La investigación con células troncales:
¿Dónde está la lógica en matar a un ser humano para tratar de curar a otro?

Artículo tomado de La Voz Católica, Octubre de 2004 "Cultura de la Vida"

Con la ocasión del fallecimiento del Presidente Ronald Reagan en el verano, y ahora del actor Christopher Reeves (Superman), el tema de la clonación humana y la investigación con células troncales (stem cells) se encuentra de nuevo en las noticias. Y porque este tipo de investigación costosa típicamente requiere dinero recaudado de impuestos, también se ha vuelto un tema político en este año de elecciones presidenciales, y hasta ha surgido en las Convenciones Presidenciales Nacionales. En vista a esto, escribo brevemente sobre las implicaciones bioéticas y socio-políticas de la clonación humana y la investigación con células troncales.

embryo
La clonación humana está vinculada a la investigación con células troncales humanas embrionarias.
Center for Bio-Ethical Reform.

Implicaciones bioéticas

Ante todo, cabe hacer un par de aclaraciones. Que quede claro desde el principio que la Iglesia Católica no se opone a todo tipo de investigación con células troncales, ni tampoco a todo tipo de investigación con células troncales humanas, sino sólo a la investigación con células troncales humanas embriónicas, por la grave razón que esto requiere matar una vida humana. Para poder obtener células troncales humanas embriónicas, un investigador tiene que tomar un embrión humano en sus etapas de desarrollo más tempranas y destruir ese embrión.

Las células troncales embriónicas se obtienen de la masa celular interna de un embrión humano en una de sus primeras etapas de desarrollo, llamada la blástula en términos científicos. La masa celular interna es lo que forma el embrión propiamente, mientras que las demás células de la blástula forman la placenta. Durante la etapa de la blástula, el embrión humano consiste de sólo unas cuantas docenas de células. Por lo tanto, cuando un científico extrae la masa celular interna de una blástula humana para obtener células troncales, ese científico está destruyendo –matando- un embrión humano. Esta es la razón principal por la cual, no sólo la Iglesia Católica, sino también muchos grupos no-religiosos de nuestra sociedad, se oponen fuertemente a la investigación con células troncales humanas embriónicas.

La clonación humana está asociada a la investigación con células troncales humanas embriónicas porque algunos científicos y políticos están diciendo que, en vez de matar embriones que ya han sido creados en clínicas de fertilidad, a través de la técnica de la clonación la ciencia ahora puede crear nuevos clones para el único propósito de sacarle sus células troncales. La clonación se hace tomando un óvulo humano, extrayéndole su núcleo –que contiene solo la mitad del número de cromosomas (23)- y reemplazándolo con un núcleo de otra célula del cuerpo que tenga el número completo de cromosomas (46). Lo que esto hace biológicamente es crear un cigoto, que el la primera etapa de desarrollo embriónico. Así que lo único que la clonación hace es esquivar artificialmente el proceso natural de la fertilización; pero el resultado final es el mismo: un cigoto. De nuevo, el problema ético con la clonación humana es que, una vez que un clon ha sido creado en el laboratorio, es una nueva vida humana, igual que cualquier otro embrión humano que haya comenzado a desarrollarse desde la etapa del cigoto a través de la fertilización. De hecho, cuando un esperma de nuestro padre fertilizó un óvulo de nuestra madre, todos nosotros comenzamos nuestra propia existencia como un cigoto unicelular. Estos datos básicos de la vida se encuentran en todos los libros de biología, aún a nivel de secundaria.

Implicaciones sociopolíticas

En los últimos meses, cientos de noticieros, mensajes del mundo del entretenimiento y anuncios políticos han sido diseminados sobre cómo la clonación humana y la investigación con células troncales humanas embriónicas van a curar los muchos males que achacan al ser humano: cánceres, Alzheimer, Parkinson, diabetes, daños a la espina dorsal o al cerebro, transplantes de hígado, riñón o pulmón, y la lista sigue alargándose. Pero la realidad es que hasta la fecha ni una de estas enfermedades ha sido curada con la clonación “terapéutica” o con células troncales embriónicas, ni siquiera en experimentos con animales de laboratorio. Por otro lado, algunas investigaciones con células troncales humanas adultas, las cuales no tienen ninguna objeción ética bajo la perspectiva Católica siempre y cuando se obtenga el consentimiento libre del donante, sí ha comenzado a dar ciertos resultados positivos. También, fuentes saludables y éticas de células troncales humanas son la placenta y el cordón umbilical.

