El Credo de los Apóstoles
¡Señor, yo creo!

Introducción

Por invitación de S.S. Juan Pablo II, los cristianos del mundo entero nos hemos preparado para celebrar el Jubileo del Año 2.000, centrando nuestra atención en el Misterio de la Santísima Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo porque: "Sobre todo en la fase celebrativa, el objetivo será la glorificación de la Trinidad, de la cual todo precede y a lo que todo se dirige en el mundo y en la historia. La celebración jubilar actualiza y al mismo tiempo anticipa La meta y el cumplimiento de la vida del cristiano y de la iglesia en Dios uno y trino (T.M.A. N0.55) No.55).

Aquello que Jesús había dicho y hecho en su rápido paso por el mundo, estaba vivo y presente en la Comunidad que El había llamado a su seguimiento.

A partir de Pentecostés aquella comunidad se reunía regularmente para escuchar la Palabra, para celebrar la Eucaristía, para dar testimonio de la fraternidad y para la oración común (Ch. 2,42-48). Al interior de los Apóstoles, guiados por Pedro, ofrecían un testimonio autorizado, pues habían convivido con el Maestro y habían recibido de El la misión.

El Espíritu Santo los iba conduciendo poco a poco a una más profunda comprensión de lo que Jesús había enseñado, hablando de si mismo, del Padre y del Espíritu Santo que habían de recibir en su nombre. El Espíritu Santo os conducirá a la ‘Verdad Plena’ (Jn. 16,13).

En sus viajes apostólicos, los Apóstoles fundaban, en varias ciudades, iglesias, unidas entre si por una respuesta de fe coherente con el mensaje evangélico. Así el único anuncio los llevaba a la fe del Unico Señor.

Bien pronto se sintió la necesidad de recoger en una fórmula de fe que expresara en modo normativo los contenidos de la catequesis ofrecida y recibida, y así apareció el CREDO o "Símbolo de Los apóstoles".

Estas fórmulas tenían prevalentemente un uso litúrgico, en la celebración de los sacramentos. La primera fórmula de orden cronológico es el "Símbolo de los apóstoles" que aquí comentamos brevemente. Este fue redactado, si no propiamente por los Apóstoles, ciertamente si en tiempo muy cercano. Recientemente este texto, de gran autoridad para nuestra fe, ha sido incluido en la celebración eucarística, Como alternativa del"SímboloNiceno Contanstinopolitano" del siglo IV.

En el contexto del Jubileo del año 2.000,en el que hemos reflexionado sobre el Misterio de la Santísima Trinidad, presentamos a nuestros fieles de la arquidiócesis de Bucaramanga este texto comentado, a fin de que cada uno de nosotros y en nuestras familias no solo se profundicen las verdades de la fe contenidas en el CREDO, sino que ellas se hagan vida y constituyan un claro testimonio de los hombres.

(Ritual de la confirmación).
Victor Manuel Lopez Forero - Arzobispo de Bucaramanga

 
 

El Símbolo de los Apóstoles

Creo en Dios Padre, todopoderoso, creador del cielo y de la tierra, Y en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen. padeció bajo el poder de Poncio Pilato; fue crucificado, muerto y sepultado; descendió a los infiernos; al tercer día resucitó de entre los muertos; subió a los cielos y esta sentado a la diestra de Dios Padre; desde allí ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos. Creo en el Espíritu Santo, en la Santa Iglesia católica, La comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne, Y la vida eterna. Amen.

I - Creo en Dios, Padre Todopoderoso

La palabra "credo" enuncia un conocimiento ciertísimo que se deriva del asentimiento de fe a la revelación infalible que Dios hace de si mismo. Se trata, pues, de una "virtud teologal’, don del Espíritu Santo, que nos pone en comunión con Dios, fin último de nuestra vida: "creo en Dios".

