Holyween: Recuperar la Celebración de Todos los Santos por el R.P. Vicente Serpa, O.P.

 "¿Quién fue el 'tío malo', uno de niveles subterráneos, que cambió a 'los santos' de la víspera de Todos los Santos por duendes, fantasmas y demonios?"

Eso preguntaba uno de los personajes del caricaturista Johnny Hart, en su  tira cómica "BC" hace ocho años. En esa época, yo era maestro de novicios de los frailes dominicos en Oakland, California, y decidí que iba a romper con la tradición y no  dejaría que los novicios organizaran la fiesta anual de Halloween. La Iglesia celebra a todos sus Santos en una fiesta con el rango de «solemnidad», y con razón. Después de todo, ellos son los héroes y las heroínas de la humanidad, la gente que supo qué es la humanidad—que somos más de Dios que de nosotros, y que a Él le debemos el culto y el amor de nuestras vidas.

Cuando uno comienza a investigar las vidas de estos extraordinarios hombres y mujeres que son los santos, es imposible ignorar el grado de su diversidad. Mientras que las categorías de los mártires, confesores, vírgenes y hombres y mujeres santos tienen sus usos litúrgicos, ellos se vuelven irrelevantes a la luz de historias personales que son espiritualmente tan exaltables y al mismo tiempo, tan humanamente identificables.

"... viendo que estábamos aturdidos por la tristeza, nos ijo: 'Enterrad aquí a vuestra madre'. Yo callaba y contenía mis lágrimas. Mi hermano dijo algo referente a que él hubiera deseado que fuera enterrada en su patria y no en país lejano" (de la Liturgia de las Horas del 27 de Agosto, Memoria de Santa Mónica).  ¿Hubieran esperado palabras tan tiernas de Agustín, el gran Doctor de la Iglesia?

"Al verla, me froté los ojos, creyendo que me engañaba; metí las manos en el bolsillo, donde encontré el rosario. Quise también persignarme, pero no pude llevar la mano a la frente, sino que me cayó sin fuerzas. Pero al persignarse aquella Señora, yo también lo intenté, y aunque la mano me temblaba, pude hacerlo por fin" (de la Liturgia de las Horas para el 11 de Febrero, Memoria de Nuestra Señora de Lourdes). ¿Quién de nosotros no hubiera tenido la misma dificultad que María Bernardita Subirous al ver a la Madre de Dios?

"Y no tengan ningún escrúpulo ni remordimiento de consciencia si, por prestar algún servicio a los pobres, han dejado la oración; salir de la presencia de Dios por alguna de las causas enumeradas no es ningún desprecio a Dios, ya que es por él que lo hacemos" (de la Liturgia de las Horas del 27 de Septiembre, Memoria de San Vicente de Paul). La Madre Teresa, aunque todavía no ha sido canonizada, es conocida por su santidad y amor por los pobres. Pero ella era más bien inflexible en cuanto a la necesidad de no perder el tiempo de oración. Ni siquiera los santos que sirvieron a los pobres son copias al carbón unos de otros—¡qué maravilloso encontrar tal diversidad!

"No quiero, ..., desconfiar de la bondad de Dios, por más débil y frágil que me sienta. Más aún, si a causa del terror y el espanto viera que estoy ya apunto de ceder, me acordaré de san Pedro, cuando, por su poca fe, empezaba a hundirse por un solo golpe de viento, y haré lo que él hizo. Gritaré a Cristo: ¡Señor, sálvame! Espero que entonces él, tendiéndome la mano, me sujetará y no dejará que me hunda" (de la Liturgia de las Horas del 22 de Junio, Memoria de Santo Tomás Moro). Aquí tenemos a un santo, Tomás Moro, mirando el ejemplo de otro, Pedro. Lo que resulta tan gratificante aquí es que comenzamos a reconocer nuestra afinidad con ellos. Ellos son parte de nosotros y nosotros somos una parte de ellos.

Leer las palabras reales de los santos hace viva para nosotros la personalidad de cada uno de ellos y que hagamos nuestras sus historias. Cuando comenzamos a apreciar la rica herencia que tenemos en la comunión de los santos, la idea de reducir nuestra celebración anual de ellos a un asunto de golosinas negro-anaranjadas y fantasmas y duendes es algo intolerable. Por eso dije que no a la fiesta de Halloween para los novicios que apenas llevaban dos meses en el noviciado. El año de noviciado brinda la oportunidad única no sólo de investigar los votos y los caminos de la vida religiosa, sino también para adentrarse en las riquezas espirituales que abarca nuestra herencia como católicos. No era que yo quisiera desaparecer las tradiciones de Halloween—yo sólo quería apreciar a los santos.

Después de algunos experimentos, nos decidimos por una celebración de vigilia con luces. Colocamos el cirio Pascual junto al ambón o atril y comenzamos y comenzamos con un himno vespertino ("Oh Luz Radiante"), mientras yo arrojaba incienso al carbón vivo. Al concluir nuestro canto, se apagaron todas las luces, excepto una para leer. Al retener el nombre de los santos hasta el final, quienes escuchaban, trataban de identificarlos por sus palabras. Cada lectura terminaba con "Palabras de San... (nombre)". Permanecimos sentados en silencio todo un minuto, y entonces yo decía: "San (nombre), ruega por nosotros." Todos respondían: "Para que seamos dignos de las promesas de Cristo."

