Si conocieras el Don de Dios... Si Scires Donum Dei...
En la Eucaristía tenemos a Jesús, tenemos su sacrificio redentor, tenemos su resurrección,
tenemos el don del Espíritu Santo, tenemos la adoración, la obediencia y el amor al Padre.
Si descuidáramos la Eucaristía, ¿cómo podríamos remediar nuestra indigencia?
—Juan Pablo II
caliz

Mártir por amor a la Eucaristía

Unos meses antes de morir el Obispo Fulton J. Sheen fue entrevistado por la televisión nacional: "Obispo Sheen, usted inspiró a millones de personas en todo el mundo. ¿Quién lo inspiró a usted? ¿Fue acaso un Papa?". El Obispo Sheen respondió que su mayor inspiración no había sido un Papa, ni un Cardenal, u otro Obispo, y ni siquiera fue un sacerdote o una religiosa. Fue una niña china de once años de edad.

hostia

“¡Es la hora de la Eucaristía! Es el Kairós, pues es la hora de Cristo y en la Eucaristía tenemos a Jesús y todo el misterio de salvación. Juan Pablo II dijo que no hay ningún riesgo de exageración en el culto dado a este misterio pues es a Jesús mismo a quien se dirige. Pienso que podemos emprender la "revolución profunda", la de los corazones y de la sociedad.”
— P. Nicholas Buttler, Fundador de la Fraternidad Eucharistein

Explicó que cuando los comunistas se apoderaron de China, encarcelaron a un sacerdote en su propia rec-toría cerca de la Iglesia. El sacerdote observó aterrado desde su ventana como los Comunistas penetraron en la iglesia y se dirigieron al santuario. Llenos de odio profanaron el tabernáculo, tomaron el copón y lo tiraron al suelo, esparciendo las Hostias Consagradas. Eran tiempos de persecución y el sacerdote sabía exactamente cuantas Hostias contenía el copón: treinta y dos.

Cuando los comunistas se retiraron, tal vez no se dieron cuenta, o no prestaron atención a una niñita que rezaba en la parte trasera de la iglesia, que vio todo lo ocurrido. Esa noche la pequeña regresó y, evadiendo la guardia apostada en la rectoría, ingresó a la iglesia. Ahí hizo una Hora Santa de oración—un acto de amor para reparar el acto de odio. Después de su hora santa, se adentró en el santuario, se arrodilló, e inclinándose hasta el piso, recibió con su lengua a Jesús en la Sagrada Comunión.

La pequeña volvió cada noche, haciendo su Hora Santa y recibiendo a Jesús Sacramentado en su lengua. En la trigésima segunda noche, después de haber consumido la última Hostia, accidentalmente hizo un ruido que despertó al guardia. Éste corrió tras de ella, la asió de un brazo y la golpeó hasta darle muerte con la culata de su rifle.Este heroico acto de martirio fue presenciado por el sacerdote mientras miraba, sumamente abatido, desde la ventana de su cuarto convertido en celda.

 Cuando el Obispo Sheen escuchó el relato, se sintió tan inspirado, que prometió a Dios que haría todos los días una Hora Santa de oración frente a Jesús Sacramentado hasta el fin de sus días. Si  aquella pequeñita pudo dar testimonio con su vida de la hermosa Presencia Real de su Salvador en el Santísimo Sacramento, entonces el obispo se veía obligado a hacer lo mismo. Su único deseo a partir de entonces sería, atraer el mundo al Corazón Ardiente de Jesús en el Santísimo Sacramento.

La pequeña le enseñó al Obispo el auténtico valor y el celo que se debe tener por la Eucaristía; cómo la fe puede sobreponerse a todo miedo y cómo el amor verdadero a Jesús en la Eucaristía debe trascender a la vida misma.

Lo que se esconde en la Hostia Santa es la gloria de Su amor. Todo lo creado es un reflejo de la realidad suprema que es Jesucristo. El sol en el cielo es tan solo un símbolo del hijo de Dios en el Santísimo Sacramento. Por eso es que muchas custodias imitan los rayos de sol. Como el sol es la fuente natural de toda energía, el Santísimo Sacramento es la fuente sobrenatural de toda gracia y amor.

¡JESUS en el Santísimo Sacramento es la Luz del mundo!

flores

El hombre ha sido creado para la felicidad eterna y verdadera, que sólo el amor de Dios puede dar. Pero nuestra libertad herida se perdería si no fuera posible experimentar, ya desde ahora, algo del cumplimiento futuro. Por otra parte, todo hombre, para poder caminar en la dirección correcta, necesita ser orientado hacia la meta final. Esta meta última, en realidad, es el mismo Cristo Señor, vencedor del pecado y la muerte, que se nos hace presente de modo especial en la Celebración eucarística. De este modo, aún siendo todavía como « extranjeros y forasteros » (1 P 2,11) en este mundo, participamos ya por la fe de la plenitud de la vida resucitada. El banquete eucarístico, revelando su dimensión fuertemente escatológica, viene en ayuda de nuestra libertad en camino.

Sacramentum Caritatis, §30.

(Tomado de www.corazones.org)

 
 
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