Al decir ‘creo en Dios, Padre Omnipotente’, afirmamos que Dios existe verdaderamente; decimos creer en un Ser que nosotros intuimos Como necesario, infinito y eterno, distinto del mundo y del hombre y que este Dios se ha revelado a nosotros en Jesucristo, Como Padre Todopoderoso.

Como Padre, ante todo, infinitamente bueno y misericordioso, que tiene sobre los hombres, creados por El, un amor pleno, un amor "paternal". Dios es amor en si mismo, es amor hacia el Hijo rescatado de la muerte y es amor hacia nosotros rescatados del pecado. Dios es el Padre de Jesús y por eso es también nuestro Padre. "Cuando oréis, decid así: Padre Nuestro" (Tm. 6,9).

Por eso, Dios debe ser para nosotros, ante todo, "Padre", papá (Abba), Como decía Jesús. Después podremos tranquilamente pensarlo Omnipotente, sabiendo que es una omnipotencia en el amor, en la bondad absoluta, que no podrá jamás querer el mal para sus hijos.

Creador del Cielo y de la Tierra

"En el principio creó Dios el cielo

Hagamos al hombre a nuestra imagen (Gn.1,1; 1,26),

Dios manifiesta su Omnipotencia ante todo con la creación del mundo. De la nada, con un acto soberanamente libre hace existir el mundo, y en éste al hombre: "Hágase..." (Gen 1). Y después que el hombre ha pecado Dios manifiesta su grandeza con el milagro aún más grande de la Redención. Creando, Dios llama a la existencia a los seres y lo hace libremente pues El no tiene necesidad de lo creado.

Todo lo que existe, pues, el cosmos, la vida, el pensamiento y la libertad del hombre, todo es una creación divina. Esta verdad viene proclamada en el Génesis, primer libro de la Biblia, en un estupendo himno a la bondad y belleza de la creado.

El mal que hay en el mundo no viene de Dios, quien siendo bondad infinita, lo ha creado todo bueno. El hombre también fue creado por Dios a "imagen y semejanza suya’, Señor del universo, hombre y mujer... Cómo se explican, pues, el mal y la muerte en el mundo? De donde provienen? Existe posibilidad de salvación?

He aquí la respuesta: el mal ha entrado en el mundo a causa del pecado del hombre, pero será vencido; a la serpiente se le aplastará la cabeza, Aquí se anuncia ya la palabra profética sobre la Resurrección de Cristo.

Mientras tanto el hombre vive entre el cielo y la tierra, en un mundo creado por Dios pero distinto de Dios, y el hombre ha sido llamado a ocuparlo, regirlo, transformarlo para su propio bien. Si el mundo fue creado por Dios, de alguna manera es imagen de El, signo y sacramento de su amor, y coma tal, el hombre debe respetarla, interrogarlo, contemplarlo.

Según el Génesis, la rebelión del hombre contra Dios ha traído la rebelión de la naturaleza contra el hombre: "comerás el pan con el sudor de tu frente" (Gen. 3,19).

Pero la historia continúa y en el hombre resucitado con Cristo, también el mundo resurgirá. Habrá un "nuevo cielo y una nueva tierra" (Apoc. 21,1). En su amor, más fuerte que a muerte, Dios rescatará, con el hombre, todo lo creado.

II - Creo en Jesucristo, su único hijo, Nuestro Señor

Resuenan aquí las palabras de la "confesión" de Pedro: ‘Tu eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo" (Mat. 16,16). Jesús es el Cristo, el Ungido del Padre, el Mesías, en quien se cumplen las profecías y las esperanzas de su pueblo. Jesús es, fuera de cualquiera otra expectativa, el "Hijo de Dios".

"Tu eres mi Hijo amado, mi predilecto" (Luc.3,22).

Jesús sabe que es el Hijo de Dios, igual a su Padre: se proclama más grande que Juan, y que todos Los profetas, habla con autoridad; semejante a nosotros en todo, menos en el pecado, tiene el poder de perdonar pecados; se dirige al Padre con extrema confianza, pues sabe que el Padre lo escucha siempre. Pide a sus seguidores un amor más grande que aquel que se da alas mismos padres y alas hilos. Está presente en os pobres, en los oprimidos y en aquellos que se reúnen en su nombre.

