo. Tenían gran veneración por los espíritus y practicaban el espiritismo y la adivinación. Aparentemente, para ellos la cabeza tenía un significado particular ya que ésta era considerada como sede de los sentimientos del alma y por tanto, de las aspiraciones más elevadas.

La naturaleza, a la que también adoraban, era el escenario del culto y la religión celtas. Colinas, ríos, bosques y manantiales eran para ellos lugares donde se manifestaban las fuerzas natu­rales relacionadas con sus dioses. Igualmente, los animales y las aves eran un elemento importante en sus ritos y ceremonias porque los consideraban una representación de los dioses que se comunicaban a través de ellos y les servían y acompañaban.

El fuego tenía asimismo un significado muy especial en sus festivales religiosos como elemento purificador. En tales oca­siones, hacían pasar al ganado por el fuego y realizaban el sacrificio de animales, en los cuales una o más personas se unían simbólicamente a la víctima y se bañaban con su sangre y bebían de ella. Pero también sacrificaban a seres humanos, niños y adultos por igual, los cuales eran destazados o bien arrojados a enormes fogatas que encendían durante tales celebraciones. Según los relatos romanos, el rasgo más impresionante de la religión celta fue su violencia y el predominio de los sacrificios humanos en sus rituales.

Los sacerdotes que servían a los dioses célticos y presidían las ceremonias y ritos eran los druidas. Este nombre significa “conocedor del árbol” y es una derivación del griego drys — árbol, dryadós — del árbol. Los celtas consideraban a los druidas como a los más sabios de la comunidad y a ellos se confiaba la educación de los jóvenes.

Los druidas ejercían gran influencia en la sociedad aunque no participaban directamente en las guerras. Dirigían el culto y los sacrificios, practicaban el espiritismo y la adivinación y tenían a su cargo organizar el calendario de fiestas y ritos.

Los celtas observaban varias festividades religiosas. El año estaba dividido en períodos de seis meses por las fiestas de Beltine (Mayo 1º) y Samain (Noviembre 1º). Ambos períodos se dividían igualmente en otras festividades menos importantes. Samain era la gran fiesta del año y también el Día de Muertos.

Samain, según los antiguos druidas, era la época más propicia para la comunicación con espíritus, ya que la línea divisoria entre la vida y la muerte era más delgada. Era entonces cuando encabezaban los rituales que incluían sacrificios de animales y seres humanos. En su tiempo, el festival de Samain tuvo por objeto marcar el fin del año, el fin del verano y alcanzar favores de sus deidades y de los espíritus para proteger al ganado de enfermedades y favorecer la fertilidad. Para tal efecto, se encendían enormes fogatas en las cimas de las colinas para ahuyentar a los espíritus que no les eran propicios. Presunta­mente, las almas de los muertos visitarían sus casas ese día y el festival de otoño adquiría un significado siniestro con fantasmas, brujas, gnomos, gatos negros, hadas y demonios de todas clases que, según creían, merodeaban en los alrededores. Adicional­mente, los druidas sostenían que Samain era también el tiempo más favorable para la adivinación en lo referente a los matri­monios, la fecundidad, la suerte, la salud y la muerte. Era el único día en el que tácitamente se invocaba la ayuda de los demonios para tales propósitos.

A mediados del siglo primero A.C. el mundo céltico se vino abajo al encontrarse en medio de dos fuerzas: el Imperio Romano y las tribus germánicas. A finales de ese siglo, los celtas del continente perdieron todo su poderío a manos de los romanos, por quienes finalmente fueron absorbidos. No obstante, su influencia prevaleció en Gran Bretaña e Irlanda aunque en menor medida y como suele suceder, muchas de sus costumbres paganas fueron conservadas.

 

 
 
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