EL CATECUMENADO

Durante la época de las persecuciones, los que se convertían eran inmediatamente bautizados e incorporados a la comunidad. Después del edicto de libertad de Constantino (año 313), las conversiones fueron cada vez más numerosas, aunque algunas veces no eran sinceras. Por eso, se organizó un tiempo de preparación al bautismo, que duraba unos tres años. Los aspirantes se reunían semanalmente para recibir la instrucción. La Cuaresma era vivida de una manera especial; ya que, una vez concluida su preparación, se disponían a recibir el bautismo en la Vigilia Pascual. El domingo primero, se inscribían sus nombres en un libro especial. A partir de ese momento, tenían catequesis diarias. Los domingos tercero, cuarto y quinto tenían lugar los «escrutinios», que eran unciones prebautismales y oraciones. Además, se les explicaba el credo, el padre nuestro y los evangelios (en las llamadas «traditio» o «entregas»). Más tarde, tenían que devolverlos a la comunidad, recitando públicamente el credo, el padre nuestro y una fórmula de adhesión a las enseñanzas de los evangelios (las llamadas «redditio» o «devoluciones»). El Sábado Santo por la mañana, recibían la última unción y profesaban la fe en Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo. Esa misma noche eran bautizados. A partir del s. VI, los bautismos de adultos se hicieron cada vez más raros y se generalizaron los bautismos de niños, por lo que se modificó la organización prebautismal. Los exorcismos pasaron de tres a siete y de los domingos a los días feriales, por lo que también se cambió el orden de las lecturas y oraciones de las misas.

 

 
 
Imprimir esta pagina