Liturgia de la Eucaristía
Rito de las Ofrendas
Presentamos el pan y el vino que se transformarán en el Cuerpo y la Sangre de Cristo. Al mismo tiempo se realiza entre los fieles la colecta en favor de toda la Iglesia. Los fieles permanecen sentados, pero es cuando más activos deben estar.
El sacerdote ofrece a Dios junto con el pan la suma de todas las pequeñas cosas que los presentes pongamos interiormente en la patena (el pequeño plato donde está el pan): las horas de trabajo y estudio, las mortificaciones, alegrías, planes y proyectos.
Las Gotas de agua en el vino
Antes de ofrecer el vino, el sacerdote derrama unas gotas de agua en el cáliz. Esta mezcla significa la unión de Cristo con Su pueblo, con nosotros. En la Cruz, después de morir y ser traspasado por la lanza, del Costado abierto de Cristo manaron sangre y agua. El agua representa a la Iglesia y los sacramentos nacidos del Corazón de Jesús. Haz una breve oración interior ofreciendo tu vida a Dios.
El sacerdote se lava las manos
De pie a un lado del altar, el sacerdote se lava las manos, diciendo en secreto: “Lava del todo mi delito, Señor, limpia mi pecado.”
Con este gesto, el Sacerdote pide a Dios que al igual que el agua limpiará sus manos de pequeñas impurezas, del mismo modo el Señor limpie su alma de toda suciedad. Aprovecha el momento para pedirle tú también a Dios que lave tu alma de toda culpa.
Prefacio
El Prefacio en el que “la Iglesia da gracias al Padre, por Cristo, en el Espíritu Santo, por todas sus obras, por la creación, la redención y la santificación. Toda la asamblea se une entonces a la alabanza incesante que la Iglesia celestial, los ángeles y todos los santos cantaban al Dios tres veces santo.
El Sacerdote nos dice: “EL SEÑOR ESTÉ CON VOSOTROS” y contestamos: “Y CON TU ESPÍRITU”.
“LEVANTEMOS EL CORAZÓN”, — “LO TENEMOS LEVANTADO HACIA EL SEÑOR”. Sí, queremos levantarlo hasta el Cielo para unirnos a todos Santos y bienaventurados que ya gozan de él.
“DEMOS GRACIAS AL SEÑOR NUESTRO DIOS”. Es el fin de toda Misa.. — “ES JUSTO Y NECESARIO” Y a continuación el Sacerdote expone argumentos, motivos por los que damos gracias a Dios.
Santo, Santo, Santo...
Canto de alabanza y adoración de la Iglesia triunfante en el cielo, donde perpetuamente se le da honor a Dios y nosotros nos unimos como Iglesia peregrina en la tierra. Con la creación entera alabamos a Dios que es Santo, que es el único Dios, reconocemos que es el Primero en la tierra y en el Cielo. Y así nos unimos a los que ya alaban a Dios en el Cielo.
Epíclesis
El celebrante extiende sus manos sobre el pan y el vino e invoca al Espíritu Santo, para que por su acción los transforme en el cuerpo y la sangre de Jesús. En este momento, los fieles nos ponemos de rodillas. ¡Con este gesto queremos adorar a Jesús que viene!
Consagración
Este es el momento más importante de la Misa.
El sacerdote “presta” ahora su voz y sus manos a Jesús. Y Jesús es Dios. Un día dijo: “Hágase la luz”, y se hizo; “que haya lumbreras en el firmamento...” y se hicieron las estrellas. Ahora dice: “Esto es mi cuerpo...” y ese trozo de pan se convierte en su Carne. Y nosotros decimos en nuestro corazón, como le dijo Santo Tomás: “Señor mío y Dios mío...” “Este es el cáliz de mi Sangre...” Y nosotros decimos en nuestro corazón: “Por tu Preciosísima Sangre nos has salvado, Señor.”
Yo soy el Pan Vivo, bajado del cielo. Si uno come de este pan, vivirá para siempre y el pan que yo le voy a dar, es mi carne por la vida del mundo.Juan 6: 51
Aclamación
“¡Anunciamos tu muerte, proclamamos...”
Con entusiasmo, con el corazón puesto en el altar, en Jesús Nuestro Señor, aclamamos el misterio central de nuestra fe. Y es que ante nuestros ojos se ha realizado una vez más el memorial de la Pasión, muerte y Resurrección de Jesucristo.
Intercesión
Ofrecemos este sacrificio de Jesús en comunión con toda la Iglesia. Pedimos por el Papa, por los obispos, por todos los difuntos, por nosotros y por toda la humanidad. El sacrificio de Cristo en la Cruz fue para salvar al mundo entero y en cada Misa pedimos que el mundo entero se salve.
Doxología
El sacerdote ofrece al Padre el Cuerpo y la Sangre de Jesús: “Por Cristo, con Él y en Él, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos.”
Los fieles respondemos al unísono: “¡Amén!”
Padrenuestro
Dios Padre está especialmente pendiente a todo lo que le decimos. ¡Cuánto más en este momento en que le hemos ofrecido el Cuerpo y la Sangre de Su Hijo Jesús! Por eso rezamos ahora, con Jesucristo, el Padrenuestro. Y lo queremos rezar como los Apóstoles que le dijeron a Jesús: “Maestro, enséñanos a orar...” El les enseñó esta bella oración. Fíjate bien en las siete peticiones que contiene.
La Paz
Antes de comulgar, el sacerdote nos invita a darnos unos a otros la paz. Jesús nos perdonó primero y quiere que nosotros hagamos lo mismo con los demás. Si en ese momento recuerdas a alguien con quien has tenido alguna dificultad, piensa en esa persona cuando des a tu vecino o vecina de asiento “la paz.”
Esta es la paz que solo nos da El Señor y que debemos compartir con la comunidad, como miembros de la Iglesia.
Comunión
“Este es el Cordero de Dios...” Antes de la Comunión, el sacerdote nos muestra a Jesús, Su Cuerpo y Su Sangre. Fija tu mirada en él y dile con humildad: “Señor, yo no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra Tuya bastará para sanarme”. Piensa un momento en tu corazón, ¿de qué necesitas ser sanado hoy? ¿Qué herida te impide amar a tu prójimo como Dios te pide que lo ames?
Llenos de alegría nos acercamos a recibir a Jesús, Pan de vida. Aprovecha este momento para hacer un acto de fe, de adoración y de humildad, para tener un momento de intimidad con tu Dios y Señor que vive en ti.
Hemos recibido el Pan del cielo que alimenta la fe, consolida la esperanza y fortalece el amor. Te rogamos Señor que nos hagas sentir hambre de Cristo, Pan vivo y verdadero y que nos enseñes a vivir constantemente de toda palabra que sale de tu boca.
Oración Final
Después de haber adorado al Señor y darle gracias por haber venido a nuestro corazón, el Sacerdote ora al Padre a nombre de todos los que tuvimos la dicha de celebrar la Misa y le pide que nos dé las gracias que necesitamos para vivir fielmente nuestra fe.
Ritos de Despedida
Bendición y Envío
Recibimos la bendición del sacerdote que la invoca sobre nosotros en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. A esto respondemos: “Amén”.
Asimismo nos envía a vivir la fe sirviendo a Dios en nuestros hermanos.
"OYE TU PROXIMA MISA, COMO SI FUERA LA PRIMERA DE TU VIDA; COMO SI FUERA LA ÚLTIMA DE TU VIDA (UN DIA SERA LA ÚLTIMA, Y PUEDE SER ÉSTA); COMO SI FUERA LA UNICA DE TODA TU VIDA".