El Credo de Nicea
El canon Católico se basa en las creencias de la Iglesia.
El credo formulado en el Concilio de Nicea que es llamado el Credo de Nicea, esta compuesto de doce artículos de fe e incorpora las creencias mas básicas encontradas en el corazón del Catolicismo. Las palabras de gran autoridad del Credo de Nicea han guiado a la Iglesia por 1.600 años y forma la expresión de fe que los Católicos pronuncian durante el Bautismo como así también durante la liturgia de la Misa.
La formulación del Credo fue un momento de definición para la Iglesia, y ocurrió a través de una reacción a la creciente corriente de una herejía denominada “Arianismo”, que amenazaba la unidad de los cristianos en el siglo cuarto con la negación de la divinidad de Jesucristo. A fin de lidiar con la controversia creciente, el Emperador Constantino, el primer emperador romano convertido al Cristianismo, convocó un consejo de obispos a Nicea.
El Concilio de Nicea, que se reunió en el año 325, desarrolló el Credo de Nicea a partir del Credo de los Apóstoles, que es aún reconocido por la Iglesia Católica como consecuencia importante del de Nicea. Hasta los años 1500s, se consideró que el Credo de los Apóstoles era un resumen de la fe de los apóstoles, ya que estuvo claramente compuesto de doce artículos de fe, el mismo número de los discípulos elegidos por Dios. Durante los años 1400s, sin embargo, los historiadores descubrieron su verdadero origen, una versión adaptada del Credo Romano. (El Credo de los Apóstoles continúa siendo el credo más importante de la mayoría de las religiones Protestantes).
El Concilio de Nicea modificó las palabras del Credo de los Apóstoles de tal modo, que la divinidad de Jesús – además de su humanidad - fue expresada y proclamada de manera simple. Un segundo concilio ecuménico que se reunió en Constantinopla en el año 381, aprobó y finalizó el trabajo del primer concilio, brindándonos lo que hoy conocemos como el Credo de Niceno-constantinopolitano. (Comúnmente conocido como Credo de Nicea).