PRIMERA PARTE:
El matrimonio en el orden de la creación
La institución natural del matrimonio
¿Qué es el matrimonio?
El matrimonio es una alianza para toda la vida de la totalidad de la vida, de fi delidad mutua y exclusiva, establecida por mutuo consentimiento entre un hombre y una mujer, y ordenada hacia el bien de los cónyuges y la procreación de la prole. 6 Como nos recuerda el Concilio Vaticano II, el matrimonio no es una institución puramente humana: “Fundada por el Creador y en posesión de sus propias leyes, la íntima comunidad conyugal de vida y amor se establece sobre la alianza de los cónyuges. . . Pues es el mismo Dios el autor del matrimonio”.7 Además, Dios ha dotado al matrimonio de ciertos atributos esenciales, sin los cuales el matrimonio no puede existir como es la intención divina.
La Iglesia ha enseñado a través de los siglos que el matrimonio es una relación exclusiva entre un hombre y una mujer. Esta unión, una vez válidamente contraída y consumada, da lugar a unlazo que no puede ser disuelto por la voluntad de los cónyuges.8 El matrimonio así creado es un ámbito de intimidad fiel y privilegiada entre los cónyuges que dura hasta la muerte.
Sin embargo, el matrimonio no es simplemente una institución privada. Es el fundamento de la familia, donde los hijos aprenden los valores y virtudes que harán buenos cristianos así como buenos ciudadanos. La importancia del matrimonio para los hijos y para la educación de la siguiente generación pone de relieve la importancia del matrimonio para toda la sociedad.
El amor conyugal, el amor propio del matrimonio, está presente en el compromiso del don completo y total de sí mismos entre marido y mujer. El amor conyugal establece una comunión única de personas a través de la relación de un mutuo darse y recibir entre marido y mujer, una relación por la cual “el hombre abandonará a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer y serán los dos una sola cosa [carne]” (Gn 2:24).
El Concilio Vaticano II habla sobre el amor conyugal con palabras de gran belleza:
El Señor se ha dignado sanar este amor, perfeccionarlo y elevarlo con el don especial de la gracia y la caridad. Un tal amor, asociando a la vez lo humano y lo divino, lleva a los esposos a un don libre y mutuo de sí, comprobado por sentimientos y actos de ternura, e impregna toda su vida; más aún, por su misma generosa actividad crece y se perfecciona.9
Como examinará la Segunda Parte de esta carta pastoral, en el amor conyugal se puede vislumbrar cómo Cristo ama a su Iglesia (Ef 5:25).
6 Véanse Catecismo de la Iglesia Católica, segunda edición (CIC) (Washington, DC: Libreria Editrice Vaticana–USCCB, 2001), núm. 1601; Código de derecho canónico (Codex Iuris Canonici) (CDC) (www.vatican.va/archive/cdc/index_sp.htm), cc. 1055.1, 1056-1057; Código de Cánones de las Iglesias Orientales (Codex Canonum Ecclesiarum Orientalum) (CCIO) (www.vatican.va/holy_father/john_paul_ii/apost_constitutions/ documents/hf_jp-ii_apc_19901018_index-codex-can-eccl-orient_lt.html), c. 776 §§1, 3, y c. 817.
7 Concilio Vaticano II, Constitución sobre la Iglesia en el mundo actual (Gaudium et Spes [GS]) (www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_ 19651207_gaudium-et-spes_sp.html), núm. 48.
8 CDC, cc. 1056, 1134, 1141; CCIO, cc. 776 §3, 853.
9 GS, núm. 49.