La Hora de la Misericordia

En octubre de 1937 en Cracovia (Polonia) el Señor Jesús encomendó adorar la hora de su muerte. Aunque sea por un momento rezando alegar los valores y méritos de Su Pasión.

“Cuantas veces oigas el reloj dando las tres, sumérgete totalmente en Mi misericordia, adorándola y glorificándola; suplica su omnipotencia para el mundo entero (...) En esta hora puedes obtener todo lo que pidas para ti y para los demás. En esta hora se concerdió la gracia para el mundo entero: la misericordia triunfó sobre la justicia. (...) en esa hora procura rezar el Vía Crucis, y si tus obligaciones te lo permitirán; y si no puedes rezar el Vía Crucis, por lo menos entra un rato en la capilla y honra mi corazón, que está lleno de misericordia en el Santísimo Sacramento; y, si no puedes pasar por la capilla, sumérgete en oración, allí donde estés, aunque sea por un brevísimo instante. Exijo el culto a Mi misericordia de cada criatura” (Diario, 1572).

“En la cruz, la Fuente de Mi misericordia fue abierta de par en par por la lanza, para todas las almas; no he excluido a nadie” (Diario, 1182).

 
 
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