Una Mirada Crítica a un “Best-Seller”

P. Eduardo Penchi
edpenchi@cotas.com.bo

Es evidente que “El Código Da Vinci”, de Dan Brown, no es simplemente una obra de ficción para entretener a los lectores y ganar dinero por la venta de libros. Es un libro escrito en la forma de novela que al mismo tiempo contiene una fuerte carga ideológica. Brown muestra su talento de escritor y mantiene el interés de los lectores por medio del misterio, suspenso, revelación de supuestos secretos, descripciones topográficas, intrigas, aventuras, fugas arriesgadas, violencia y cambios súbitos y sorpresivos, y hace que lo ficticio parezca real. “Todos aman una conspiración”, dice el autor. En la novela se presenta al cristianismo, y especialmente a la Iglesia Católica, como una entidad malévola, empeñada en ocultar la verdad a la gente por 2000 años. Hay que reconocer que hubo un intento de suavizar este aspecto un poco hacia el final del libro.

A pesar de ser una novela, el autor intenta dar la impresión de exactitud histórica, extensiva investigación y gran erudición en su obra y en sus personajes. Robert Langdon es presentado como un profesor experto de “simbología religiosa” en la prestigiosa Universidad de Harvard, aunque no existe tal carrera en la Harvard. Él interpreta los símbolos de una manera muy subjetiva, arbitraria e imaginativa y a veces parece darles más importancia que a la realidad misma.

Sir Leigh Teabing, “Historiador Británico Real”, supuestamente un experto en historia religiosa, se aplaza por completo por su falta abismal de conocimiento de los primeros tres siglos del cristianismo, un tiempo en que los cristianos fueron una minoría duramente perseguida. Su rechazo en forma dogmática de la divinidad de Jesucristo y confiabilidad de las Escrituras cristianas da una indicación de la agenda anti-cristiana, gnóstica, Nueva Era y neo-pagana del autor. Él ignora la abundancia de pasajes en el Nuevo Testamento y en los escritores cristianos pre-nicenos que afirman claramente la divinidad de Jesucristo. Esta doctrina cristiana fundamental no es un invento de Constantino ni del Concilio de Nicea en el siglo IV, como dice el “historiador real”. El revelarse como traidor y homicida hacia el final de la novela debería quitar toda la credibilidad a Teabing ante los lectores, pero cuando se miente mucho, algo queda.

Brown muestra particular animosidad hacia la organización “Opus Dei” en su libro. Dibuja una caricatura grotesca de Silas, un psicópata, supuestamente un miembro activo y ferviente de esa sociedad. No es un “monje”, porque el Opus Dei no tiene monjes. El autor muestra gran simpatía hacia las sociedades secretas paganas, incluso donde se practica prostitución cúltica, pero desconfía mucho de los grupos y actividades católicas. Esto nos hace pensar en las calumnias dirigidas contra los jesuitas y su subsiguiente supresión en el siglo XVIII, y en el siglo XIV de la campaña implacable del Rey Felipe IV de difamación contra los Templarios, con el objeto de hacerse dueño de sus bienes.

Las motivaciones de los personajes de la novela son extremadamente débiles y contradictorias, hasta absurdas, por ejemplo: la búsqueda paranoica del “Santo Grial” con métodos nada santos, como el engaño y el homicidio. Ningún cristiano cuerdo puede tomar en serio un complot para eliminar el linaje royal de descendientes no existentes de María Magdalena. O que en el plan de Jesús, María Magdalena había de ser “papisa” en vez de Pedro. Esto es pura ficción, fruto de las fantasías del autor o de otros.

¿Cómo puede un verdadero católico u otro cristiano no sentir indignación por el infundio de que Jesús hubiese tenido relaciones íntimas con la Magdalena y la dejara esperando familia? Esto es un gran insulto a Jesús, el santo y eterno Hijo de Dios, a Santa María Magdalena y a todo cristiano. Jesús es el Esposo fiel de la Iglesia, a quien Él ama y para quien dio su vida. El quiere que su Esposa sea bellamente virtuosa, fiel e inmaculada (cf. Mt 9,15: 25,6; Mc 2,19-20; Lc 5,34-35; Jn 3,9; Ef 5,25-27; 2 Cor 11,2; Ap 19,7-9;21,9).

