¿Qué hacer?

Como hemos visto, muchas personas –consciente o inconscientemente– se han puesto al servicio del Maligno y del mal. Todo esto puede llenarnos de terror y paralizarnos, mientras que nuestra actitud debiera ser completamente diferente. Una vez que hemos reconocido el peligro al que nos enfrentamos, los cristianos debemos oponernos a ello. Debemos denunciar estas cosas y organizarnos como familias y como comunidades para combatirlas. Con todo, siempre hemos de recordar que nuestro combate no es contra las personas, nuestra lucha es contra las ideas y prácticas equivocadas y deberá sustentarse siempre en el amor y la caridad fraterna.

Ciertamente, esta actitud no es fácil. Invariablemente, ante la denuncia de la escalada de la violencia, la pornografía y el terror a través de la música, las películas y los programas de televisión, los medios de comunicación esgrimen un mismo argumento: la libertad consagrada por la constitución política de los diversos países. Así pues, “nadie tiene derecho de decirme lo que debo hacer y lo que debo pensar.”  Se olvida que la libertad es el poder o la facultad que el hombre tiene de obrar o no obrar, de elegir una cosa en lugar de otra. Sin embargo, se olvida que la libertad es al mismo tiempo un don que Dios nos ha regalado para servir a la verdad y al bien, no para hacer el mal.

Por otro lado, cuando estas denuncias son encabezadas por cristianos dispuestos a oponerse a la cultura de la muerte, como Juan Pablo II la ha llamado y que lenta pero seguramente ha ido apoderándose de nuestra sociedad, se les tacha siempre de “oscurantistas” , de personas de mentalidad “medieval” que pretenden coartar la libertad de expresión.

Sí, no va a ser fácil oponernos a la celebración pagana de HALLOWEEN. Se trata de unentretenimiento tan difundido en nuestros días que la labor que habremos de desempeñar seguramente será ardua. Pero no nos queda otro camino. Y es que los cristianos, en lugar de acomodarnos al espíritu de la época, debemos ser quienes imprimamos de nuevo en ese espíritu el sello cristiano. Los cristianos no podemos vivir como vive “cualquiera”. Así lo ha afirmado el Cardenal Joseph Ratzinger, Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, quien dijo además: “Hoy más que nunca, el cristiano debe tener conciencia clara de pertenecer a una minoría y de estar enfrentado con lo que aparece como bueno, evidente y lógico a los ojos del espíritu del mundo, como lo llama el Nuevo Testa­mento. Entre los deberes más urgentes del cristiano está la recuperación de la capacidad de oponerse a muchas tendencias de la cultura ambiente...” (cf. Informe sobre la Fe, Card. Joseph Ratzinger y Vittorio Messori).

Hace algunos años, en 1988 para ser exactos, el Cardenal Bernardin Gantin, Prefecto de la Congregación para los Obispos, señaló lo siguiente a Proyección Mundial de 30 Días: “La revista recuerda los temores de Pablo VI (confiados a Jean Guitton) acerca de la invasión de un “pensamiento no católico” dentro mismo de la cristiandad. Pero a mí me viene a la mente otra acertada expresión del Papa Montini: “Hoy, muchos cristianos –decía– se han ‘mirtridatizado’.” El rey Mitríadates absorbía en su organismo diariamente una pequeña dosis de veneno, a fin de acostumbrarse y prevenir así cualquier intento de asesinarlo para sustituirle en el trono. Del mismo modo, explicaba Pablo VI, los creyentes respiran día con día un aire que ya no es cristiano; pero algunos, muchos desgraciadamente, acaban, sin advertirlo, por acostumbrarse y hasta llegan a pensar que en ese aire venenoso sopla el verdadero espíritu evangélico. Pero así, casi sin darse cuenta, están al borde del suicidio”.

Pues bien, ha llegado la hora de que los cristianos tomemos el antídoto de la verdad para librarnos del veneno de la mentira que se esconde tras el ocultismo y el satanismo que hemos estado probando por años y que poco a poco nos ha ido adormeciendo, a nosotros, a nuestros niños y a nuestros jóvenes, hasta hacernos participar sutil e inconscientemente en las obras mismas del Demonio.

