Pan, Cáliz, Cuerpo, Sangre
El pan y el vino se convierten en el verdadero Cuerpo y Sangre de Cristo durante la oración Eucarística de la Santa Misa. El Espíritu Santo hace este milagro en presencia de los fieles, los cuales acompañan la oración del sacerdote en silencio y con himnos.
El creer en la presencia real de Cristo en la Santa Eucaristía es central a la Fe Católica. En el pasado, algunos han dudado esta verdad, pero la Iglesia siempre ha respondido con una convicción inquebrantable, la cual esta fundada en la Biblia. “Este es mi cuerpo. Esta es mi sangre.” (Mateo 26:26-28). “El pan que yo les daré es mi carne por la vida del mundo” (Juan 6:51). “Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida” (Juan 6:55). “El que coma mi pan vivirá para siempre” (Juan 6:58). “Pues cada vez que coméis de este pan y bebéis de esta copa, anunciáis la muerte del Señor, hasta que venga” (1 Corintios 11:26).
La palabra “pan” en estos pasajes de las Escrituras no disminuye nuestra fe de que el pan es el Cuerpo de Cristo. La Liturgia también usa “pan y cáliz” para referirse al Cuerpo y Sangre de Cristo. La aclamación memorial C nos hace cantar, “Cuando comemos este pan y bebemos de este cáliz”. La oración Eucarística IV reza por “todos los que compartirán este pan y este cáliz”. La primera oración eucarística de las Misas con los niños nos ofrece “el pan que nos da vida, y el cáliz que nos salva. El “Cordero de Dios” acompaña el ritual que el Sacramentario llama “el partir el pan”. Algunos de nuestros himnos también se refieren al pan y al vino, pero en el contexto de la Misa el significado permanece verdadero a las enseñanzas Católica. Lo que nosotros comemos y bebemos es el Cuerpo y Sangre de Cristo.