La conexión entre la contracepción y el aborto
Mucha gente en el movimiento Pro-Vida se muestra reticente a hacer una conexión entre los anticonceptivos y el aborto. Insisten en que son asuntos muy diferentes--que existe toda la diferencia del mundo entre la anticoncepción, la cual impide que una vida llegue a formarse, y el aborto, que elimina una vida que ya se ha formado.
Con algunos anticonceptivos no sólo existe un eslabón de unión con el aborto, sino que ambas cosas tienen la misma identidad. Ciertos anticonceptivos son abortivos y provocan un aborto temprano. El Dispositivo Intrauterino (DIU) evita la implantación del huevo fertilizado (un pequeño ser humano en la matriz. La píldora no siempre detiene la ovulación, sino que también impide que el embrión se implante y, por supuesto, la nueva píldora RU-486 actúa abortando del todo al nuevo feto, al nuevo bebé. Aunque algunos en el movimiento Pro-Vida se pronuncian contra los anticonceptivos que son abortivos, generalmente se abstienen de hablar claro sobre el tema de la contracepción.

La contracepción no crea la “necesidad” de abortar
Esto me parece absolutamente falso. Creo que no progresaremos en el establecimiento de una sociedad donde toda nueva vida pueda estar segura, donde lleguemos realmente a desarrollar respeto por la vida, donde el aborto sea un recuerdo terrible en vez de una terrible realidad, hasta que no reconozcamos que hay muchas conexiones significativas entre la contracepción y el aborto, y hablemos valientemente de esta verdad. Es necesario darnos cuenta de que una sociedad en la que se usan ampliamente los anticonceptivos tendrá dificultades para mantenerse libre de abortos y es que los estilos de vida y las actitudes que fomentan la contracepción producen presuntamente la necesidad de abortar.
Planned Parenthood vs. Casey, el reciente fallo de la Suprema Corte de Justicia que ratificó la decisión Roe vs. Wade, afirma: “En algunos aspectos críticos el aborto tiene el mismo carácter que la decisión de recurrir a la contracepción… durante dos décadas de desarrollo económico y social, las personas han organizado (sus) relaciones íntimas y han hecho elecciones que definen la visión que ellas tienen de sí mismas y del lugar que ocupan en la sociedad, dependiendo de la disponibilidad del aborto en caso de que llegue a fallar la contracepción.”
La decisión de la Suprema Corte vuelve totalmente inútil cualquier esfuerzo de “exponer” lo que verdaderamente está detrás del apego de la era moderna al aborto. Como afirma ingenuamente la Suprema Corte, necesitamos del aborto a fin de poder continuar con nuestro estilo de vida antinatalista. No es porque los anticonceptivos sean poco efectivos, que un millón y medio de mujeres al año recurre al aborto como remedio a la falla de los mismos. Son las “relaciones íntimas” propiciadas por los anticonceptivos lo que vuelve “necesarios” los abortos. Aquí, “íntimas” es un eufemismo y un engaño. Aquí, la palabra “íntimas”, significa “sexuales”, no “amorosas ni cercanas”. En la mayoría de los casos, el aborto es resultado de relaciones sexuales en las que hay poco intimidad y amor verdaderos, relaciones en las que no hay cabida para un bebé, que es la consecuencia natural del acto sexual.
Expertos cuestionan la “alarma” respecto a la sobrepoblación
La Suprema Corte, sin embargo, se muestra inusualmente ingenua. A menudo, el entusiasmo por la contracepción se ostenta en razones más “nobles”. Por ejemplo, muchos piensan que la contracepción es crucial para controlar lo que se percibe como una gran explosión demográfica. Pero la mayoría de la gente desconoce que existen estudiosos muy serios, que cuestionan la legitimidad de la alarma creada respecto a la sobrepoblación en la mayoría de los países de la tierra. Expertos como Ben Wattenberg, Julian Simon y Jacqueline Kasun sostienen que algunos países, especialmente en Occidente, encaran ya problemas para reponer la población, y puesto que no estamos reproduciendo nuestra población, en el futuro afrontaremos tiempos muy difíciles en el aspecto económico. Estos estudiosos piensan que el problema, incluso en regiones evidentemente sobrepobladas, es primordialmente político y económico más que demográfico--esto es, el problema no es que hay demasiada gente, sino una inadecuada distribución de la riqueza.
Pero el tema aquí no es la sobrepoblación ni los méritos anticonceptivos como un medio para combatir la sobrepoblación. El control demográfico no es la causa principal del entusiasmo de la era moderna por la contracepción. Más bien, la contracepción es actualmente enarbolada como la solución a los problemas resultantes de la revolución sexual; muchas piensan que anticonceptivos mejores y el uso más responsable de los mismos, reducirá el número de embarazos no deseados y de abortos, previniendo al mismo tiempo y hasta cierto punto la propagación de enfermedades de transmisión sexual.
