Idolatría

La semana pasada escribí sobre el primer mandamiento. Siguiendo el mismo tópico, también escuchamos “No te harás una imagen, figura alguna de lo que hay arriba…” Este mandamiento se refiere a la idolatría, un pecado contra la virtud de la religión. Prohíbe adorar los ídolos, mas al punto, se refiere a personas o a cualquier cosa que no sea el verdadero Dios.

¿Cuál es la diferencia entre la idolatría y la estimación, práctica antigua en nuestra fe Católica de venerar imágenes de nuestro Señor Jesús, la Santísima Virgen María o de los Santos? De hecho nuestras iglesias están llenas de estatuas, altares y pinturas sobre el Señor, y de santos hombre y mujeres del pasado. En muchas de nuestras liturgias, numerosas cosas hechas por el hombre
son veneradas, incesadas o besadas – tales como los libros del Evangelio, el altar, la cruz, el cirio Pascual y muchas mas.

Pero la veneración Cristiana de tales artículos no viola el primer mandamiento contra la idolatría. Los idolatras creen que los artículos en si contienen una deidad o que tienen poderes sobrenaturales. La fe Católica rechaza totalmente este concepto y siempre ha enseñado que el
propósito de las imágenes es para estimular nuestra mente y nuestro corazón más allá de la imagen pero a quien la misma representa.

Las imagines son veneradas y no idolatradas. Santo Tomás de Aquinas lo puso así, “La adoración religiosa no está dirigida a las imágenes en si, que son consideradas objetos… el movimiento hacia la imagen no termina en la imagen, sino a quien la imagen representa.”
Es importante comprender la distinción para aquellos de nosotros que llevamos medallas, crucifijos o escapularios alrededor del cuello, o que tenemos imágenes en nuestros hogares. Deben ser veneradas propiamente y tratadas con respeto. Pero  recuerden que esas imágenes
son hechas por el hombre y de por si no tienen ningún poder y no deben usarse como talismanes o amuletos de la buena suerte. Sin embargo, son símbolos de fe, que nos recuerdan nuestro llamado religioso y sirven para alentar nuestra mente y nuestro corazón en honor de los santos y la adoración de un verdadero Dios.

(Tomado del Boletín de la Iglesia de San Luis)

 
 
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