Las Manos del Sacerdote
México, D.F., Junio 29 de 2008.
Querido Padre Anselmo, nuestro sacerdote predilecto:
Mire, por un momento, las palmas de sus manos, y regrese con la menteal día en que su Obispo las ungió y lo envió a amarnos y servirnos...recuerde las ilusiones, los sueños y los proyectos que tuvoaquel día para congregar a su pueblo y administrarle los sacramentos...Piense en todos los pequeñitos que esas manos han bautizado...piense en todos los niños a quienes estas manos han administrado laPrimera Comunión.

Ahora piense en los centenares de homilías que estas manos hanescrito; palabras elegidas con cuidado y que han tocado tantos corazonesy transformados tantas vidas...
Piense en las innumerables veces que estas manos se han elevadobendiciendo y perdonando en el Sacramento de la Reconciliación.Piense también en todas las Misas que ha celebrado, cuando ha tomado en sus manos ese sencillo pedacito de pan y el vino en el cáliz y los ha transformado en el Cuerpo y la Sangre de Jesús, para luego dárnoslo a nosotros y a todos los fieles que han asistido al sacrificio eucarístico.Piense en todos los retiros, en las misiones, en los días y las noches de renovación que sus manos han preparado... en la música tan preciosa con la que nos deleitó en las asambleas de oración de la Santa Cruz del Pedregal.
Piense en las personas que sus manos han congregado y tocadoy y enviado al mundo después de estas hermosas experiencias, con una nueva comprensión y amor de unos con otros y para nuestra querida Iglesia Católica.
Piense en las veces que sus manos se han alargado paraaferrarse a las nuestras en un afectuoso gesto... Piense enlas veces que las ha unido en oración, para interceder pornosotros, por su pueblo, por sus hermanos.
Piense en las manos jóvenes y nerviosas, que esas manos,que sus manos unieron en el Sacramento del Matrimonio.
Piense en los enfermos de cuerpo y alma que se hanacercado a Ud. en busca de ayuda y que luego se han idocon una esperanza viva en el corazón, después de escucharsus palabras siempre cálidas y llenas de comprensióny amor. Piense en los cuerpos moribundos que susmanos han ungido para el Paraíso.
Pues hoy, querido Padre Anselmo, todos los que le queremos y le agradecemos todo lo que ha hecho por nosotros, queremos nuevamente ungir sus manos con nuestro amor, con el amor de toda su familia católica.
Si algún día siente desaliento o tristeza, por favor recuerde estas palabras.Recuérdelas ahora que está enfermo y postrado en un lecho. Por favor,levante sus manos y mírelas y recuerde cómo ellas han nutrido a milescon el Pan de la Vida, cómo han traído esperanza a nuestras vidas, cómonos han confortado, sanado y acogido una y mil veces en la casa de Dios,en nuestra Iglesia.
Sería fantástico si pudiéramos llevarlo con nosotros al crucero más importante de nuestra ciudad, quizá al Ángel de la Independencia, y gritar desde ahí al mundo: “¡Vengan, escuchen todos, miren, éste es nuestro sacerdote predilecto en el cual todos nos complacemos!”
Esas manos, sus manos querido Pater, son las manos del Sacramento delOrden Sagrado. Nosotros las veneramos y no podríamos vivir nuestra vidasin ellas... sin Ud.
¡Gracias por su servicio devoto y lleno de amor. Estamos tan orgullosos de Ud. que hoy queremos repetirle una y mil veces, QUE USTED ES NUESTRO SACERDOTE PREDILECTO!
Que Dios y la Virgen Santísima lo llenen de bendiciones. Que pronto recupere la salud. Que pronto podamos verle para besar sus manos, las manos del sacerdote de Cristo y de nuestro hermano y amigo.