Jesús ha dicho de si cosas inauditas. A Felipe que le dice: "Señor, muéstranos al Padre y eso nos basta", Jesús, le responde: "quien me ha viste a mi, ha visto al Padre... yo estoy en el Padre y el Padre está en mi" (Juan. 14, 8-10). "Ninguno conoce al Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar" (Mat. 11,27) ‘Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida", dice Cristo.

El signo más grande de su divinidad está en su Resurrección. Acontecimiento atestiguado por los apóstoles que han visto el sepulcro vacío y han asistido a las apariciones de su Maestro y Señor. Hecho único, lleno de significado y esperanza para el hombre que lucha contra la muerte. Acontecimiento proclamado a lo largo de los siglos y de los milenios por la iglesia fundada por El. Si ante el Resucitado todo cristiano repite el grito de fe de Santo Tomás: "Señor mío y Dios mío".

Jesús de Nazaret, el Cristo, el Hijo de Dios, es Dios, es el Verbo eterno de Dios hecho hombre. Es imagen del Dios invisible en quien habita la plenitud de la divinidad. Es La respuesta absoluta de Dios a todos Los interrogantes e inquietudes del hombre.

Decir que Jesús es el Señor, significa someterle toda nuestra existencia. Pero no basta solo admitir su existencia, sino que debe ser nuestro Dios, nuestro Señor, aquel que es el centro de nuestra vida y que la transforma completamente. Esto no es posible sino con una gracia de lo alto: "ninguno, puede decir:

Jesús es el Señor, si no es por el Espíritu Santo" (la. Cor. 12,3).

"El ha habitado en medio de nosotros lleno de gracia y de verdad. El ha anunciado e instaurado a! Reino de Dios y por El hemos conocido al Padre. El nos ha dado un nuevo mandamiento, de amarnos los unos a los otros Como El nos ha amado. El nos ha enseñado el camino de las. bienaventuranzas evangélicas: pobreza de espíritu, benignidad, soportar el dolor con paciencia, misericordia, pureza de corazón, amor a La paz y sufrir las persecuciones por la justicia" (Paulo VI).

Fue concebido por obra y gracia del espíritu Santo

El Evangelista San Lucas narra en una página límpida e intensa el anuncio profético del Angel a María (Luc. 1,26-38).

"El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra.." A la humilde hija de Sión Dios le pide su consentimiento sobre este proyecta de salvación. "No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios. He aquí que concebirás un hijo, lo darás a luz y le pondrás por nombre Jesús.

Esto sucederá por obra del Espíritu Santo, sin intervención del hombre. Para Dios nada es imposible y María será Madre permaneciendo virgen. El Espíritu Santa la fecundará y aquel que nacerá de ella será llamado ‘Santo’.

María da su consentimiento con un acto de grandísima y ejemplar fe: "soy la sierva del Señor, que suceda en mi lo que el Señor quiere". Y así en ella y de ella "el Verbo se hace carne y comienza a habitar entre nosotros". El Verbo se hace carne en primer lugar en su mente, en su corazón y luego en su vientre virginal, engendrado por el Espíritu Santo.

Nacido de Virgen María

‘‘ Nacido de mujer", dice San Pablo, para subrayar la realidad humana de Cristo. Jesús no nació en María sino de María, de su sangre, de su cuerpo milagrosamente fecundado. María, es pues, de verdad, la madre de Jesús y Jesús es su Hijo. A pesar de haberlo concebido por obra del Espíritu Santo y permanecido siempre Virgen, María ha gestado en el vientre materno a su hijo y lo ha dado a luz.