¿Cómo empezar? Primeramente, debemos tener valentía, como nos dice el Papa Juan Pablo II:

“Debemos decidirnos conscientemente a querer ser cristianos que profesan su fe y a tener la valentía para distanciarnos, si fuera necesario, de nuestro ambiente.” El mismo añade: “Una condición necesaria para este testimonio decido de vida cristiana es percibir y comprender por nuestra parte, la fe como una ocasión estupenda de vida, que trasciende las interpretaciones y la conducta ambiental. Debemos aprovechar cualquier ocasión para experimentar de qué manera la fe enriquece nuestra existencia, realiza en nosotros una fidelidad auténtica en la lucha por la vida, corrobora nuestra esperanza contra los ataques de cualquier clase de pesimismo o desesperación, nos empuja a evitar cualquier pesimismo y a comprometernos con reflexión por la justicia y la paz del mundo; también puede consolarnos y animarnos en el dolor.” (Osnabrück, 16 de noviembre de 1988).

Esto es fundamental para nuestro combate — decidirnos a vivir nuestra fe y a dar testimonio de ella, aún cuando tengamos que sufrir el rechazo de los demás. Y para vivir nuestra fe debemos aprender a conocer a Cristo y Su Palabra. No olvidemos que la ignorancia es el peor enemigo de nuestra fe. ¿Cómo podremos decir que verdaderamente amamos a Cristo si no nos empeñamos en conocerle mejor? Aún más, debemos vivir nuestra fe en la tradición de la Iglesia porque es en ella donde encontramos con seguridad la verdad de Jesucristo. También aquí nos remitimos a las enseñanzas del Vicario de Cristo:

“Os exhorto hoy a mantener firme la fe de la Iglesia. Es lo que han hecho vuestros padres y vuestras madres. Ateneos a la fe también vosotros y trasmitidla sucesivamente a vuestros hijos... «Os recuerdo, hermanos, el Evangelio que os anuncié, que recibisteis y en el que habéis perseverado» (1 Cor 15, 1). Sin una fe firme carecéis de apoyo y estáis a merced de las enseñanzas cambiantes del tiempo. Ciertamente hay también hoy algunos ambientes en los que ha dejado de aceptarse la doctrina correcta, y se busca en ellos, conforme a los propios deseos, maestros nuevos que os lisonjean, como advirtió San Pablo. No os dejéis engañar...

“Para poder decir «creo», «yo creo», es necesario estar dispuestos a la abnegación, a la entrega de sí mismos, es necesario también está dispuesto al sacrificio y la renuncia y tener un corazón generoso. Quien tiene esta valentía verá que se disuelven las tinieblas. Quien cree, ha encontrado el faro que facilita un camino seguro. Quien cree, conoce la dirección y es capaz de orientarse. Quien cree, ha dado con el camino acertado y ninguna insensatez de ningún falso maestro conseguirá desviarle.” (Homilía en la Catedral de Münster, 1º de mayo de 1987).

Otro aspecto fundamental es no dejarnos llevar por la desesperanza y el pesimismo. Una vez más Juan Pablo II nos orienta en este camino:

“Lo primero que deseo es dirigiros una invitación al optimismo, a la esperanza y a la confianza. Es verdad que la humanidad atraviesa un momento difícil y que se tiene la impresión de que las fuerzas del mal acabarán prevaleciendo... Somos de Cristo y es El quien vence en nosotros. Debemos creer esto profundamente, debemos vivir esa certeza, pues de lo contrario las continuas dificultades que surgen tendrán desgraciadamente la fuerza de inocular en nuestras almas la carcoma insidiosa que se llama desánimo, costumbre, acomodamiento pleno a la prepotencia del mal. La tentación más sutil que acecha actualmente a los cristianos, y especial-mente a los jóvenes es precisamente la de la renuncia a la esperanza en la afirmación victoriosa de Cristo.” (Discurso a la juventud salesiana, 5 de mayo de 1979).

Aún tenemos otro remedio y Cristo mismo nos lo dio. Ante la crisis de fe que vive el mundo nos queda un recurso que ha demostrado fielmente su eficacia a lo largo de la historia del Cristianismo — su nombre es María. En el libro del Génesis, Dios señala el papel asignado a María, Madre de los vivientes: “Entonces, el Señor Dios dijo a la serpiente: «.. Pondré enemistades entre ti y la mujer, entre su linaje y el tuyo. Ella te aplastará la cabeza y tú acecharás su talón»” (Gen 2, 14-15). La Virgen María nos precedió en el camino de la fe, convir­tiéndose en modelo de la Iglesia, en el orden de la fe, la caridad y la perfecta unión con Cristo (cf. Carta Encíclica Redemptoris Mater).