Si la leyenda medieval del “Santo Grial” se refiere a una persona y no al cáliz de la Última Cena, la Virgen María, apenas mencionada en la novela de Brown, aventaja por años-luz a cualquier otro candidato. Ella es la madre del Redentor, a quien llevó en su purísimo cuerpo y alma, dándole carne y sangre que fueron divinizadas y eternalizadas en la persona de su Hijo. Por obra y gracia del Espíritu Santo, ella llegó a ser el primer sagrario y cáliz viviente de la Palabra hecha carne.

Con respecto al “sagrado femenino”, La Virgen María elevó la feminidad al nivel más alto. Ella es la Madre de Dios y Reina del Cielo. Ella ocupa un sitial más sublime que un apóstol, papa, patriarca, presidente, emperador, rey o cualquier otro ser humano. Como virgen, esposa, madre, viuda y defensora de los pobres y oprimidos, ella es modelo de la mujer y de toda la humanidad en general.

Aunque la Iglesia defiende claramente la igual dignidad de la mujer y del varón, se necesita progresar más en la doctrina y práctica respecto al papel femenino en la vida eclesial y en la sociedad en general. Sin embargo, no es cuestión de postular dos dioses, uno masculino y otra femenina. Teólogos católicos han hecho estudios sobre “el rostro femenino y maternal de Dios”

Cristianos no consideran la sexualidad humana como algo sucio o vergonzoso. Es un buen regalo de Dios, pero no es un dios ni una diosa. La Iglesia tiene en alta estima la vida familiar, el matrimonio, el amor conyugal, la paternidad y la maternidad y la dignidad de todo ser humano, y también valora grandemente la virginidad y la viudez.

La Inquisición y caza de brujas forman un capítulo desafortunado en la historia y son difíciles de entender fuera del contexto social en que se desarrollaron. Un número considerable de hombres y mujeres, acusados de brujería o herejía, fueron ejecutados por católicos y protestantes, frecuentemente con la colusión o por iniciativa de las autoridades civiles, que consideraban estas actividades como una amenaza al orden social y político. El danés Hennigs ha calculado unas dos mil penas de muerte durante todo el tiempo en que la Inquisición estaba en vigencia, sin contar las victimas del último cuarto del siglo XV, de que no se dispone de datos. El Papa Juan Pablo II ordenó un nuevo estudio en profundidad sobre la Inquisición. La novela de Brown exagera grosamente el número de victimas - “5 millones de brujas” - sin fundamento histórico. Esto nos recuerda la manipulación de estadísticas durante la campaña para legalizar el aborto en los Estados Unidos: promotores del aborto alegaron que 10.000 mujeres morían cada año en el país debido a abortos clandestinos, cuando sabían que el número verdadero era menos de 200. Algún día en el futuro, el género humano tomará conciencia de la inhumanidad de la práctica de matar a millones de bebés no nacidos o parcialmente nacidos, y de usar embriones y fetos humanos para experimentación “científica” en puro estilo Nazi. Un juicio severo será pronunciado sobre los genocidios, campos de concentración y holocaustos que llegaron a ser comunes con auspicios estatales en el siglo XX, sin hablar del tráfico de esclavos que perduró tantos siglos y aún existe en forma disimulada, y la violencia, injusticia social, tortura de presos, guerras y terrorismo tan presentes en la actualidad.

“Es solamente una novela, nada más”. Quizás muchas personas la han leído como tal, sin tomar en serio los pronunciamientos dogmáticos y errores históricos del libro. Parece, sin embargo, que algunos han aceptado las aserciones del novelista como si fueran “otro evangelio” (cf. Gálatas 1,6-10), y quedaron confundidos. Es lo que escribió San Ireneo en el siglo II, en su refutación de las herejías gnósticas: “El error nunca se presenta en su deformación desnuda, para no quedar expuesto y detectado inmediatamente. Más bien, se viste astutamente de manera atractiva, para que, por su apariencia exterior, parezca a los inexpertos más veraz que la verdad misma”. San Pablo, en el siglo I, advirtió: “Llegará un tiempo en que la gente ya no soportará la sana doctrina; más bien, según sus propios caprichos se buscarán maestros hábiles en captar su atención. Cerrarán sus oídos a la verdad y se volverán hacia puros cuentos” (2 Tim 4,3-4).

Esta obra de Brown ha sembrado dudas y confusión en la mente de muchos, pero también constituye un desafío a los lectores para investigar y conocer en mayor profundidad los verdaderos fundamentos doctrinales, espirituales e históricos del cristianismo.

 
 
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