Después de leer las palabras de tres o cuatro santos, encendimos las luces, nos arrodillamos y cantamos una letanía favorita de los santos, compuesta por la comunidad la semana anterior, mientras más incienso era elevado por los aires y alrededor del cirio Pascual. Entonces apagamos de nuevo las luces para escuchar tres lecturas más. Para concluir, todos nos pusimos de pie cuando una vez más se encendieron las luces. Entonces ofrecí la oración colecta de Todos los Santos (la oración inicial de la Misa de Todos los Santos) y todos cantamos el Te Deum. Después tomamos un refrigerio en el cuarto comunitario del noviciado.

Este tipo de celebración se puede adaptar para la iglesia parroquial, el salón de clases, el auditorio, la sala de conferencias, o la sala de estar. Si una familia o un grupo de familias opta por celebrar de esta manera en casa, tal vez la noche de Todos los Santos real sería mejor (para permitir "dulces-o-travesura" la noche anterior). Hemos encontrado que es preferible organizar las lecturas de manera que cada una contraste con la anterior por la variedad y el interés, alternando hombres y mujeres, mártires y místicos, y así sucesivamente.

La semana anterior, se aviso para llenar la hoja de la letanía con los santos y beatos favoritos. Lo llamamos nuestra "Letanía-de-Hágala-Ud.-Mismo". Cada año, la letanía refleja los cambios en la composición de la comunidad. Esto, por supuesto, no sería posible hacerlo con un gran número de personas. Nosotros cantamos la letanía, pero también puede recitarse. Cada uno de los asistentes a una fiesta familiar podrían turnarse anunciando un santo, mientras el resto responde: "Ruega por nosotros." No es difícil encontrar diversas opciones para incluir a los niños y mantenerlos interesados.

Para las lecturas, usamos la Segunda Lectura de los días de los diferentes santos del Oficio de Lectura de la  Liturgia de las Horas. Los siguientes son algunos de los que me parecieron más apropiados: San Antonio de Padua, San Agustín (en su fiesta y también en la fiesta de su madre, Santa Mónica); Santa Catalina de Siena; Santa Elizabeth Ann Seton, San Ignacio de Loyola, Santa Jane Frances de Chantel, San Juan Neumann, San Luis, Rey de Francia, Santa Bernardita Subirous, San Pablo Miki, San Pedro Claver, Santo Tomás de Aquino; San Vicente de Paul y San Vicente Ferrer.

Todas estas lecturas consisten en las propias palabras de los santos, con la excepción de los mártires, donde tenemos que confiar en relatos de primera mano. Se pueden encontrar otras lecturas adecuadas en otros lugares. (Algunos libros publicados recientemente sobre los santos pueden ofrecer algunas opciones adicionales.) Lamentablemente, algunos de nuestros santos favoritos no dejaron nada escrito. Por ejemplo, me gustaría leer lo que San José hubiera podido decir. Casi siempre conclulimos con San Agustín: "Tarde te amé, hermosura siempre antigua y siempre nueva, tarde te amé". A pesar de que yo alternaba las diversas lecturas de cada año, nunca pude dejarlo fuera.

Concluimos con el "Te Deum", un tradicional y solemne cántico de alabanza de la Iglesia tradicional, pero "Santo de Dios, alabamos tu nombre", también sería conveniente y más fácil de cantar. Terminando con la bendición del Santísimo Sacramento podría ser posible y adecuado, en celebraciones realizadas en la iglesia. El tiempo, por supuesto, siempre es un factor importante para determinar cada situación.

Qué afortunados somos de tener esas vidas de santos como ejemplo de lo que la existencia humana puede llegar a ser. Pero no sólo se trata de ejemplos a imitar, ellos son cristianos que igualmente desean nuestra santidad. A través de la gracia divina, de sus oraciones y de nuestro esfuerzo, pedimos a Dios que un día nos unamos a ellos en su vigilia eterna como lo expresan las palabras del Libro del Apocalipsis:

"Y en la visión oí la voz de una multitud de Ángeles alrededor del trono, de los Vivientes y de los Ancianos. Su número era miríadas de miríadas y millares de millares, y decían con fuerte voz:

"'¡Digno es el Cordero degollado de recibir el poder, la riqueza, la sabiduría, la fuerza, el honor, la gloria y la alabanza.'

"Y toda criatura, del cielo, de la tierra, de debajo de la tierra y del mar, y de todo lo que hay en ellos, oí que respondían:

"'Al que está sentado en el trono y al Cordero, alabanza, honor, gloria y poder por los siglos de los siglos.'

"Y los cuatro Vivientes decían: 'Amén'; y los Ancianos se postraron para adorar" (Ap 5,11-14).

 

El R.P. Vincent Serpa, O.P., es capellán y apologista del equipo de Catholic Answers. Él escribe desde San Diego, California.

 

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Este artículo 4447 ha sido proporcionado digitalmente por cortesía de CatholicCulture.org


 

* La traducción literal de "Hollyween" sería "Víspera de Todos los Santos", que es igualmente el significado de "Halloween".

 

 
 
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