El Mundo, la Iglesia, la Eucaristía y la Reconciliación

Luis E. Siman

El mundo esta arrastrando a la humanidad al materialismo, consumismo y al relativismo moral (nada es pecado, todo es relativo), a vivir la religión según como a cada uno le convenga y a muchos sin tener en cuenta en su vida a Dios.

Hay muchas corrientes de pensamiento que están induciendo a la humanidad al error y nos están alejando de Dios.

Muchos aunque han sido formados en la fe, tratan de ignorar sus principios religiosos y no reconocer la bondad de Nuestro Señor y todo lo que nos ha dado.

La fe se ha ido perdiendo y hay una actitud de indiferencia hacia la practica de las mas elementales actividades que un cristiano debe tener, aun en familias que han tenido una fuerte tradición religiosa en sus antepasados.

Lo mas grande que tiene nuestra fe es la Eucaristía, celebración en que nuestro mismo Dios se hace presente y muy a pesar de esa gracia infinita que nos da el Señor, algunos no van a misa ni siquiera los Domingos, otros de vez en cuando y otros por cumplir, ya que se dice que es obligación y la mayor parte valora la misa por la calidad de la predicación del sacerdote que celebra.

Para los que creen que la misa es aburrida y que con la Homilía empieza y termina la función, si se quieren divertir que vayan al circo! La misa es algo más grande que hay que vivir.

Es legítimo asistir a una parroquia en que haya un buen predicador y que el ambiente y música se acomode al gusto de cada uno, pero eso verdaderamente no tiene mucho valor en si, más que cada uno se sienta confortable para vivir la Eucaristía en toda su dimensión.

Tengo un sacerdote amigo que es párroco desde hace muchos años en una Iglesia de San Luis, Missouri y me contaba que muchos de los parroquianos llegaban tarde en forma constante a misa, hasta que decidió poner un rotulo en la puerta que decía “Hasta Judas llego a tiempo a la Ultima Cena” y alguien escribió a mano “y fue el único que se salio antes de que terminara”. Y yo agregaría que al menos hizo acto de presencia, aunque su pensamiento no estaba en el Señor, si no que en las 30 monedas de oro que le entregarían por su traición.

Muchas veces nos justificamos diciendo, yo rezo a mi modo, pretendiendo manipular a Dios y con su actitud le están diciendo: Tú nos pides esto, pero yo te quiero dar lo que a mí me da la gana. Debemos de tomar en cuenta que la Eucaristía es la oración por excelencia, el regalo que Jesús quiso dejarnos a los hombres de todos los tiempos antes de morir en la cruz.

 
 

Institución de la Iglesia

“Y yo a mi vez te digo que tu eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia y las puertas del Hades (infierno) no prevalecerán contra ella. A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos; lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos.” Mateo 16,8-9

Este es uno de los tantos pasajes de la escritura que confirman que Jesús fundó su Iglesia.

El Señor no eligió a Juan, el apóstol y evangelista a quien Jesús amaba más que a ningún otro de los Apóstoles, el que posó su cabeza sobre el costado de Jesús en la Ultima Cena y a quien le encomendó el cuidado de su Santísima Madre al pie de la Cruz, sino que a Pedro a quien lo negó 3 veces y que al primer anuncio de la pasión le dijo: “¡Quítate de mi vista, Satanás! ¡Escándalo eres para mí! Porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres.” (Mateo 16,23)

La Iglesia Católica es divina y humana; divina por que es guiada por Dios a través del Espíritu Santo, pero con todas las limitaciones humanas de quienes la conformamos.

No seguimos a un hombre imperfecto, ni cura, ni Papa, aunque reconocemos la autoridad del Santo Padre, otorgada por el mismo Jesucristo a él y a los sucesores de los apóstoles; en materia de fe, ¡seguimos al mismo Dios y Señor de todo lo creado!

Al alejarnos de la práctica religiosa, cuando hemos sido ofendidos por un religioso o religiosa, o un laico comprometido, etc. estamos haciendo daño al cuerpo de Cristo que es la Iglesia y a nosotros mismos, pero no particularmente a la persona que nos ha ofendido.

 
 

La Eucaristía y el día del Señor en las Escrituras

La Eucaristía no es invento de la Iglesia, está prefigurada desde el Antiguo Testamento y desde los orígenes del mundo y de la humanidad. El Señor escogió el día séptimo como un día especial y santo. “En el principio creo Dios el cielo y la tierra y todo lo que contiene y lo puso a disposición del hombre que creó a su imagen y semejanza. Y dio por concluida Dios en el séptimo día la labor que había hecho y cesó en el día séptimo de toda labor que hiciera, y bendijo Dios el día séptimo y lo santificó”

Y desde entonces se dedicaba el Shabbat a glorificar y darle gracias al Señor. El nos ha regalado seis días a la semana para que hagamos con ellos lo que queremos y conservó para Sí uno sólo: el domingo. ¿No les parece que somos desagradecidos e ingratos al no guardar el Día del Señor y visitarlo en Su Iglesia?

