El matrimonio realizado en el Reino de Dios
Un matrimonio que vive verdaderamente en Cristo, un matrimonio sobre el cual su escuela de gratitud y apertura ha dejado su marca de gozo y calor, es un signo del Reino que está llegando. Es una bendición para la pareja, para sus hijos, y para todos los que los conocen. Ofrece un signo de esperanza y un amoroso testimonio de la dignidad humana en un mundo en que la esperanza parece muchas veces ausente y en que la dignidad humana suele ser degradada. Es un signo del Reino porque el amor de Cristo mueve a la pareja casada a alturas de amor cada vez más grandes.
El amor matrimonial cristiano es una preparación para la vida eterna. Al final de los tiempos, el amor al que los cónyuges han sido llamados encontrará su plenitud cuando la Iglesia entera se suma en la gloria del Cristo resucitado. Entonces la Iglesia será verdaderamente ella misma, pues experimentará plenamente el amor de su esposo que se da a sí mismo: Jesucristo el Señor.
Ésta es la gloriosa cena nupcial del Cordero, al que el Espíritu y la Esposa dicen “¡Ven!” (Ap 19:9, 22:17). Tal como Cristo proclamó una vez la grandeza del matrimonio con su presencia en la fiesta nupcial en Canaán, así ahora, en el banquete nupcial celestial, el matrimonio y todas las bendiciones del Espíritu Santo, dadas a nosotros por el Padre a través de Cristo, su Hijo, encontrarán su consumación última porque estaremos en unión perfecta con Dios.