El Celibato Sacerdotal

Querida Grace, cuándo y por qué se convirtió el celibato en un requisito para los sacerdotes de la Iglesia Católica?

Muchas personas quieren saber: "Por qué el sacerdote católico no puede contraer matrimonio?" A veces la gente lo pregunta porque piensa quizá que la vida del sacerdote es solitaria y está preocupada por él. Sin embargo, esta manera de pensar surge de una falta de entendimiento de lo que es el sacerdocio.

Pudiera ser que nos estemos fijando demasiado en la ley y que no veamos el sacerdocio como un "don". Perdemos mucho cuando no lo consideramos así. Abandonarlo "todo" por Cristo es verdaderamente un llamado de Dios. Esto de ninguna manera significa que siempre será fácil, pero ninguna vocación auténtica lo es.

El celibato, que describe el estado de ser no casados, ha sido un tema en la Iglesia a lo largo de la historia y ha habido muchos malos entendidos al respecto, especialmente en tiempos recientes. La ley que demanda el celibato del clero se fue desarrollando a lo largo de los siglos. Sin embargo, documentos históricos muestran claramente que el ideal del celibato no sólo se encuentra en los Evangelios, sino que fue practicado desde un principio en la Iglesia.

Aunque algunos de los apóstoles tuvieron esposas, ya no volvieron a vivir con ellas como marido y mujer después de que comenzaron a seguir a Cristo y vemos también que se referían a la esposa de un sacerdote como su "hermana". En un estudio definitivo realizado recientemente, el Cardenal Alfons Stickler sostiene que el celibato es un mandato de Cristo mismo y que a la Iglesia no puede hacer más que obedecerlo, no cambiarlo. Aun cuando las Iglesias Ortodoxas Orientales permiten que sus sacerdotes se casen, sus obispos deben ser célibes. Esto demuestra que el celibato siempre ha formado parte de la Tradición.

Jesús señaló a Sus seguidores: "Yo les aseguro que el que haya dejado casa, mujer, hermanos, padres o hijos, por el Reino de Dios, recibirá mucho más en este mundo y en el mundo futuro, la vida eterna." (Lucas 18,28-30) Podemos casi imaginar que los apóstoles al subrayar dejar a un lado todas las cosas para seguirlo, Jesús estaba diciendo que el celibato era un requisito para el ministerio evangélico. Pero, puesto que El no lo ordenó explícitamente, la decisión quedó finalmente en manos de la Iglesia. Esto, naturalmente, se fue dando paulatinamente.

Tenemos evidencias que desde principios del siglo cuarto, la Iglesia de Occidente fortaleció, difundió y confirmó esta práctica, la cual aparece en los documentos de diversos concilios provinciales y a través de los supremos pontífices. Más que nadie, los papas (maestros de la Iglesia Católica) promovieron, defendieron y restauraron el celibato eclesiástico en sucesivas épocas de la historia. La obligatoriedad del celibato fue entonces sancionada por el Sagrado Concilio Ecuménico de Trento y finalmente incluida en el Código de Ley Canónica.

El Decreto sobre el ministerio y vida de los presbíteros, del Concilio Vaticano Segundo afirma que el fundamento último del celibato es el "misterio de Cristo y Su misión". Dentro del sacerdocio ministerial, un hombre es llamado de manera muy particular a imitar a Cristo y continuar Su misión. Con el tiempo, la Iglesia llegó a creer firmemente que vivir una vida célibe es la mejor forma para que un hombre cumpla a plenitud esta sagrada vocación. Es en efecto un llamado de Dios mismo y no es para todos. Tristemente mucha gente no entiende que el celibato es un don y que es aceptado voluntariamente por el hombre y por su propia decisión cuando responde al llamado de ser ministro de Cristo.

El Papa Paulo VI escribió de manera hermosa: "A veces la soledad pesará duramente sobre el sacerdote, pero esa razón no hará que él lamente haberlo elegido generosamente. También Cristo, en las horas más trágicas de Su vida, estuvo solo ­abandonado por los mismos a quienes El había elegido y a quienes Él amó "hasta el fin"­ pero El afirmó, ŒYo no estoy solo, porque el Padre está conmigo¹." Por tanto, no hay necesidad de sentir lástima por el sacerdote por el hecho de ser célibe. El está totalmente dedicado a su Amado, al amor de su vida ‹ Jesucristo!

Grace MacKinnon es columnista y conferencista sobre doctrina católica e imparte clases en la Diócesis de Brownsville, Texas.

 
 
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