La raíz de la palabra Domingo es Dominus que significa Señor. Por eso el domingo es el día del Señor.

¡Tenemos tanto por que darle gracias al Señor!

En el Antiguo Testamento la Eucaristía está prefigurada en varios pasajes y sólo para mencionar algunos como el sacrificio de Isaac que le pidió Dios a Abraham, la historia de José y sus hermanos, el maná y la que es más importante y significativa es la Institución de la Cena Pascual, (Éxodo 12: 1-14) en que la sangre del cordero en la puerta de las casas de los Judíos salva a los primogénitos. Así la sangre del Cordero de Dios nos redimió y salva a toda la humanidad, cuando nuestro Señor fue crucificado y resucitó al tercer día.

En el Nuevo Testamento hay varios pasajes también como el milagro de los panes, las bodas de Caná, etc., hasta que el Señor la instituyó el Jueves Santo celebrando la Cena Pascual según la tradición Judía.

Desde el tiempo en que vivió en la tierra Jesús hay varios textos que mencionan que los apóstoles se reunían con El el primer día de la semana.

Después de la Ascensión del Señor los apóstoles empezaron a celebrar la Eucaristía el día domingo, día en que resucitó Jesús, cumpliendo así lo que les pidió Jesús “haced esto en memoria mía”.

En los Hechos de los Apóstoles (3:42) refiriéndose a la primera comunidad menciona: “Se mantenían constantemente en la enseñanza de los apóstoles en la comunión, en la fracción del pan y en las oraciones.”

 
 

Institución de la Eucaristía

En la cena Pascual, el Jueves Santo, el Señor instituyo la Eucaristía y el Sacramento del Sacerdocio al decir: Después tomó el pan en sus manos y, habiendo dado gracias a Dios, lo partió y se lo dio a ellos, diciendo: -Esto es mi cuerpo, entregado a muerte en favor de ustedes. Haced esto en conmemoración mía.

Lo mismo hizo con la copa después de la cena, diciendo: "Esta copa es el nuevo pacto confirmado con mi sangre, la cual es derramada en favor de ustedes.” (Lucas 22:19-20)

Dos cosas hay que destacar en estas palabras. La primera es el mandato expresado en estas palabras, “haced esto”. La segunda es que se trata del memorial de la muerte que sufrió el Señor por nosotros: “Haced esto en conmemoración mía”

 
 

La Presencia Real del Señor en la Eucaristía

La presencia del Señor en la Eucaristía es real, en cuerpo y alma, sangre y divinidad. Si, es el mismo Jesús de Nazareth que anduvo predicando y haciendo milagros en Tierra Santa para dar testimonio del Padre.

Y las escrituras nos dicen: “Por esto los judíos comenzaron a murmurar de Jesús, porque afirmo: Yo soy el pan que ha bajado del cielo.”Y dijeron: -¿No es este Jesús? ¿El hijo de José? Nosotros conocemos a su padre y a su madre. ¿Cómo dice ahora que ha bajado del cielo? Jesús les dijo entonces: -Dejen de murmurar.” (Juan 6 41-43)

‘Yo soy el pan que da vida. Los antepasados de ustedes comieron el maná en el desierto, y a pesar de ello murieron; pero yo hablo del pan que baja del cielo; quien come de él, no muere. Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que come de este pan, vivirá para siempre. El pan que yo daré es mi propio cuerpo. Lo daré por la vida del mundo. Los judíos se pusieron a discutir unos con otros: ¿Cómo puede éste darnos a comer su propio cuerpo? Jesús les dijo: -Les aseguro que si ustedes no comen el cuerpo del Hijo del hombre y beben su sangre, no tendrán vida. El que come mi cuerpo y bebe mi sangre, vive unido a mi, y yo vivo unido a él”. (Juan 6:48-56)

“Desde entonces, muchos de los que habían seguido a Jesús lo dejaron, y ya no andaban con él. Jesús les preguntó a los doce discípulos: -También ustedes quieren irse?” (Juan 6:66-67)

¿Y nosotros lo seguiremos o también lo abandonaremos?