Con María la humanidad de Jesús no es solo apariencia; Jesús es uno de nosotros, es nuestro hermano. Ha compartido todo con el hombre: nacimiento, crecimiento, trabajos, fatigas, sufrimientos, alegrías, todos los sentimientos humanos y la propia muerte. Todo menos el pecado. En su pureza María ha engendrado al inocente, al santo. En su humildad María ha engendrado al humilde, al siervo obediente, al manso cordero de Dios que quita los pecados del mundo.

Nosotros creemos que María es la Madre del Verbo encarnado, nuestro Dios y Salvador, Jesucristo, que por esta elección singular, "en consideración al los méritos de su Hijo, ha sido redimida de una manera excepcional", "preservada de toda mancha de pecado original" y "colmada de los dones de la gracia más que cualquiera otra criatura".

"Asociada al misterio de la Encarnación y de la Redención con un vínculo estrecho e indisoluble’. "Al término de su vida terrena fue llevada en cuerpo y alma a la gloria celestial" y configurada a su Hijo resucitado, anticipando la suerte futura de todos los justos. La "Madre de la iglesia" continúa en el cielo su oficio maternal con los miembros de Cristo, "cooperando con el nacimiento y desarrollo de la vida divina en el alma de los redimidos" (Pablo VI)

Padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos

Nació ... padeció...". El Credo, como el Evangelio, cubre un espacio de 33 años de la vida terrena de Jesús: treinta años de la vida oculta y tres años de "vida pública". Tres años intensos en los cuales Jesús predicó y obró con absoluta coherencia.

Jesús fue arrestado, procesado y condenado a muerte. "Padeció bajo Poncio Pilato", representante del poder romano.

Jesús fue flagelado, coronado de espinas y crucificado. Su muerte sucedió probablemente el 7 de abril del año 30 DC. San Pablo lo describe como el último acto de sometimiento del Siervo Doliente.

La expresión "fue sepultado" refuerza el sentido de su atroz muerte. Bajado de la cruz y sepultado, Jesús no conoció a corrupción, según la profecía de David (Hechos 2,27). Antes que eso sucediera el Padre lo rescató de la muerte.

La expresión ‘descendió" a los infiernos "debe entenderse como la confirmación de la universalidad de la redención de Cristo con su muerte", la cual ha alcanzado también a quienes habían vivido en los siglos y rnilenios precedentes, porque el "Padre quiere que todos sean salvados por la muerte y resurrección de su Hijo".

Al tercer día resucitó de entre los muertos

Jesús ha resucitado ¡Jesús vive! ¡Jesús es el Señor! Este as el anuncio pascual, un grito de victoria y de alabanza...

Oigamos al Apóstol Pedro: "...Vosotros lo matasteis crucificándole... Pero Dios lo ha resucitado rompiendo las ligaduras de la muerte, pues era imposible que la muerte dominara sobre El" (Hechos 2,23-24). En Pentecostés y con el fuego del Espíritu Santo apenas recibido, los apóstoles y discípulos anuncian unánimes la Pascua. Ellos habían vivido con Jesús, lo habían visto crucificado y luego vieron la tumba vacía y lo vieron aparecerse--. Ellos dieron ese testimonio y la Iglesia repetirá siempre tal testimonio.

La Pascua es el misterio y la realidad más importante de nuestra fe, en torno a la cual se unen todas las verdades. Aquí está implicado el misterio trinitario: el Padre resucita al Hijo y éste manda al Espíritu Santo sobre la Iglesia.

El anuncio pascual implica para nosotros un apremiante llamado a la conversión. "Arrepentíos" exhorta Pedro en su primer discurso en Pentecostés, "que cada uno de vosotros se bautice en el nombre de Jesucristo para que se os perdonen vuestros pecados.-.’ (Hechos 2,38)-

....Entre tanto vivamos la vida de Cristo mediante los sacramentos pascuales celebrados en la fe. Purificados por el Bautismo, fortificados por la Confirmación, perdonados por la Penitencia, alimentados por la Eucaristía, confortados por la Unción de los Enfermos, unidos a Cristo por el Sacramento del Orden o del Matrimonio, aguardemos siempre con esperanza la vida eterna.

