PRESENTACIÓN
A fines del siglo pasado, los pueblos árabes que habitaban los territorios que hoy constituyen la actual Arabia Saudita, Yemen del Norte y del Sur, Omán y los llamados Emiratos del Golfo, eran notablemente pobres. Esas tierras, mayormente desérticas, apenas si daban para una limitadísima economía a base de rebaños de ovejas, dátiles y poco más.
Pero descubrieron bajo su suelo el petróleo que el mundo entero necesita, y se convirtieron de la noche a la mañana, en pueblos enormemente ricos. Esa es la situación de cada uno de nosotros y de nuestras comunidades eclesiales: somos y seremos muy pobres mientras no descubramos ese tesoro insondable de gracia y de paz que es el Corazón de nuestro Señor Jesucristo.
Ojalá que este folleto te ayude a descubrir o re-descubrir la riqueza insondable de Amor de Cristo. Búscalo en su Corazón y lo encontrarás. ¡Y respóndele El amor sólo se paga con amor.
Introducción
El año 1907 el P. Mateo Crawley, SS.CC. (1875-1960) se presentó al Papa Pío X para pedirle que le permitiera dedicarse por completo a promover la consagración de las familias al Corazón de Jesús. Quisiera hacerlo yendo por el mundo entero, casa por casa, familia por familia , le decía. El Papa santo le contestó: No, hijo, no se lo permito. ¡Se lo ordeno ¿Me entiende? Le ordeno entregar su vida a esta empresa de salvación. Es un trabajo admirable. ¡Entréguese por completo a la empresa!
Todavía perduran los frutos de los millones de hogares que se consagraron al Corazón del Redentor en el mundo entero, gracias al celo apostólico de ese gran amigo de Jesús. Pero hoy tenemos tanta necesidad o mucho más, de que el amor de Cristo se apodere de nuestras personas, de nuestras familias, y de nuestras instituciones sociales y las transforme.
Un enorme y creciente vacío, desorientación y frialdad espiritual prevalecen en nuestro mundo. La misma Iglesia, como sabemos, no es inmune a los gases tóxicos del ambiente. ¿A qué se debe - por ejemplo - la angustiante escasez de vocaciones sacerdotales que padecemos en tantos países? Obviamente, a la falta de un amor apasionado por Jesucristo en el en el corazón de nuestros jóvenes. Amor que nosotros no les hemos comunicado, sencillamente porque nos falta.
Todavía hay muchos sacerdotes, religiosos y religiosas santos. Pero también es - tristemente - verdad que demasiados se han entibiado, y se han acomodado tanto a lo que Juan llama el “mundo”, que ya no son sal de la tierra ni luz del mundo.
Si miramos a las filas del laicado tenemos que darle gracias al Señor por el florecimiento y el empuje apostólico de movimientos eclesiales tan comprometidos como, por ejemplo, la Renovación Carismática en el Espíritu Santo. Pero Satanás, por su parte, no descansa. Al contrario. Hoy ustedes traen sus hijos a un mundo cada día más desvergonzado y plagado de violencia, egoísmo, indiferencia ante Dios y abierta hostilidad al Evangelio.
Por eso es que cada año, cada mes, se nos va haciendo más y más difícil comprometernos con el proyecto de Dios, con la Iglesia que Cristo nos dejó. Prácticamente todo conspira en contra nuestra: el materialismo imperante, el consumerismo rampante, los programas inmorales y amorales de la televisión ante los que pasamos horas y horas, el ritmo febril del tiempo, etc. Todo trama y trabaja para arrancarnos y alejarnos del Amor de Cristo. Y no sabemos realmente qué hacer.
Medicina eficaz
Sabemos que ante un virus mortal, tenemos que buscar rápida y decididamente la protección de un antídoto, de una vacuna eficaz. Eso fue lo que hicieron los israelitas en el desierto cuando en castigo por su rebeldía se vieron atacados por aquella epidemia de serpientes venenosas. En cuanto uno era mordido buscaba afanosamente poner su mirada en aquella serpiente de bronce que Moisés había levantado sobre un asta por instrucciones del Señor. Y sanaban de inmediato.
“De la misma manera que Moisés levantó en alto a serpiente en el desierto - nos dice el Señor Jesús - así es necesario que sea elevado el Hijo del Hombre para que todos los que creen en ÉL tengan Vida eterna” (Jn 3, 14-15). “Cuando ustedes hayan levantado en alto al Hijo del Hombre, entonces sabrán que Yo soy” (Jn 8, 28).
Estas palabras de vida del Señor se cumplieron plenamente en aquel momento soberano de la historia de la salvación que Juan, el evangelista, nos narró en estos términos:
”Cuando llegaron a ÉL, al ver que ya estaba muerto, uno de los soldados le abrió el costado de una lanzada y, al instante, salió sangre y agua. El que lo vio lo declara para ayudarles en su fe, y su testimonio es verdadero. El mismo sabe que dice la verdad. Esto sucedió para que se cumpliera la Escritura que dice: No le quebrarán ni un solo hueso; y en otra parte dice: Contemplarán al que traspasaron (Jn 19, 34-37).
Fíjate, cristiano, en la soberana solemnidad con que Juan nos presenta la escena: 1. El, Juan, estaba allí. 2. No se lo contaron sino que lo vio personalmente. 3. Tan es así que lo declara solemnemente, sabiendo que dice la verdad. 4. Con el propósito de ayudarnos en la fe... No hay pasaje en los evangelios que revista mayor solemnidad. ¿Por qué? ¿Qué es eso tan radicalmente importante que Juan quiere señalarnos? ¿Qué de particular descubre él en esa lanzada que rasga el Costado de Cristo?
Podríamos extendernos en la respuesta. Pero, resumiendo, te decimos que los mejores catequistas y todos los grandes teólogos, y el magisterio autorizado de la Iglesia e incontables santas y santos coinciden en afirmar que al ver brotar aquella sangre y agua, Juan se dio cuenta de que allí nacían la Iglesia y sus sacramentos.
¿De dónde brotó ese torrente medicinal de amor y de gracias? - Del Costado traspasado de Cristo Crucificado. Es decir, de su Corazón Redentor abierto. Allí nació, cristianos, la Devoción al Corazón de Jesús. Por eso es que se trata de una Devoción inextinguible. Mientras hayamos hombres y mujeres agradecidos sobre la tierra habrá Devoción al Corazón del que brotó el Amor que nos redimió. Ese Corazón suyo no ha muerto, ni está cansado y nos convoca a continuar su obra redentora.
Modo de usarse...
Aunque muchos no lo hagan, es muy importante leer las instrucciones que traen los medicamentos. Este folleto tiene un propósito parecido. El de plantearte una manera muy eficaz de tomar esa medicina con la que puedes enfrentar al mundo y permanecer en el amor de Jesucristo: la Devoción a su Corazón.
Vayamos por partes. En primer lugar vamos a repasar brevemente contigo qué es eso de la Devoción al Corazón de Jesús. En segundo lugar, te animaremos a dar los pasos necesarios para que le consagres tu persona y tu familia al Corazón de Cristo.