PEPE ALONSO DESCUBRE FALSEDADES DE LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN

Toda historia tiene varias versiones.

Mi nombre es José Antonio Alonso (Pepe Alonso), presentador del programa televisivo Nuestra fe en Vivo, que se transmite por EWTN Red Católica de Televisión, con sede en Irondale, Alabama.
El pasado martes 13 de Abril, en la sección DE LA PORTADA apareció un articulo del Señor Jorge Ramos titulado “Que explique el papa o renuncie” tratando el tema de los escándalos de la pedofilia (atracción erótica o sexual que una persona adulta siente hacia niños o adolescentes de un mismo sexo, según la Real Academia Española de la Lengua) que han ocurrido en la Iglesia Católica. En este país de la democracia, donde todos tenemos libertad de opinar, según nos parezca, quisiera presentar otras perspectivas del mismo asunto:

Sobre la primera acusación: El caso del P. Peter Hullerman.

Podemos asegurar que el fue de Essen a Munich, Alemania, para recibir tratamiento en 1979. Joseph Ratzinger era el arzobispo de esa diócesis de 1977 a 1982. Se acusa al Cardenal Ratzinger de que en 1980  el P. Hullerman fue reasignado a una parroquia. La arquidiócesis de Munich ha confirmado su posición, según la cual el entonces Arzobispo Ratzinger no conoció de la decisión de reintegrar al P. Hullerman en la pastoral parroquial. Cualquier otra versión de los hechos es “mera especulación”. El entonces Vicario General, monseñor Gerhard Gruber, ha asumido la plena responsabilidad de su propia y equivocada decisión. El Arzobispo Ratzinger no supo de esa decisión.

En Conclusión: “El artículo del The New York Times, en el que el Sr. Ramos basa su acusación,  no contiene ninguna nueva información, aparte de aquella que la arquidiócesis (de Munich) haya comunicado. Lo que nos hace preguntarnos… ¿de donde sacaron el resto?

Segunda acusación: El caso del P. Lawrence Murphy

Artículo escrito por Laurie Goodstein, también en el Periódico New York Times, en el que se asegura que el Vaticano rechazó quitar el estado clerical a un sacerdote que abusaba de niños. Y en el que se plantean las siguientes acusaciones: El cardenal Ratzinger no actuó a tiempo, el juicio se suspendió, el P. Murphy nunca fue castigado y que se manejo todo en secreto.

Mas también hay problemas con el artículo del New York Times.

La principal fuente de información para la Sra. Goodstein son las actas de las reuniones. Son actas redactadas originalmente en italiano que fueron traducidas en la Web usando una aplicación de Yahoo: pésima traducción que cambia el sentido de frases. Esto nunca es mencionado por el New York Times.

Además, los que le proveen las actas a la Sra. Goodstein son dos abogados (Jeff Anderson y Mike Finnegan) que son los principales abogados de juicios contra la Iglesia en EU. Han ganado más de 60 millones hasta ahora, han explicitado su intención de seguir ganando y quieren emprender un juicio contra el Vaticano y el Santo Padre.  Para colmo la otra fuente citada en el articulo es el Arzobispo Weakland, que resulta ser ahora una fuente confiable, luego de haber engañado a todos con su terrible escándalo al haber pagado  $450 000, utilizando los fondos diocesanos tratando negociar el silencio del que fue su pareja en una  relación homosexual. Weakland se jubiló el 24 de mayo 2002.

También se ignoro otras fuentes en este artículo: cartas de obispos que demuestran que se le retiraron las licencias al P. Murphy y se le exigió no usar vestimenta clerical.

Esto nos lleva a hacernos estas preguntas: ¿Realmente no se sabía nada más? ¿Realmente se cree ciegamente en lo que esas fuentes dicen? ¿Realmente se quiere dar una visión objetiva?

El caso: Sólo 20 años después de los abusos se presento el caso a la Congregación para la Doctrina de la Fe y la misma sí aceptó el juicio para la dimisión del estado clerical. Ahora es importante explicar: una cosa es la dimisión del estado clerical y otra la suspensión. El P. Murphy no podía ejercer su sacerdocio en público, no podía celebrar Misa, no podía confesar, no podía hacer pastoral con menores, no podía vestir como clérigo, no podía estar con los sordos, etc. Fue suspendido. Lo que estaba pendiente era el juicio (largo y complejo como suele ocurrir en el sistema judicial) aunque con motivos en este caso, para la dimisión.

Lo que sucedió es que en el año 98, cuando el P. Murphy estaba enfermo y muriendo se suspendió un juicio cuyo trabajo hubiera sido inútil. Además, se contaba con 24 años de aparente buena conducta, viviendo en la casa de su madre, sin haber prosperado ni el juicio civil, no había las facilidades para el complejo trabajo de un juicio, que en las circunstancias del momento, se presentaba como injustificado. El P. Murphy murió 4 meses después. El entonces Cardenal Ratzinger sólo fue informado del caso a finales de los noventa, más de 20 años después de que la investigación civil al pederasta hubiera terminado sin resultados. Luego es obvio que The New York Times ha hecho  "un evidente e innoble intento de golpear, a toda costa, a Benedicto XVI y sus colaboradores", y quienes se basan en esta información van por el mismo camino.

