"Judas se convirtió en un mentiroso"

FR. Eusebio Gómez, OCD

¿Por qué ha despertado tanto interés el Evangelio de Judas? No cabe duda de que la presentación de un Judas simpático y benevolente, tiene arraigo en las masas, sobre todo por el interés económico que proporciona a los medios de comunicación.

¿Quién fue Judas? Judas Iscariote personaliza al "hombre inmundo" para quien el dinero , el poder y el éxito son más importantes que el amor y no duda en vender a Jesús, afirmó Benedicto XVI. La traición de Judas, afirmó el Papa, fue un rechazo neto al amor de Dios. A Judas, como a tanta gente, el amor al dinero lo perdió.

Judas, según el Papa, se convirtió en un "mentiroso, uno que juega a dos cartas y rompe con la verdad, uno que vive en la mentira y pierde de esa manera el sentido de la verdad suprema".

De lo más acertado que he visto sobre el Evangelio de Judas está la declaración de Mons. Alejandro Goic Karmelic, presidente de la Conferencia Episcopal de Chile. Apareció el 13 de abril en ZENIT. He entresacado las ideas más importantes, según mi parecer.

Los medios de comunicación social han dado a conocer la publicación de un antiguo texto manuscrito encontrado en Suiza en 1983, en idioma copto y que correspondería a un supuesto «Evangelio de Judas». Con la intención de aclarar dudas y responder a muchas interrogantes, nos dice Mons. Alejandro, resulta interesante y oportuno entregar algunas orientaciones. Nos ayudará una reciente entrevista al P. Thomas D. Williams, Decano de la Facultad de Teología de la Universidad Regina Apostolorum de Roma (Zenit, 6 de abril de 2006) y un artículo de opinión del sacerdote chileno P. Samuel Fernández, Decano de la Facultad de Teología de la Universidad Católica de Chile . El texto del Evangelio de Judas, pareciera estar fechado entre el siglo IV y el siglo V, es decir, unos 300 ó 400 años después de la vida de Jesús. Es imposible, por lo tanto, que sea Judas su autor directo, sino que puede tratarse de una copia del «Evangelio de Judas», citado por San Ireneo de Lyon hacia el año 180.

Fue redactado por la secta gnóstica de los Cainitas y presenta a Judas Iscariote de una manera positiva, como un personaje que sólo obedeció una supuesta orden divina de entregar a Jesús para que pudiera cumplirse la obra de salvación.

Siempre se supo de la existencia de Evangelios Apócrifos, es decir, no inspirados porque no contienen la verdad acerca de la Revelación de Dios y su deseo de salvación para la humanidad y desde siempre fueron rechazados por el conjunto de la comunidad cristiana porque son incompatibles con la fe.

La Iglesia nunca ha ocultado o negado la existencia de estos documentos. Los Evangelios Apócrifos no son reconocidos como inspirados por Dios porque simplemente buscaban satisfacer la curiosidad de algunos, o contenían leyendas fantasiosas respecto a Jesús, o explicaban opiniones particulares de algunos grupos religiosos acerca de Cristo. No buscaban la verdad más profunda sobre Dios y su obra salvadora.

Algunos de estos Evangelios Apócrifos pertenecen a sectas gnósticas, como la de los Cainitas, cuyo propósito principal era reivindicar figuras del Antiguo y del Nuevo Testamento que cayeron en la maldad, como Caín (que mató a su hermano Abel) y como Judas (que traicionó a Jesús). Los gnósticos pretendían que la salvación se logra sólo por el conocimiento que tengamos de Dios, no por obra del amor y de la misericordia de Dios, que envió a su Hijo Jesús al mundo.

Las diferencias entre cristianos y gnósticos son varias. La principal diferencia entre los gnósticos y los cristianos radica en su concepción acerca del origen del mal en el mundo. Los cristianos creemos en un Dios bueno que ha creado un mundo bueno. Los gnósticos creen en un Dios que ha creado el mal y ha creado al mundo de manera desordenada. Los cristianos creemos que la maldad nace a partir del mal ejercicio de la libertad con la que Dios nos ha creado, porque Dios siempre respeta nuestra libertad. Los gnósticos afirman que Dios quiere el mal en el mundo y por eso se explica la acción de los hombres malos, como Caín o Judas.

Dios conoce todas nuestras intenciones, incluso los errores, pecados y decisiones equivocadas. A veces se vale de ellas para obtener un bien en su plan providencial para el hombre. Es bueno resaltar que Judas fue, como todos los demás seres humanos, un hombre creado con el atributo de la libertad. A pesar de la conducta de Judas, no podemos saber si Judas se salvó o se condenó.

Sólo los Evangelios de Marcos, Mateo, Lucas y Juan son considerados como obras inspiradas por Dios y se les reconoce una autoridad especial. La reflexión sobre el Evangelio de Judas nos debe servir a los cristianos para renovar nuestra fe y nuestro amor a Jesús Redentor de la humanidad, para no dejarnos sorprender por falsificadores de todo tipo como ya nos advierte la Santa Escritura: «Tengan cuidado de los falsos profetas» (Mt. 7, 15)

 
 
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