Hace más de tres años, dándose cuenta de los peligros serios que existen en ciertos tipos de investigación, la Cámara de Representantes de los Estados Unidos aprobó una ley prohibiendo toda clase de clonación humana, pero el Senado no la aprobó, y por lo tanto nunca fue decretada. Un problema con la clonación humana y la investigación con células troncales humanas embriónicas es que cuesta mucho dinero, hasta millones de dólares. Por lo tanto, gran parte de los fondos vienen del gobierno federal. Y por eso es que este tema se ha vuelto también un tema político. Es evidente que la población americana, en su totalidad, no tiene una opinión unánime sobre la clonación humana y la investigación con células troncales humanas embriónicas. De hecho, muchas personas se han abstenido de discutir estos tópicos simplemente porque se sienten intimidadas por el lenguaje sobremanera técnico, o porque algunos reportajes no han dicho la verdad sobre los hechos biológicos de fondo. Aún así, la Iglesia Católica ha declarado siempre que cualquier destrucción de embriones humanos, no importa cuán temprana sea la etapa de desarrollo o cuán noble la causa, es un crimen contra la humanidad y una grave injusticia a los que no se pueden defender por sí mismos. Pues, ¿dónde está la lógica en matar a un ser humano para tratar de curar a otro? Si esto fuera socialmente aceptable, entonces los minusválidos, los tullidos, los ancianos y los comatosos todos podrían convertirse en “fuentes” de órganos y tejidos para aquellos que los necesiten.

Ambos, el partido Demócrata y el Republicano, se han definido sobre este controversial tema, oficial y públicamente; el uno a favor de dicha investigación y el otro en contra. Estamos de acuerdo en que hay muchos temas relevantes en las próximas elecciones presidenciales. Sin embargo, el tema de la clonación humana y la investigación con células troncales humanas embriónicas es vital y de la más alta prioridad, ya que se podría dar la posibilidad de usar dinero recaudado de impuestos para la matanza directa de vidas humanas inocentes, sin ninguna posibilidad de que esas vidas se puedan defender por sí mismas debido a su estado de dependencia radical en las etapas tempranas del desarrollo embriónico.

Hace treinta años, la legalización del aborto fue impuesta casi de la noche a la mañana sobre la población americana por el abuso de poder de algunos jueces de la Suprema Corte. Esta vez, el tema de la clonación humana y la investigación con células troncales humanas embriónicas ha sido reportado por los medios de comunicación hace ya varios años. Por lo tanto, en contraste con hace treinta años, esta vez no podemos reclamar ignorancia. Ahora la decisión es nuestra; si la clonación humana y la investigación con células troncales humanas embriónicas es permitida en este país, los aproximadamente 50 millones de abortos que han ocurrido en los Estados Unidos en las últimas tres décadas se van a palidecer en comparación con lo que vendrá. Lo que estoy diciendo es que nos encontramos en el umbral del genocidio más masivo y cruento que la humanidad jamás haya visto, y que no lo verá, ya que todo ocurrirá a nivel microscópico, bajo las más estrictas normas clínicas de esterilidad y sanidad. El hecho de que las etapas más tempranas del desarrollo embriónico humano sean microscópicas no disminuye la gravedad de la matanza de estos cigotos y blástulas humanos; al contrario, aumenta la gravedad y la urgencia, debido a que estos embriones humanos son tan pequeños que ni siquiera lucen como los cuerpos humanos ya nacidos que estamos acostumbrados a ver en la vida diaria. Sin embargo, vivos y humanos son; si no, ¿por qué es que algunos científicos están interesados en usarlos para curar enfermedades humanas? De ahí que tengamos un mayor deber de prevenir esta horrible discriminación contra un grupo de seres humanos que depende radicalmente de nosotros para su protección y bienestar. El momento de actuar es ahora.

Padre Alfredo Cioffi

Padre Alfredo Cioffi
Sacerdote Católico de la Arquidiócesis de Miami. Tiene un doctorado en bioética de la Pontificia Universidad Gregoriana en Roma, y actualmente está cursando estudios para obtener un doctorado en Genética de la Universidad de Purdue, en Indiana.

 
 
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