El matrimonio y la Eucaristía

[La Eucaristía es] el memorial del amor con que [Cristo] nos había amado “hasta el extremo”, hasta el don de su vida. En efecto, en su presencia eucarística permanece misteriosamente en medio de nosotros como quien nos amó y se entregó por nosotros.96

En la Eucaristía, las parejas casadas católicas se encuentran con aquél que es la fuente de su matrimonio. “En este sacrificio de la Nueva y Eterna Alianza los cónyuges cristianos encuentran la raíz de la que brota, que configura interiormente y vivifica desde dentro, su alianza conyugal”.97 El papa Benedicto XVI explica cómo, en la Eucaristía, el significado mismo del matrimonio es transfigurado: “La imagen de las nupcias entre Dios e Israel se hace realidad de un modo antes inconcebible: lo que antes era estar frente a Dios, se transforma ahora en unión por la participación en la entrega de Jesús, en su cuerpo y su sangre”.98

Además, el papa Benedicto señala que el misticismo sacramental que menciona tiene “un carácter social”.99 La Eucaristía “hace la Iglesia” porque “los que reciben la Eucaristía se unen más estrechamente a Cristo. Por ello mismo, Cristo los une a todos los fieles en un solo cuerpo: la Iglesia”.100 En la Eucaristía, los cónyuges encuentran el amor que anima y sostiene su matrimonio, el amor de Cristo por su Iglesia. Este encuentro les posibilita percibir que su matrimonio y su familia no son unidades aisladas, sino que más bien están para acudir en amor a la Iglesia mayor y al mundo del que son viva parte.

El matrimonio manda continuamente al católico creyente a la Eucaristía. Aquí es donde puede expresarse plena y completamente la gratitud que se ha convertido en un hábito vivificante en un matrimonio. “Eucaristía”, después de todo, significa “acción de gracias”. En la Eucaristía uno agradece a Dios Padre por su supremo don, el don de su Hijo resucitado, quien, a su vez, confiere con máxima plenitud la vida y el amor divino del Espíritu Santo.

El matrimonio es una escuela de gratitud. Al celebrar el sacramento del matrimonio, “los cónyuges cristianos profesan su gratitud a Dios por el bien sublime que se les da de poder revivir en su existencia conyugal y familiar el amor mismo de Dios por los hombres y del Señor Jesús por la Iglesia”.101

La procreación y educación, el servicio básico e irreemplazable de la familia a la sociedad, son parte de una formación en el amor y una formación para el amor que es una participación en la edificación del Reino de Dios.102 Tal como la Iglesia es un “sacramento. . . de la íntima unión con Dios y de la unidad de todo el género humano”,103 el matrimonio cristiano y la familia contribuyen a la unidad de la humanidad y a la comunión de la humanidad con Dios.

Por ejemplo, puesto que la Eucaristía “entraña un compromiso en favor de los pobres”,104 así la hospitalidad del matrimonio cristiano se ensancha como un compromiso con la “opción preferencial por los pobres”105 al educar a cada miembro de la familia para que reconozca la imagen de Dios en cada persona, incluso en el más humilde. Por lo tanto, la virtud natural de la hospitalidad matrimonial se nutre y se forma más ampliamente incluso con la vida eucarística de los cónyuges.

Su hospitalidad, a su vez, edificará la Iglesia, haciendo de la Iglesia un lugar más hospitalario o parecido a un hogar106 y con ello dando un testimonio más sólido aún del amor de Cristo en el mundo. Así, “la familia cristiana, cuyo origen está en el matrimonio, que es imagen y participación de la alianza de amor entre Cristo y la Iglesia, manifestará a todos la presencia viva del Salvador en el mundo y la auténtica naturaleza de la Iglesia”.107


96 CIC, núm. 1380.

97 FC, núm. 57.

98 Papa Benedicto XVI, Deus es amor (Deus Caritas Est [DCE]) (Washington, DC: USCCB, 2006), núm. 13.

99 DCE, núm. 14.

100 CIC, núm. 1396.

101 FC, núm. 56.

102 FC, núm. 50.

103 LG, núm. 1.

104 CIC, núm. 1397.

105 FC, núms. 47, 64.

106 FC, núm. 64.

107 GS, núm. 48.

 
 
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