La Sra. Goodstein sostiene que el prefecto y la Congregación primero dieron largas, luego pusieron trabas y finalmente impidieron el proceso contra Murphy. Sin embargo, el examen de los mismos documentos publicados permite descubrir que esa tesis se apoya en una exposición selectiva de los hechos. La Sra. Goodstein no explica por qué llegó el caso Murphy a la Santa Sede. El arzobispo Weakland se dirigió a Ratzinger cuando supo que algunos de los delitos denunciados eran de solicitación, o sea, cometidos en el confesionario. De ahí concluyó que caían bajo la jurisdicción de la Congregación para la Doctrina de la Fe y hacía falta autorización para proseguir. Cualquiera que fuera la razón de que el Cardenal Ratzinger o la Congregación no contestaran pronto, no impidió la apertura del proceso penal contra el P. Murphy, cosa que tampoco menciona la Sra. Goodstein omitiendo datos cruciales. Respecto a al P. Murphy, solo había un informe manuscrito de la trabajadora social que lo entrevistó; pero él mismo negó siempre los hechos, tanto en la fase de investigación como en sus declaraciones una vez citado a juicio.  Por eso, en la reunión del 30-05-1998, el Cardenal Bertone y otros de la Congregación sostuvieron que no había base suficiente para un proceso penal.  El largo tiempo transcurrido, 24 años, sin nuevas denuncias dificultaba mucho probar la solicitación en un juicio, a falta de confesión de parte. Y si no había indicios de abusos desde 1974, el Cardenal Bertone no veía utilidad en las acciones penales contra un acusado que parecía próximo a morir.  La recomendación del Cardenal fue prohibir a Murphy todo ministerio con sordos y conminarle a manifestar arrepentimiento, advirtiéndole que si no lo hacía, se le impondrían sanciones más graves, incluso la exclusión del estado clerical en último caso.  El Cardenal Bertone no andaba descaminado. Como se comprobó antes de que pasaran tres meses, el proceso no se habría podido concluir: el P. Murphy murió el 21-08-1998, por lo que podemos decir que sin el Cardenal Ratzinger no habría historia.

Algo hizo la diócesis, al apartar al P. Murphy de St. John’s. Pero ni la diócesis ni la policía investigaron más para averiguar si El había cometido abusos más recientes o si seguía siendo un peligro para los menores.  El interés de la Sra. Goodstein, sin embargo, parece ser relacionar a Benedicto XVI con algún pasado caso de abusos mal llevado, como en el de Munich. Lo hace con una presentación selectiva de datos que equivale a desinformación.

Tercera Acusación: Ratzinger tenía absoluto conocimiento del caso del sacerdote mexicano, Marcial Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo.

Tratándose de un sacerdote, el Padre Fundador de una orden religiosa, esto adquiere dimensiones trágicas, particularmente para los medios de comunicación, que aprovecharon el escándalo para sacar una nota que pusiera a volar sus “raitings”.

El tema es grave, por supuesto. Pero entonces, seamos parejos: si nos parece grave que suceda con un sacerdote, que a final de cuentas, antes que nada es un ser humano susceptible a equivocarse, entonces tampoco aceptemos que suceda en nuestras familias, o en las de nuestros amigos. Ahora, lo anterior no disculpa ni disminuye la gravedad de los actos del P. Maciel.
“El me dijo que era viudo y que andaba buscando una muchacha para casarse", contó Blanca Estela Lara Gutiérrez al inicio del relato sobre la relación que afirma haber tenido con Maciel, quien se hacía llamar José Rivas o Raúl González. Lara Gutiérrez afirmó que el sacerdote le decía que trabajaba en la empresa petrolífera Shell, que era detective privado y hasta agente de la CIA. Se enteró de la verdadera identidad en 1997 cuando se publicó un artículo en la revista "Contenido" sobre las denuncias de abuso sexual. "Fue cuando yo me enteré de la verdadera historia, de la otra cara", indicó. La relación terminó unos años después. Él tenía un complejo tinglado de mentiras que resguardaban su infinita multiplicación de existencias y personalidades, a cuál más de retorcidas.

Ahora, Señor Ramos, ponga atención a lo siguiente: Se ha dicho que, cuando dirigía la Congregación para la Doctrina de la Fe, el entonces Cardenal Joseph Ratzinger archivó la investigación sobre los abusos cometidos por el P. Maciel. Según el vocero papal, el padre Federico Lombardi, en el año 2006, apenas comenzó el Pontificado de Benedicto XVI, castigó al P. Maciel y le invitó a llevar una vida retirada de oración y de penitencia, lo que a todas luces demuestra que gracias al Papa el proceso "avanzó" y "fue resuelto con seguridad".

El P. Maciel falleció el 30 de enero del 2008 a los 87 años de edad. Cuando el P. Maciel murió en Jacksonville, Florida, tras haber recibido en varias ocasiones los sacramentos de la Iglesia, sólo lo acompañaron unos sacerdotes legionarios, dos señoritas consagradas del Regnum Christi y dos enfermeras locales".

El padre Federico Lombardi, comentó que no se le sometió a un proceso canónico debido a su edad y a su estado de salud, más que esto de ninguna manera significó una absolución y que eso fue clarísimo desde el principio.
El P. Maciel dimitió como líder de la orden en el 2004 tras décadas negando las acusaciones, hasta que el Vaticano decidió que eran ciertas y le sometió a su disciplina. Aún hoy, dirigentes de los Legionarios -e incluso colaboradores estrechos de Maciel- dicen que desconocían por completo la doble vida que llevó durante décadas.

Conclusión. Señor editor, usted estará de acuerdo conmigo en que la verificación de la información es un deber ineludible del periodismo. Pedimos como lectores de este diario que en un futuro, antes de publicar algo de tanta trascendencia, se haga un estudio mucho más profundo de los datos que se nos presentan, para así evitar que el amarillismo y la desinformación sean parte de sus artículos, o si no quien escribe así QUE RENUNCIE.

Atentamente:
José Antonio Alonso
11221 SE 145 Ave.
Miami, Florida 33186
305 382-6620
jalonso@bellsouth.net

  

 
 
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