Subió a los Cielos y está sentado a la diestra del Padre

El Padre Omnipotente llama a Jesús resucitado a su diestra, en el cielo. El acontecimiento de la Ascensión manifiesta el señorío de Cristo. El señorío de Cristo, proviene de haberse rebajado, de su humillación y crucifixión. Por eso, San Pablo dice quo "Dios lo exaltó y le dio un nombre sobro todo nombre, para que al nombre de Jesús doblen su rodilla los seres del cielo, de la tierra y del abismo y toda lengua proclame que Jesucristo es el Señor para Gloria de Dios Padre" (Fil. 2,9-11).

Su señorío lo es por el amor, la entrega de si mismo, el servicio incondicional... Solo ese grande amor hace legitimo su "Señorío". Este señorío por el cual el mal del mundo ya ha sido vencido, as el único que el cristiano debe anunciar en la historia con la propia vida, renunciando a la lógica del orgullo y del poder.

Desde allí ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos

Este Jesús que acaba de subir- al cielo volverá tal como lo habéis visto irse al cielo" Hechos1,11).

Estas palabras del Angel a los Apóstoles extasiados por lo que contemplaban, son un eco a la promesa de Jesús: "...voy a prepararos un lugar, Cuando me vaya y os haya preparado el lugar volveré y os llevaré conmigo, para que donde yo estoy, estés también vosotros" (Jn. 14, 2-3).

En cuanto al día a la hora nadie la conoce. Jesús no ha querido decírnosla. El nos exhorta a estar siempre en vela, a no dejar apagar la lámpara de la fe y de la esperanza. Su vuelta será de improviso y repentina, como ladrón en la noche, como la llegada inesperada del esposo... Lo importante es estar preparados porque será el retorno para el juicio de los vivos y de los difuntos. Nosotros seremos juzgados y desde ahora debemos prepararnos para ello.

A nosotros nos debe alentar la esperanza en la infinita misericordia de Dios que no aparta a ninguno de si, aunque hay algunos que obstinadamente se apartan de El, no lo aceptan o lo rechazan. El infierno es el no aceptar la salvación propuesta y querer vivir sin Dios y contra Dios.

Nuestra vida es pues un caminar al encuentro del Señor que viene. La esperamos no de una manera pasiva sino mediante una caridad operante, viviendo el mandamiento de Cristo: "Amaos los unos a los otros, como yo os he amado".

Creo en el Espíritu Santo

"Recibid el Espíritu Santo"

El Espíritu Santo es la tercera persona de la Santísima Trinidad, es el amor que une al Padre y al Hijo, una comunión perfecta de personas iguales y distintas.

El Espíritu Creador, enviado por Cristo resucitado es ahora el Espíritu Santificador que irrumpe en el hombre arrepentido y l vuelve imagen e "hijo adoptivo" de Dios: al Padre, por el Hijo, en el Espíritu Santo.

Volcando en el hombre redimido las virtudes teologales y las riquezas de sus dones, al Espíritu Santo da vida al hombre espiritual. Las virtudes teologales que nos unen con Dios, fe, esperanza y caridad, provienen del Espíritu Santo.

"Recibid el Espíritu Santo" (Jn. 20,22).

Del Espíritu Santo nos vienen también los "dones": la sabiduría, la inteligencia, el consejo, la ciencia, la fortaleza, la piedad y el temor de Dios (Cf r. Is. 11,24) y del mismo Espíritu provienen también los "frutos": amor, alegría, paz, benevolencia, humildad, dominio de si (GM. 5.22).

Alma del cristiano, el Espíritu Santo es también alma de la Iglesia. El la hace un cuerpo vivo, una comunidad de profetas, de testigos del resucitado; El la purifica, la renueva continuamente y la hace caminar hacia Cristo, Alfa y Omega, principio y fin, de toda la creación.