 
 

Que es la Misa

La Misa es ofrecimiento de Su vida por nosotros, no es un hecho que ocurrió hace mucho tiempo, atrapado en las frías páginas de historia, sino que es un evento que sigue vivo aun hoy en la celebración de la Eucaristía. Cristo regresa para ofrecer Su cuerpo y Su Sangre por nosotros hoy, a fin de que Su divina misericordia pueda extenderse una vez más sobre nuestra condición de pecadores y que la semilla de la vida eterna caiga sobre la fragilidad de nuestra carne mortal.

La Eucaristía tiene que ser un verdadero encuentro con el Señor, el mismo que te creo, el que te ha dado todo lo que tienes, el que te ama desde toda la eternidad y por eso murió por ti, para salvarte y abrirte las puertas del cielo. “No hay amor mas grande que el que el del que da la vida por ti” 1 Juan 4, 10 “En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino que el nos amo y nos envió a su Hijo como victima de expiación por nuestros pecados."

Nunca comprenderemos la Grandeza y las Gracias que se reciben en la Eucaristía, pero sabemos que es el mismo Dios que está presente durante la Santa Misa en cuatro formas, así:

  1. En la comunidad: “cuando 2 o 3 se reúnen en mi nombre, yo estoy entre ellos”.
  2. En la Palabra (Sagradas Escrituras)
  3. En el sacerdote, hombre pecador y frágil, que por el Sacramento del Orden y por el poder que el mismo Cristo dio a los Apóstoles y transmitido a sus sucesores los Obispos, el mismo Cristo se hace presente “In persona Cristi”.
  4. Cada vez que celebramos la misa, Jesús, presente sacramentalmente entre nosotros, vuelve a ofrecerse totalmente al Padre, como lo hizo la noche de la última Cena, y también vuelve a ofrecer su vida (ahora sin derramamiento de sangre), como lo hizo en el Calvario.

La participación activa en la celebración del Banquete Eucarístico nos dará una mayor comprensión del sentido tan profundo que tiene todo lo que sucede en la Misa, cada palabra, cada signo, cada símbolo, etc. y al hacerlo así se tendrá una mayor conciencia de la Presencia Real del Señor.

Empezando cuando nos persignamos al comenzar la Eucaristía, lo hacemos de una manera inconciente, cuando esto tiene una importancia muy grande ya que estamos diciendo que lo que vamos a hacer lo haremos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo; hasta el “idos la misa ha terminado”, que se toma a la ligera (muchos no necesitaríamos que nos lo dijeran, por que no aguantamos el momento que lo digan para salir corriendo).

Con nuestro testimonio de vida, debemos agradecer al Señor, las infinitas gracias que se reciben en la Eucaristía, alabándolo y sirviéndolo a través del servicio a nuestro prójimo y dándole gracias en todo momento por todo lo que nos ha dado.

En la Eucaristía celebramos la presencia del Señor entre nosotros, es un banquete en el que el mismo Jesús se ofrece como nuestro alimento espiritual.

¡Se quedó con nosotros para que celebremos con El!

Por todo esto, faltar a Misa, más que un pecado contra los mandamientos de la Santa Madre Iglesia (Oír Misa entera los domingos y fiestas de guardar), es un pecado contra el 1er mandamiento de la ley de Dios. “Amarás al Señor tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente.” Mateo 23:37

Además es pecado contra el 5º Mandamiento y tenemos que dar cuenta a Dios por el mal ejemplo que damos a nuestros hijos, hermanos, amigos, etc. “Y si tu mano te es ocasión de pecado, córtatela! Mas vale que entres manco en la vida que con las dos manos ir al infierno.” Marcos 10:43

El Pecado

“El Señor que te creo sin ti, no te salvara sin ti”, ya que El respeta nuestro libre albedrío, por lo tanto nosotros tenemos que tomar nuestras propias decisiones.

Al pecar estamos diciendo a Dios “No te necesito.” “No me importa, aunque Tu seas Dios y me ames y me hayas dado tanto, prefiero otras cosas: el dinero, el trabajo, la diversión, el deporte, etc. El pecado es la negación de Dios.

El triunfo se asimila a la ganancia del mundo, pero no se piensa que todo eso es efímero, al final partiremos dejando todo en la tierra y nuestro cuerpo volverá al polvo, sin pena ni gloria.

Nos dice San Pablo en Gálatas 6: 7-8 “No se engañen: nadie se burla de Dios. Se cosecha de lo que se siembra. El que siembra en su carne, cosechará de la carne corrupción y muerte.”

 
 

El Pecado

“El Señor que te creo sin ti, no te salvara sin ti”, ya que El respeta nuestro libre albedrío, por lo tanto nosotros tenemos que tomar nuestras propias decisiones.

