SAGRADAS ESCRITURAS

“Antes que nada cuida de tu corazón,
pues de él brota la vida” (Prov 4, 23).

“Dios sabe que los amo tiernamente
en el Corazón de Cristo Jesús” (Flp 1, 8).

La Devoción al Corazón de Jesús en las Sagradas Escrituras

La palabra corazón se emplea más de mil veces en el Antiguo Testamento y unas ciento cincuenta en el Nuevo. En los tiempos bíblicos ”corazón” encerraba una riqueza aun mayor que la que tiene hoy día para nosotros.

Cuando Jesús usa esta palabra en el Nuevo Testamento, podemos apreciar claramente la riqueza de su contenido: De adentro, es decir, del corazón del hombre, es que salen los malos pensamientos... (Mc 7,21) O todavía con más fuerza: Aprendan de mí que soy manso y humilde de corazón (Mt 11, 29).

Su Corazón - nos dice - no es como el de los maestros fariseos, porque su personalidad , su modo de sentir, de comprender y de amar es radicalmente diferente al suyo. Ellos son altaneros; El es humilde. Ellos son duros; El es misericordioso y comprensivo. Ellos tienen un corazón que no corresponde al sentir del Corazón de su Padre, que tiene un corazón tierno, cariñoso y compasivo para con todas sus criaturas. Por eso, nos dice con firmeza: ¡Aprendan de mi Corazón

El P. Hugo Rahner dice: El término corazón ha conservado en la liturgia eclesiástica y en la piedad cristiana el mismo sentido profundo y espiritual que tiene en las Sagradas Escrituras. Por eso, me atrevo a decir que cuánta menos comprensión se tiene de la esencia de esta Devoción al Corazón de Jesús, tanto menos se entiende la palabra de Dios en la Biblia.
¿Cuál es esa comprensión profunda y espiritual que se les escapa a muchos? Leamos por ejemplo los versos 34 al 37 del capítulo séptimo del Evangelio de Juan: El último día de la Fiesta era el más importante, Aquel día, Jesús puesto en pie, dijo con voz fuerte: Si alguno tiene sed, que venga a mí y beba el que cree en mí. Pues la Escritura dice: De El saldrán ríos de agua viva.

Estos versos es posible que estén redactados de manera diferente en la Biblia que tú usas (sin mayúscula donde dice El y con otra puntuación). Para algunos estudiosos, los ríos de agua viva brotan del interior del creyente; y para otros, del interior de Jesús. En el texto original griego la palabra que se usa es koilia , que se traduce como entrañas o corazón.

Nosotros, desde luego, seguimos la tradición más antigua y la que el Pueblo de Dios y el magisterio de la Iglesia han preferido intuitivamente, que es ésta del texto que lees aquí y que afirma que las fuentes de la salvación brotan del Corazón mismo de Jesús. En definitiva, de nuestro pobre corazón humano no puede brotar nada bueno, que no provenga directamente del inagotable manantial del Corazón de Cristo.

Quizás te llame la atención que el magisterio autorizado de la Iglesia nos deje en libertad de discernir por nuestra propia cuenta cuál es la versión más adecuada, en casos como éste, tan importantes para nuestra comprensión del Misterio de Cristo. No te asustes. Fíjate que el Señor Jesús mismo tuvo que quejarse con nosotros - camino de Emaús - de lo tan torpes que somos para captar el verdadero sentido de las Escrituras (Lc 24, 25).

Uno de los principales documentos del magisterio de las Iglesia acerca del Corazón de Jesús es el documento llamado “Haurietis Aquas”. Su primer párrafo en latín proviene del texto de Isaías: Sacarán aguas con gozo de las fuentes de la salvación” (Is 12, 3). Y el Papa nos señala que la fuente, desde luego, no es otra que el Corazón del Redentor.

La misma fuente a la que se refieren también las palabras del profeta ñacarías cuando nos profetiza que miraremos al que traspasamos : En aquel día habrá una fuente siempre corriendo, para que los descendientes de David y los habitantes de Jerusalén se puedan lavar de sus pecados (ña 13, 1). La fuente que vio abrirse ante sus ojos atónitos Juan el Evangelista al traspasar la lanza del soldado el Costado de Cristo, muerto en la Cruz, en el texto clave que ya citamos.

Uno de los hombres de confianza de Juan Pablo II, Mons. Jorge Mejía nos señaló que la exégesis más segura y católica de ese texto del capítulo 34 del Evangelio de San Juan nos proporciona estos datos fundamentales: 1. La Iglesia sabe que nació del costado de Cristo durmiente en la Cruz porque nadie puede responder mejor que ella misma acerca de su origen. 2. El evangelista deseaba que quedara muy claro su testimonio acerca de un hecho absolutamente histórico. Porque tenía un significado sacramental que iba más allá de los datos sensibles de los que él era testigo veraz. Y nos indica que debemos un paso más “para ayudarnos en la fe” (Jn 34, 35b). 3.
Definitivamente, la Iglesia nunca consigue ser ella misma con más éxito que cuando se identifica con ese Corazón del que nació.

Habría muchísimo más decir acerca de fundamento tan sólido que tiene la Devoción al Corazón de Jesús en las Sagradas Escrituras, pero esto no es un libro sino un folleto y no podemos extendernos más.

 
 
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