"Nosotros creemos en el Espíritu Santo que es el Señor y da la vida; que as adorado y glorificado con el Padre y con el Hijo. El nos ha hablado par medio de los profetas, ha sido enviado por Cristo después de su resurrección y Ascensión al Padre; El ilumina, vivifica, protege y guía a la Iglesia, purifica a sus miembros para que no se sustraigan a la acción de su gracia. Su acción penetra lo intimo de nuestra alma y hace capaz al hombre para responder a la invitación de Jesús: "sed perfectos como es perfecto vuestro Padre que está en los cielos". (Pablo VI.),

Creo en la Santa Iglesia Católica

La iglesia es la comunidad de los creyentes, la asamblea convocada por Cristo, el pueblo de Dios. En su camino hacia el Reino, este pueblo de Dios. En su camino hacia el Reino, este pueblo nació del bautismo, es sostenido por el pan celestial que lo nutre y santifica: Cristo. En la iglesia el Señor ha puesto doce apóstoles, entre ellos a Pedro, con la finalidad de confirmar a sus hermanos en la fe y reafirmar su caridad.

El Papa y los Obispos hacen visible en la iglesia a Cristo Resucitado, Pastor supremo, piedra angular y fundamento única e insustituible.

Los Obispos ejercen un autorizado ministerio de enseñanza y dirección en comunión con el Papa en la comunidad eclesial. Ellos deben exigir a los fieles la obediencia al Evangelio en toda su plenitud y en toda su pureza. El Papa ejercita el magisterio de la fe con una especial asistencia del Espíritu Santo que lo hace infalible en los asuntos de fe y moral.

Esta iglesia, de la quo hacemos parte por el bautismo, tiene 4 notas que la distinguen y nos a muestran coma la verdadera Iglesia fundada por Cristo.

Ella es Una, como su fundador es Uno con el Padre y el Espíritu Santo. La Iglesia también es Una, en su fe, en sus dogmas y en el curto. La unidad es un reto para todos nosotros; esa característica hará posible que ‘el mundo crea". Por eso Jesús pedía al Padre Dios para que nos mantuviéramos unidos como El lo estaba con su Padre (Jn. 17, 21).

La Iglesia es Santa. Es santa, aunque perfectible y siempre necesitada de conversión. Es santa porque su fundador es Santo, porque santifica a sus miembros con la Palabra y los Sacramentos, porque es madre prolífica de santos. También María, Madre de la Iglesia, es eminentemente santa y as el modelo de todo creyente.

La Iglesia es católica, esto es, "universal’ pues está destinada a todos los hambres sin preferencia de nacionalidad, raza, cultura, ella es portadora, pues, del mensaje se salvación para todas y debe encarnarse en las tradiciones humanas e históricas diversas.

Es Apostólica, en cuanto fundada sobre los Apóstoles y sus sucesores, en modo particular sobre Pedro, y tiene el mandato junto con los Laicos, de ir por todo el mundo, para ganarlo para Cristo. Ella debe entablar un diálogo con el mundo, manteniéndolo inalterada la doctrina enseñada por los Apóstoles y debe ser un testimonio vivo del acontecimiento pascual.

La iglesia as la Esposa de Cristo, unida a El indisolublemente. En la actual economía de La salvación no es pensable Cristo sin la Iglesia, come la iglesia no puede existir sin Cristo. La iglesia es el mismo Cristo que continúa en el tiempo y en el espacio su misión salvadora y se constituye para todos los hombres en el camino que lleva a la vida.

Creo en la comunión de los Santos

Lo que hemos visto y oido, os lo anunciamos, para que también vosotros estéis en comunión con nosotros. Y nosotros estamos en comunión con el Padre y con su Hijo, Jesucristo" (1 Jn. 1,3).

La iglesia no sale está conformada por quienes vivimos en la tierra (iglesia militante), sino también por Las que han muerta en gracia de Dios y se hallan en estado de purificación (purgatorio) y por los que ya purificados gozan de la visión de Dios (cielo). Entre estas tres formas de existencia de la Iglesia so establece una profunda comunicación quo es la que solemos llamar "comunión" de las santas.

