Ritos Iniciales

Procesión de Entrada

Llegamos al templo y nos disponemos para celebrar el misterio más grande de nuestra fe. Acompañamos la procesión de entrada cantando con alegría.

Beso al Altar

Nos disponemos a iniciar la celebración cuando entra el Sacerdote, hace una genuflexión, sube al Altar, presidido por un Crucifijo y lo besa, porque representa a Cristo y ahí se hará presente en unos momentos. El Cielo entero se abre con la Santísima Trinidad para contemplar el sacrificio que se va a realizar. Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo se asoman para escuchar con interés cada palabra del Sacerdote y también tu oración.

La Señal de la Cruz

 La Misa comienza con la señal de la cruz, símbolo del cristiano que indica nuestra fe en la Trinidad, la cual debe de ir acompañada internamente de la deliberada y consciente confesión de nuestra fe.

Después, el sacerdote abre los brazos en señal de saludo, con uno saluda a Dios y con otro al pueblo. Las frases que pronuncia significa la unión entre el sacerdote y el pueblo: “El Señor esté con vosotros” - Y con tu espíritu”. Así recordamos que Cristo está con nosotros. Jesús está vivo y es quien ofrecerá el sacrificio a Dios por medio del sacerdote.

Acto Penitencial

El sacerdote junta las manos en señal de humildad, se hace el primer silencio de la Misa, silencio de reflexión ante la invitación del sacerdote a arrepentirnos. Entonces decimos: “Yo confieso ante Dios Todopoderoso... por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa...” Los Golpes de pecho son una expresión externa de sentir la pena de haber ofendido a Dios, el arrepentimiento y el deseo de no pecar más, de volver a Dios,  de convertirme.
¡Es El Señor que toca la puerta de tu corazón! ¡Arrepiéntete para que entre y se quede contigo!

 ¡Señor, ten piedad!

El ciego Bartimeo gritó así al Señor: “¡Jesús, Hijo de David, ten piedad de mí!” (Mc. 10,47). No tenía con qué pagarle el favor de curarlo, le pedía que lo hiciera por compasión, por misericordia, por amor... Con esa misma actitud nosotros hemos de suplicar el perdón de Dios y decir con voz alta y fuerte: ¡Señor, ten piedad!

Gloria a Dios...

Con este himno alabamos a Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo reconociendo su santidad, al mismo tiempo que nuestra necesidad de Él.  Esta alabanza la hacemos todos los domingos, excepto los de Cuaresma y Adviento. Inicia con las palabras que cantaron los ángeles cuando el Hijo de Dios nació en el establo de Belén y lo anunciaron a los pastores: “Gloria a Dios en el Cielo y en la tierra paz a los hombres...”

Oración Colecta

Es la oración que el sacerdote hace a Dios Padre en nombre de toda la asamblea. En ella recoge todas las intenciones de la comunidad. Por eso, en silencio presenta tus intenciones al Señor, tu acción de gracias y tu deseo de amarlo cada día más.

 
 
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