New Age: ¡Alerta ante el mito de la re-encarnación!
Por Isabel de Tenreiro
Es la fiesta mas grande del Año Litúrgico: LA RESURRECION DE JESUCRISTO, pues El fue entregado por nuestros pecados y resucitando para nuestra santificación (Rom, 4.25) para sentarnos con EL en el Cielo. (Ef, 2.6)
Así, la Resurrección de Cristo nos anuncia nuestra salvación: ser santificados por EL para poder llegar al Cielo. Y además nos anuncia nuestra propia resurrección: el que cree en Mi tendrá vida eterna y yo lo resucitare en el ultimo día (Jn, 6.40).
SI, RESUCITAREMOS COMO EL RESUCITO. Su resurrección es primicia de la nuestra. EL nos resucitara a una resurrección de vida... si hemos obrado bien (Jn, 5.29).
Nuestra esperanza no esta en volver a nacer, en que nuestra alma reaparezca en otro cuerpo que no es el propio, como se nos trata de convencer con la creencia en la re-encarnacion. Sabemos por la Sagrada Escritura que esto no es posible, pues dice San Pablo: el destino de los hombres es morir una sola vez (Hb, 9.27). Y el Libro de la Sabiduría también nos habla respecto: Una es la entrada y una la salida (Sb. 7,6).
Pero, aparte de estar negada en la Biblia y de haber sido condenada como herejía por la Iglesia ya desde el año 325 en el Concilio de Nicea, al creencia en la re-encarnacion niega mi identidad como persona: ¿Quien soy yo? ¿Soy quien supuestamente fui o soy quien seré en un futuro... o quien soy actualmente? Niega, además, mi libertad para escoger o rechazar la salvación que me brinda Cristo a través de Su Resurrección. También niega la resurrección que Jesucristo me ofrece para el ultimo día. Y niega... ¡tantas cosas!
La perspectiva de aun vida futura volviendo a nacer dentro de un cuerpo imperfecto, decadente, mortal... que además no es el mío, resulta vana frente a la esperanza de resucitar con un cuerpo bello, perfecto, inmortal... como el de Jesucristo Resucitado... para ser feliz eternamente.
Porque en esto consiste LA VERDADERA ESPERANZA: en saber que resucitaremos en cuerpo y alma gloriosos como Jesucristo, para disfrutar por siempre del Cielo que nos ha sido prometido, ese lugar inefable – inexplicable para el conocimiento humano – ese sitio que ni el ojo vio, ni el oído escucho, ni el corazón humano imagino tiene Dios preparado para aquellos que le aman (1 Cor, 2.9)... y que desean ser salvador y resucitados por Jesucristo.