Pero ¿quienes son los Santos? Son todos los que san salvados por Cristo, todos los que pertenecen de una manera viva a La Iglesia de Cristo. En esta comunión el bien de cada uno es el bien de todos y Los méritos, que son dones de Dios, forman un tesoro común al cual todes pueden acercarse y lucrarse.

Esto indica que en la Iglesia ninguno obra solo para s; cuando se obra el mal personal, este perjudica también a las demás y, si se hace el bien, este enriquece a todos los miembros de la Iglesia. Por esto tienen eficacia las plegarias recíprocas, aquellas de los vivos por los difuntos y las de quienes ya viven en el cielo, por a Iglesia quo sigue luchando en la tierra.

Creo en el perdón de los pecados

"Aquel que no conoció pecado, Dios lo hizo Pecado en lugar nuestro, pare que nosotros Llegásemos a ser justicia de Dios en El" (2 Cor. 5,21). "Con todo eran nuestros sufrimientos Los quo Llevaba sobre sí, nuestros dolores las que le pesaban, mientras nosotros le creíamos azotado, herido por Dios y humillado. Ha sido traspasado por nuestros pecados, triturado por nuestras iniquidades; el castigo, precio de nuestra paz, cae sobre EL y a causa de sus llagas hemos sido curados"(Is. 53,4-5). El que sufre todo esto es el inocente, el Obediente, el Siervo de Yavé, EL Cordero de Dios, el que quita los pecados del mundo: Jesucristo.

¿No son acaso estas las páginas más bellas y consoladoras del Evangelio, donde se describe La misericordia del Señor pare perdonar nuestros pecados y reconciliarnos con Dios y consigo mismo? Como no traer a la monte a la Samaritana, a la mujer adultera, al paralítico, ala Magdalena, a Zaqueo, al buen Ladrón y al mismo Pedro quo negó a su Señor. Todos estos representan a quienes hemos pecado, a quienes hemos sido Liberados por Cristo, por quienes Jesús derramó su preciosa sangre.

Para perpetuar en el tiempo y en el espacio el gesto y el poder de perdonar los pecados, Jesús ha querido a su iglesia como Sacramento Universal de salvación y nos ha dejado el Sacramento del perdón y de la misericordia. La confesión humilde de los pecados al sacerdote (confesión de boca), es la forma instituida por Nuestro Señor Jesucristo. El sacerdote, obrando en "la persona de Cristo’, y a través de La absolución sacramental, perdona al penitente arrepentido sus pecados, y lo reconcilia con Dios y con la iglesia. "Lo que ates en la tierra quedará atado anal cielo, y Lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo" (Mt.16,19).

En esta iglesia los pecadores se reconcilian con Dios, y, es así come el bautismo los purifica; pero especialmente ‘segundo bautismo", la penitencia, perdona Los pecados a quienes se reconocen pecadores y vuelven arrepentidos al Señor.

Creo en la resurrección de la carne y la vida eterna

Entre los hombres de hoy, en nuestra cultura secularizada, el cristiano se distingue por su fe en la vida eterna. Esto puede aparecer come un verdadero reto, como un desafío: ¿Como se puede aun esperar, ante La realidad de la muerte, realidad brutal a invencible? El cristiano cree que La muerte es una realidad, pero que ya fue vencida por la resurrección ‘~e Cristo. Per eso can San Pablo repite: "dónde está, oh muerte, tu Victoria"? (I Cor 15,55). Para el cristiano, en efecto, "Dios no ha creado la muerte ni se goza en La ruina de Los vivientes. El ha creado todo para que exista...sí, Dios ha creado al hombre a su imagen y semejanza" (Sab. 1, 14-15)

Estas palabras proféticas han sido confirmadas por La Resurrección de Cristo, "primicia de los que han muerto". En efecto, "si hemos estado unidos a El en una muerte coma la suya, La estaremos también en una resurrección come la suya" (Rom 6,5); una resurrección para La vida eterna, a causa de la vida de Cristo que habita en nosotras.

