El Espíritu Santo

El Espíritu Santo es la última persona de la Santísima Trinidad por ser revelada (esta revelación se realiza a través de la historia de Cristo en el Nuevo Testamento). La Iglesia nos enseña que las personas sólo pueden acercarse a Cristo si han sido tocadas por el Espíritu Santo, que otorga Su gracia a través del Sacramento del Bautismo.

El Espíritu opera de manera invisible. El inspiró a los profetas, y actualmente inspira otros aspectos de la fe, tales como los Sacramentos, que pone a los fieles en comunión con Cristo; la oración en donde El intercede por los fieles; los ministerios y las misiones; y los santos, a través de los cuales El muestra Su santidad.

El Espíritu Santo tiene una misión conjunta con Cristo. El mundo ha visto a Cristo. Pero es el Espíritu quien lo reveló. Cristo fue el ungido, pero fue la venida del Espíritu la que generó su unción. Cristo y el Espíritu son inseparables. Cuando Cristo ascendió al Cielo, El envió al Espíritu Santo a morar entre los hombres a fin de unirlos a Cristo como hijos adoptados. En Pentecostés, el Espíritu descendió sobre los apóstoles, y ha permanecido con la Iglesia desde entonces. La Iglesia completa la misión de Cristo y del Espíritu Santo porque de una manera misteriosa la Iglesia es el Cuerpo de Cristo además del Templo del Espíritu Santo.

El Espíritu esta trabajando de diversas maneras:

  1. Prepara a los hombres a través de la gracia a fin de acercarlos a Cristo.
  2. Manifiesta al Señor Resucitado a los hombres extendiendo su palabra y ayudándolos a comprender los misterios de la fe.
  3. Hace presente a Cristo, especialmente en la Eucaristía.
  4. Lleva a los hombres a una mayor cercanía con Dios. De esta manera, el Espíritu Santo ayuda a la Iglesia a proseguir la misión de Jesús y del Espíritu Santo: acercarlos todos a Cristo.

(Tomado del Boletín de la Iglesia de San Luis)

 
 
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