EVOLUCIÓN DE LA CUARESMA

La liturgia prepascual terminó siendo el resultado de la unión de todos estos elementos, unas veces de forma armónica y otras no:

1.      Los ritos relacionados con el catecumenado, que preparaba a los candidatos para la recepción del bautismo.

2.      Los propios de la reconciliación de los penitentes, que disponía a los bautizados que habían pecado para recibir el perdón.

3.      La generalización de algunas conmemoraciones historicistas propias de Jerusalén y de las celebraciones estacionales romanas.

4.      Los desarrollados por la piedad de los fieles, al margen de la liturgia oficial, que no entendían y en la que muchos no participaban.

De esta manera, el primitivo esquema cuaresmal fue evolucionando.

La «Semana mayor» tomó el nombre de «Semana de Pasión», viviendo su momento culminante el Viernes Santo, pasando la Pascua a segundo término. Desde el S. VII encontramos dos «Semanas de Pasión» (las antiguas quinta y sexta de Cuaresma). La hora de celebración de la Vigilia Pascual se fue adelantando, hasta pasarse en el s. XII a la mañana del sábado (llamado, con el tiempo, «Sábado de Gloria»). Independientemente de la misa de reconciliación de los penitentes, que tenía lugar el jueves por la mañana, se introdujo otra vespertina, para conmemorar la institución de la Eucaristía. Más tarde, se añadió una tercera, para consagrar los óleos. Por último, la misa vespertina pasó a la mañana y se unificaron las tres en una sola. De esta manera, el Triduo Santo se desplazó del viernes, sábado y domingo iniciales, al jueves, viernes y sábado. Finalmente, el tiempo que transcurría entre el ciclo de Epifanía y el de Pascua, terminó constituyéndose en una precuaresma de tres semanas (tiempo de Septuagésima), una Cuaresma de cuatro semanas y un tiempo de Pasión de dos semanas (Semana de Pasión y Semana Santa). Las tres etapas tenían varios elementos en común, como el uso de las vestiduras moradas y la eliminación del aleluya y de otras partes festivas de la liturgia. Todo iba encaminado hacia la celebración del Viernes Santo, verdadero culmen del año litúrgico, como se puede ver en los libros de liturgia anteriores al Vaticano II.

Entre 1951 y 1955, Pío XII realizó una primera revisión y reforma de la Semana Santa en el rito latino, reintroduciendo la Vigilia Pascual el sábado por la noche y las celebraciones del Jueves y Viernes Santo por la tarde, por lo que los «oficios de tinieblas» pasaron a las mañanas de sus días naturales. La reforma litúrgica de 1969 ha simplificado las costumbres y ha reinstaurado la Cuaresma original, que va del Miércoles de Ceniza al Jueves Santo por la tarde, antes de la celebración de la Eucaristía de la Cena del Señor.

 

 
 
Imprimir esta pagina