Al pecar estamos diciendo a Dios “No te necesito.” “No me importa, aunque Tu seas Dios y me ames y me hayas dado tanto, prefiero otras cosas: el dinero, el trabajo, la diversión, el deporte, etc. El pecado es la negación de Dios.

El triunfo se asimila a la ganancia del mundo, pero no se piensa que todo eso es efímero, al final partiremos dejando todo en la tierra y nuestro cuerpo volverá al polvo, sin pena ni gloria.

Nos dice San Pablo en Gálatas 6: 7-8 “No se engañen: nadie se burla de Dios. Se cosecha de lo que se siembra. El que siembra en su carne, cosechará de la carne corrupción y muerte.”

 
 

El Padre Misericordioso nos deja
el sacramento de la Reconciliación

“Al ver los escribas de los fariseos que comía con los pecadores, decían a los discípulos: ¿Qué? ¿Es que come con los publicanos y pecadores?” Al oír esto Jesús les dice: “No necesitan médico los que están fuertes, sino los que están mal. No he venido a llamar a justos, sino a pecadores.” Marcos 2: 15-17

Dicen las escrituras en la 1ª Carta del Apóstol San Juan: “Hijitos míos, os escribo esto para que no pequéis. Pero si alguno peca, tenemos a uno que aboga ante el Padre: A Jesucristo el Señor.”

Como todos los sacramentos, el Señor también instituyó el sacramento de la reconciliación (de la misericordia y el perdón).

A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos, y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos. Mateo 16,19

El que vive en Cristo es una nueva criatura: lo antiguo ha desaparecido, un ser nuevo se ha hecho presente. Y todo esto procede de Dios, que nos reconcilió con EL por medio de Cristo y nos confió el ministerio de la reconciliación. Porque es Dios el que estaba en Cristo, reconciliando al mundo consigo, no teniendo en cuenta los pecados de los hombres, y confiándonos la palabra de la reconciliación. Nosotros somos, entonces embajadores de Cristo, y es Dios el que exhorta a los hombres por intermedio nuestro. Por eso, les suplicamos en nombre de Cristo: Déjense reconciliar con Dios. A aquel que no conoció el pecado, Dios lo identifico con el pecado a favor nuestro, a fin de que nosotros seamos justificados por él. 2 de Corintios 5 17-21

¿Comprendemos qué es el pecado y la ofensa tan grande que se le hace al Señor? ¿El daño que hace a nuestras almas, las consecuencias que tiene en nuestra vida y la de los demás y para la eternidad?

¿Hemos meditado alguna vez sobre el amor que nos tiene Dios que nos mandó a su propio Hijo a salvarnos y lo cruenta que fue su pasión y muerte? Cual es nuestra participación en todos esos sufrimientos que padeció Nuestro Señor?

Dios no se aleja de nosotros, siempre está con nosotros. Nos alejamos de El cuando pecamos. Con el pecado lo crucificamos de nuevo.

El Señor en su misericordia infinita tiene más interés en perdonarnos que nosotros en recibir su perdón y nos sigue amando y nos ofrece su misericordia. Su amor no está condicionado a que seamos buenos o malos. ¡Siempre nos amará!

“No hay otro Dios como tú, porque tú perdonas la maldad y olvidas las rebeliones de este pequeño resto de tu pueblo. Tú nos muestras tu amor y no mantienes tu enojo para siempre. Ten otra vez compasión de nosotros y sepulta nuestras maldades. Arroja nuestros pecados a las profundidades del mar”. Miqueas 7 18-19

 
 

El Reino de los Cielos

“El reino de los cielos es como un tesoro escondido en un terreno. Un hombre encuentra el tesoro, y lo vuelve a esconder allí mismo; lleno de alegría, va y vende todo lo que tiene, y compra ese terreno”.Mateo 13, 44

“En cuanto al día y la hora, nadie lo sabe, ni aun los ángeles del cielo, ni el Hijo. Solamente lo sabe el Padre”. Mateo 24,36

“Convertíos porque el Reino de los cielos ha llegado”. Mateo 4, 17

Por esta causa debemos prestar mucha mas atención al mensaje que hemos oído, para que no nos apartemos del camino. Los mandamientos que Dios dio en otros tiempos por medio de los ángeles, tenían fuerza de ley, y quienes pecaron y los desobedecieron fueron castigados justamente. ¿Cómo pues, escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande? Pues el mismo Señor fue quien anunció primero esta salvación, la cual después confirmaron entre nosotros los que le oyeron. Además, Dios la ha confirmado con señales, maravillas y muchos milagros, y por medio del Espíritu Santo, que nos ha dado de diferentes maneras, conforme a su voluntad. Hebreos 2, 1 – 4

 
 
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