LA SEMANA SANTA JEROSOLIMITANA

 Durante la época de las persecuciones, el culto cristiano era muy sencillo (y, normalmente a escondidas. Prácticamente se limitaba a la Misa dominical, la celebración anual de la Pascua y otros encuentros de oración). A partir del s. IV, en Jerusalén comenzaron a hacerse celebraciones separadas durante los días anteriores a la Pascua y en otras fechas. Los cristianos de la ciudad y los numerosos peregrinos que acudían de fuera, recordaban los acontecimientos decisivos del cristianismo en los mismos escenarios donde tuvieron lugar, siguiendo la distribución espacial y temporal de los evangelios. El sábado anterior a la Semana Santa se visitaba el sepulcro de Lázaro, al día siguiente se tenía una procesión con ramos, más tarde se hacía memoria de la traición de Judas. Los tres últimos días tomaron el nombre de «Triduo Santo de la pasión, muerte y resurrección del Señor». El viernes se veneraba la reliquia de la Cruz. El sábado pasaban la jornada orando los Salmos y leyendo textos de la Escritura. Hasta entonces, se unía la memoria de la muerte, sepultura y resurrección en la Vigilia Pascual. Pero, al surgir celebraciones específicas de la pasión y muerte de Cristo, la Vigilia Pascual se centró en su resurrección. Los peregrinos, al regresar a sus casas, establecieron las costumbres de Jerusalén.

 

 
 
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