Para avalar el argumento de que un uso más responsable de los anticonceptivos reduciría el número de abortos, algunos sostienen que la mayoría de los abortos se practican con propósitos anticonceptivos”. Es decir, pocos abortos se practican porque la mujer fue víctima de una violación, de incesto o porque el embarazo pone en peligro su vida, porque espera que su hijo nazca con defectos o malformaciones. Más bien, la mayoría de los abortos se realizan porque hombre y mujeres que no quieren un bebé están teniendo relaciones sexuales y enfrentan embarazos que no planearon ni desean. Puesto que su anticonceptivo falló o ambos fallaron en usar un anticonceptivo, recurren al aborto como remedio. Muchos creen que si se pudieran convencer a los hombres y mujeres que usaran responsablemente los anticonceptivos, se reduciría el número de embarazos no deseados y por tanto el número de abortos. Hace treinta años esta postura hubiera podido ser plausible, pero hoy no. Hemos vivido treinta años de una cultura penetrada por el uso de anticonceptivos y el aborto; no podemos seguir pensando que un acceso mayor a la contracepción reducirá el número de abortos. Más bien, donde quiera que la contracepción es más disponible, se incrementa notablemente el número de embarazos no deseados y de abortos.
La revolución sexual no es posible sin anticonceptivos
La conexión entre la contracepción y el aborto es primordialmente ésta: los anticonceptivos propician el tipo de relaciones e incluso el tipo de actitudes de carácter moral que predisponen al aborto. La mentalidad antinatalista considera las relaciones sexuales como si éstas no tuvieran nada que ver con los bebés; considera a los bebés como un “accidente” de la relación sexual, una intrusión indeseable, una carga. La revolución sexual no es afecta a reconocer—y tampoco le confiere un espacio a—la conexión entre la relación sexual y el bebé. La revolución sexual simplemente no fue posible hasta que se dispuso los métodos contraceptivos confiables.
Lejos de ser un freno para la revolución sexual, la contracepción es el combustible que puso en marcha la revolución sexual y lo que le permite seguir creciendo a un ritmo frenético. En el pasado, muchos hombre y mujeres se refrenaban de sostener uniones sexuales ilícitas sencillamente porque no estaban preparados para enfrentar la responsabilidad de ser padres. Pero una vez que aparecieron anticonceptivos relativamente confiables, cayó la barrera que ponía límites al sexo fuera del matrimonio. La conexión entre el sexo y el amor también desapareció rápidamente, desde que el uso de anticonceptivos comenzó a generalizarse, se ha hablado mucho y se ha vuelto totalmente aceptable la práctica del sexo casual y por diversión. El significado profundo inherente a la relación sexual se ha perdido de vista; la facultad de involucrarse en relaciones sexuales con otra persona ya no es el resultado de la disposición a tener un hijo con alguien y afrontar los compromisos que esto implica. Los anticonceptivos reducen a la pareja a un mero objeto sexual, puesto que permiten tener relaciones íntimas sin ningún compromiso.
La facilidad con la que se dan las relaciones sexuales se acompaña ahora con igual facilidad y descuido en el uso de anticonceptivos. Los estudios demuestran que las mujeres que abortan conocen perfectamente bien los métodos de control natal; la gran mayoría—ochenta por ciento—son usuarias experimentadas de anticonceptivos, pero muestran descuido e indiferencia en su uso por diversas razones. Una investigadora reporta que las razones son éstas: en vista de que algunas han roto con su pareja sexual, creen que ya no necesitarán usar anticonceptivos, pero de todos modos siguen siendo sexualmente activas. A otras les disgusta someterse a un examen médico para obtener una prescripción de la píldora así como los inconvenientes que implica el adquirir los anticonceptivos. A muchas mujeres solteras no les agrada considerarse como sexualmente activas; usar anticonceptivos les crea un conflicto con la imagen que tienen de sí mismas. La falla en el uso de control natal es un signo de que muchas mujeres se sienten incómodas por ser sexualmente activas. Esto es, muchas de las mujeres están involucradas en una actividad que, por alguna razón, no desean admitir.
A menudo, los embarazos que terminan en aborto son planeados
En el libro Abortion and the Decision not to Contracept, la investigadora y científica pro-aborto, Kristin Luker, intentó descubrir por qué habiendo disponibles tantos métodos de control natal, tantas mujeres virtualmente todas ellas conocedoras de los anticonceptivos—tenían embarazos no deseados y abortos. Las conclusiones de su estudio sugieren que no es un simple “descuido” o “irresponsabilidad” lo que lleva a las mujeres a abortar sino que a menudo los embarazos que terminan en aborto son planeados o el resultado de un riesgo calculado. Luker descarta algunos de los puntos de vista comúnmente argumentados sobre porqué abortan las mujeres, niega que se trate generalmente de jovencitas presas del pánico o mujeres solteras que, sin no abortan, tendrían hijos ilegítimos. También sostiene que las estadísticas demuestran que el aborto no es un acto desesperado usado por mujeres de pocos recursos, mujeres “dependientes” de la asistencia social, o que tiene más hijos de los que pueden mantener. Ella trata de discernir cuál fue la razón que tuvieron las mujeres para no usar anticonceptivos, a pesar de ser usuarias experimentadas de los mismos y conocer los riesgos de no usar un método de contracepción. Luker parece comprobar en su estudio que “los embarazos no deseados son el resultado final del proceso de una decisión informada. Que el embarazo ocurrió de cualquier modo, en las mujeres de este estudio, porque la mayoría de ellas intentaban alcanzar otras metas, aunque muy difusas, que simplemente prevenir un embarazo.”