Historia de Isaac María
Mi hija tendrá un hermano en el cielo

Por Andreas May.
(Traducción de “My daughter will have a brother in Heaven”)

Querida Elisabet:

Pasarán varios años antes de que seas capaz de leer y entender esta carta. Para entonces tendrás ya un hermanito en el cielo. Pero permíteme que te cuente la historia desde el principio.

En Marzo de 2005 tu madre se quedó embarazada. Ambos, tu madre y yo queríamos tener otro niño para que pudieras tener un hermano o hermana para que crecierais juntos. Pero si te voy a ser sincero, ambos habríamos preferido esperar varios meses más. Sin embargo, muy pronto, incluso antes de que conociéramos la verdad, nos quedó claro a ambos que era la voluntad de Dios que tu madre se quedara embarazada en ese momento. Estábamos muy contentos y llenos de sueños para tu hermano o hermana.

El 22 de Junio, el ginecólogo nos llamó pidiéndonos que fuéramos a verle cuanto antes a su consulta. Allí nos explicó que el embrión era probablemente anencéfalo.

La anencefalia es una malformación fatal caracterizada por la ausencia de la bóveda craneal. Los hemisferios cerebrales están ausentes o quedan reducidos a pequeñas masas atróficas adheridas a la base del cráneo. La incidencia de anencefalia en niños nacidos vivos en los Estados Unidos es de 3 entre cada 10.000 nacimientos. En la mayoría de los casos, el niño muere algunos minutos u horas más tarde, si bien en algunos casos puede llegar a vivir algunos días fuera de seno materno, que le ha protegido hasta ese momento.

Tras darnos el diagnóstico preliminar, el ginecólogo nos contó que la anencefalia era la única situación en la cual él contemplaría como opción el aborto, pero que de todas formas, si nosotros decidíamos seguir adelante con el embarazo, nos ayudaría hasta el final. Más aun, nos explicó todos los detalles importantes de esta gestación: por ejemplo, que el parto sería probablemente por cesárea.

De vuelta a casa, ya en el coche, le dije a tu madre que apoyaría su decisión fuera ésta la que fuera. La mañana siguiente, llegó la confirmación definitiva tras la realización de una ecografía de alta resolución. Ésta mostró de forma definitiva que tu hermano era un caso típico de anencefalia. Además, nos mostró que era un niño.

Ahora ya no cabía ninguna duda y había que tomar una decisión. Tu madre optó desde el primer momento por continuar adelante con la gestación. Yo no lo tenia tan claro y al principio, no tenia una opinión formada al respecto. Hablamos el uno con el otro, con tus abuelos, consultamos la opinión de la Iglesia y más personas... pero la decisión final llegó tras la oración personal.

Ambos, tu madre y yo, teníamos cada uno nuestra propia historia: para tu madre, Ana, las lecturas bíblicas del día le decían muy claramente que la gestación debía continuar y conducir al nacimiento del niño. Por mi parte, yo trataba de entender lo que “No matarás” quería decir, hasta que comprendí claramente de parte de Jesús que Él nunca mata. Entonces me quedó claro que si Jesús nunca mataría a un ser humano, ¿cómo podríamos entonces matar nosotros a Isaac María?

Isaac Maria, el nombre de tu hermano, también tiene su propia historia: tu madre y yo decidimos mucho antes de que tú nacieras que nuestro primer hijo llevaría el nombre Isaac, como referencia al hijo prometido a Abraham. Como Abraham, yo abandoné mi país ya mayor (40 años) con la esperanza de encontrar la tierra prometida en España. Ni tu madre ni yo habríamos imaginado que el paralelismo entre Abraham y yo llegara a ser tan estrecho. Dios pidió a Abraham ofrecerle el hijo de la promesa como sacrificio (Génesis, 22). De una forma parecida, Dios nos pidió a nosotros ofrecerle la vida de tu hermano, porque como sabíamos, tu hermano moriría poco después de nacer.

Elisabet, para serte sincero, en este momento estoy a punto de llorar. La vida no nos es siempre fácil, perno sabemos que es la voluntad de Dios. Por ello, tenemos paz y fortaleza porque sabemos que todas las cosas son buenas para aquellos que Dios ama (Romanos 8,28).

Personalmente, tengo que confesarte que lo pasé mal hace varios meses cuando dudé si Isaac Maria tendría o no un alma. ¿Porqué dudé? De entrada, podemos deducir razonando que el ser humano recibe su alma eterna poco después de su concepción, porque si no, los gemelos univitelinos (gemelos idénticos) tendrían que compartir un alma. La pregunta que me hacía a continuación era la siguiente: ¿es necesario tener un cerebro para recibir un alma eterna?

Todo este razonamiento no me conducía a nada. Afortunadamente, en el curso del silencio de un retiro, encontré la respuesta desde la fe: si Dios era capaz de crear al Isaac bíblico a partir de unos padres con más de 90 años de edad, entonces Él también sería capaz de asegurarle a Isaac un alma eterna. En consecuencia, oré intensamente pidiendo a Dios que le diera a Isaac un alma.

Elisabet, tu madre y yo creemos que tu hermano Isaac Maria vivirá en el cielo en presencia de Dios tras su muerte. Y también que él nos estará esperando para recibirnos cuando acabe nuestra vida.

Elisabet, tu podrías preguntarte qué significado tenía y tiene la vida de tu hermano si él iba a morir inevitablemente poco después de nacer. Desde luego, el sentido último de cualquier vida solamente lo conoce Dios. Sin embargo, incluso yo veo ahora, antes de que nazca, los primeros frutos de su vida. Algunas personas que no creen en Dios o en la vida eterna o que incluso no reflexionan mucho acerca del sentido de la vida, han comenzado a preguntarse, tras interesarse por la historia de Isaac María, han comenzado a hacerse ellos mismos preguntas acerca de sus propias vidas...

Y tú, mi querida Elisabet, tú no tienes no solo dos padres y a Dios, sino que además tienes un hermanito que siempre te estará sonriendo desde el cielo.

 
 
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