El amor de Dios y el amor hacia nuestro prójimo han llegado a ser uno:
en el más pequeño de nuestros hermanos encontramos al Mismo Jesús,
y en Jesús encontramos a Dios.

Apreciable Amigo del Sagrado Corazón,

Un viejo anciano harapiento subía por la calle lentamente acercándose a la casa de mi familia. Yo observaba mientras mi madre abría la puerta. Ella recibió a Bill por su nombre y lo invitó a pasar. “El se paró apenas dentro de la puerta mientras mi madre iba a la cocina y le preparaba dos emparedados. “El los aceptó muy agradecido así como también unas cuantas monedas que mi madre le regalaba.

Cuando ella se dio cuenta que yo estaba observando, me jaló hacia ella y me dijo: “No importa que tan poco poseamos, nosotros siempre tenemos suficiente para compartir con el pobre. Tratémoslos de la misma manera que trataríamos a Jesús.”

Cuando leí las palabras de arriba de la encíclica del Papa Benedicto sobre el amor, recordé este incidente de mi niñez. El Santo Padre nos recuerda que Jesús nos ha llamado a tener un corazón que vea donde se necesita amor y que actuemos debidamente.”

Dios vio que necesitábamos amor y “El nos envió a Su Hijo que nos amó hasta el punto de dar Su vida por nosotros. Nosotros vemos ese amor de una manera especial en Su Sagrado y amoroso Corazón el cual fue traspasado en la Cruz.

Hoy es una ocasión buena para darle gracias a Dios por Su amor. Pidámosle la gracia necesaria para que veamos a Su imagen en todos nuestros hermanos y hermanas, especialmente en los más necesitados. Oremos por un incremento en nuestro amor por Dios y por nuestro prójimo.

Que nuestro amoroso Padre en el cielo le haga firme en fe, alegre en esperanza y eficaz en la caridad, hoy y en todos los días de su vida.

Sinceramente en Cristo,
Padre Paul, SCJ

 
 
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