El evangelio habla también de la posibilidad de una muerte eterna. Esta no puede ser sino el fruto de una errada decisión del hombre que enteramente Libre, excluye a Dios de su vida, decisión que se mantiene hasta el final de la vida. Es el pecado "contra el Espíritu Santo", frente al cual Dios no puede pronunciar las palabras que tuvo con el "ladrón arrepentido", "hoy estarás conmigo en el Paraíso". Conmigo, esto es, en el cielo, en la Luz y en La paz eterna, que son La esperanza del cristiano.

Amén

"Si." "Lo creo firmemente", "Me adhiero a esta verdad". Que nuestro AMEN sea una petición a Dios para que nuestra pobre fe pueda un día crecer e iluminarse. Pirque, "ahora vemos como por medio de un espejo, confusamente; entonces veremos cara a cara. Ahora conozco de una manera imperfecta; entonces conoceré de la misma manera que Dios me conoce a mí" (1 Cor. 13,13)

 
 

Oración del Jubileo

1.- Bendito seas, Padre, que en tu infinito amor nos has dado a tu hijo unigénito, hecho carne par obra del Espíritu Santo en el seno purismo de la Virgen María y nacido en Belén hace dos mil años. El se hizo nuestro compañero de viaje y dio nuevo significado a la historia, que es un camino recorrido juntos en Las penas y los sufrimientos, en la fidelidad y el amor, hacia Los cielos nuevos y la tierra nueva en Los cuales TU, vencida la muerte, serás todos en todos.

Gloria y alabanza a ti, Santísima Trinidad, Unico y eterno Dios!

2.- Que por tu gracia, Padre, el Año jubilar sea un tiempo de conversión profunda y de gozoso retorne a ti; que sea un tiempo de reconciliación entre Los hombres y de nueva concordia entro Las naciones; un tiempo en que Las espadas se cambien por arados y al ruido de Las armas La sigan Los cantos de La paz. Concédenos, Padre, poder vivir el Año jubilar dóciles a la voz del Espíritu, fieles en el seguimiento de Cristo, asiduas en La escucha de La palabra y en el acercarnos a Las fuentes de La gracia.

¿Gloria y alabanza a ti, Santísima Trinidad, Unico y eterno Dios?

3.- Sostén, Padre, con la fuerza del Espíritu, Los esfuerzos de a iglesia en la nueva evangelización y guía nuestras pasos por los caminos del mundo, para anunciar a Cristo con la propia vida orientando nuestra peregrinación terrena hacia La Ciudad de la luz. Que los discípulos de Jesús brillen por su amor hacia Los pobres y oprimidos; que sean solidarios con los necesitados y generosos en Las obras de misericordia; que sean inteligentes can Los hermanos para alcanzar de ti ellos mismas indulgencia y perdón.

4.- Gloria y alabanza a ti, Santísima Trinidad, (único y eterno Dios!

Concede, Padre, que los discípulos de tu Hijo, purificada la memoria y reconocidas Las propias culpas, sean una sola cosa para que el mundo crea. Se extienda el diálogo entre los seguidores de Las grandes religiones y todos los hombres descubran La alegría de ser hijos tuyos. A La voz suplicante de María, Madre de todos los hombres, se unan Las voces orantes de Los apóstoles y de Los pueblos y de todos Los tiempos, para que el ano santo sea para cada una y para La iglesia causa de renovada esperanza y de gozo en el Espíritu.

¡Gloria y alabanza a ti, Santísima Trinidad, Unico y eterno Dios!

5. A ti, Padre Omnipotente, origen del cosmos y del hombre, por Cristo, el que vive, Señor del tiempo y de la historia, en el Espíritu que santifica el universo, alabanza, honor y gloria Ahora por Las siglos de los siglos. Amen.

Juan Pablo II
Bucaramanga, 8 de Diciembre de 1999

 
 
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