El dogma de la Trinidad
Desde los inicios de la Iglesia, los apóstoles se refirieron a la Santísima Trinidad de Dios. A través del tiempo, esta creencia llegó a ser incluida en el culto central de la Iglesia, la liturgia Eucarística. En cada misa, el sacerdote brinda esta bendición: “La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo estén con todos ustedes.” Los Padres de la Iglesia ayudaron a los Concilios de la Iglesia naciente a clarificar la teología de la Santísima
Trinidad y eventualmente fue declarado este dogma de fe.
El dogma de la Santísima Trinidad consta de tres partes:
- La Trinidad es una. La Iglesia no cree en tres dioses, sino en un Dios en tres personas. Estas personas no comparten una divinidad - cada una de ellas es Dios, total y absolutamente.
- Las divinas personas son realmente distintas una de otra. El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo no son simplemente nombres para los diferentes aspectos de Dios. Más bien, son personas distintas con orígenes diferentes y funciones especiales. El Padre es el Creador o la Fuente, el Hijo es el Redentor, el Espíritu Santo es el defensor y el Maestro.
- Las divinas personas se relacionan mutuamente y se distinguen por las maneras en las cuales se relacionan. De acuerdo al Concilio IV de Letrán (1215), el Padre es el que genera, el Hijo es
engendrado, y el Espíritu Santo es el que procede. “El Padre se relaciona con el Hijo, el Hijo con el Padre, y el Espíritu Santo con ambos” (Consejo de Florencia, c.1438).
(Tomado del Boletín de la Iglesia de San Luis)