En los momentos más difíciles para la Iglesia y la humanidad, la presencia maternal de María se ha hecho sentir e sus diversas manifestaciones como Guadalupe, Lourdes y Fátima, por citar tan solo unas cuantas. También hoy, vivimos en el mundo un reavivamiento de una auténtica devoción a la Madre de Cristo y tenemos noticia de apariciones que la Iglesia está estudiando. María viene a nosotros para decirnos lo mismo que dijo en las bodas de Caná: “Haced lo que El os dice”. Invariablemente, los mensajes marianos son una invitación a vivir el Evangelio, a convertirnos, a hacer oración y penitencia para que Dios derrame Su misericordia en este mundo tan necesitado de ella. Pues bien, ante la tarea que nos proponemos será indispensable fortalecer nuestra vida espiritual a través de la oración, el ayuno, la conversión y la penitencia. Diríamos además que es lo primero que debemos hacer antes de iniciar cualquier acción. Así pues, de ahora en adelante deberemos orar intensamente y ayunar, asistir –diariamente, si es posible– a la Santa Misa y acudir frecuentemente al Sacramento de la Reconciliación y lo más importante — vivir nuestra fe, vivir el Evangelio, ser evangelios vivientes.

En cuanto a acciones concretas, proponemos las siguientes:

.                      • Hable con su familia acerca del significado pagano de laforma como actualmente se celebra HALLOWEEN. Instruya a sus hijos respecto a los peligros que conlleva involucrarse en cualquier forma de ocultismo o esoterismo. Comiencen a orar en familia. El rezo diario del Santo Rosario en familia es un medio muy eficaz para reavivar la fe de todos. Si sus niños son pequeños, enséñelos a rezar y comience poco a poco. Se asombrará de cómo la gente menuda toma gusto por la oración cuando la hacemos accesible para ella.

.                      • Instrúyase en su fe. Si aún no lo hace, participe más acti-vamente de la vida comunitaria en su parroquia. Intégrese a un grupo de oración o forme uno con sus amistades. Conozca mejor la palabra de Dios. Inscríbase a un curso bíblico. Es indispens­able que lea la Biblia. Conozca los documentos de la Iglesia, las encíclicas del Santo Padre Juan Pablo II. Una de las grandes obras de su pontificado es el nuevo Catecismo de la Iglesia Católica. Adquiéralo y consúltelo frecuentemente, será una ayuda invaluable para que usted y sus hijos conozcan mejor las verdades de la fe católica.

.                      • Familiarícese con los Santos, con su vida y su obra. Hayuna antigua costumbre croata que constituye una forma sencilla de relacionarnos con nuestros amigos, los Santos. Cada fin de año, los croatas suelen dar a familiares y amigos un regalo muy especial: un Santo que acompañará a la persona durante el Nuevo Año. Quien lo recibe, lo adopta como su compañero y se empeña en conocer su vida y practicar sus virtudes. Lleve a la práctica esta hermosa costumbre, se sorprenderá de los resultados.

.                      • Supervise los programas de televisión, juegos y videos quemiran sus hijos. Hable con ellos y analicen juntos las actitudes y el comportamiento de los cantantes de rock y los contenidos de sus canciones.

.                      • Cultive una relación de amistad y confianza con sus hijos.Mantenga siempre una comunicación abierta con ellos. Caminen juntos por el camino de la fe. Aliéntelos a tener una relación personal con Cristo. Hábleles de la importancia que la vida espiritual tiene para todo ser humano. Recuerde que uno de los peligros más grandes de la vida actual es el vacío existencial, propiciado por el egoísmo. Practique con sus hijos obras de misericordia, ayudando a los más necesitados, visitando a los enfermos y los ancianos.

.                      • Comente con su párroco o capellán los aspectos negativosde la fiesta de HALLOWEEN. Conjuntamente con él y con otros miembros de su comunidad organicen alguna campaña para eliminar cualquier costumbre pagana en la celebración de HAL­LOWEEN. (Al final de este opúsculo ofrecemos algunas sugerencias concretas a este respecto).

.                      • Si en la escuela de sus hijos se celebra la fiesta de HALLOW­EEN recurriendo a costumbres paganas, hable con el director y los maestros de sus hijos. Comparta con ellos su preocupación y su oposición a que sus vástagos se involucren en actividades de ocultismo.

.                      • Si pertenece a alguna organización vecinal, comparta lainformación de que ahora dispone sobre los peligros de la celebración pagana de HALLOWEEN. Esta puede ser una oportunidad para dar testimonio de su fe y ayudar a otros a acercarse a Cristo.

.                      • Participe en las campañas que sociedades de padres de fa-milia y otras organizaciones comunitarias realizan en favor de detener la violencia y la pornografía en los medios de comunicación.

.                      • ¡No se desanime si no ve resultados inmediatos. Cambiarlas costumbres que hemos practicado por años, lleva tiempo.

 

Pero la recompensa a nuestra paciencia será grande. Asimismo, nunca trate de imponer sus ideas.

 

 
 
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