LA CONSAGRACIÓN
La Consagración personal y/o familiar al Corazón de Jesús es una de las prácticas más efectivas con las que podemos expresar, consolidar o aumentar nuestra Devoción al Corazón Cristo.
Antes de adentrarnos en el tema, quizás sea resulte provechoso decir una palabra acerca de “devoción”. Se trata de un término que en algunos ambientes de la Iglesia puede que esté un poco gastado. Si quieres, entonces sustitúyelo por sus equivalentes: entusiastas, fanáticos (en sentido deportivo). También “fans” como cuando se habla de los entusiastas de tal o cual cantante; o como te parezca.
Si algo es típico de estos tiempos post-modernos son las lealtades deportivas, los “fan clubs” de los artistas juveniles, de los boxeadores, etc. Entusiasta lealtad que se expresa en formas crecientemente creativas a través de todos los medios publicitarios.
A veces da la impresión de que en estos tiempos a cualquiera se le reconoce el derecho de tener “devotos” y entusiastas seguidores menos a Jesucristo...
Gracias al cielo, ese no es tu caso ni mío. Nosotros somos entusiastas y convencidos devotos del Amor y del Corazón Cristo. Por tales queremos cantarnos, reconocernos y autenticarnos.
Un medio tan sencillo como apto para lograrlo es la Consagración. ¿De qué se trata? - Básicamente, de algo muy afín a nuestro bautismo: La consagración, puesto que implica la entrega total del ser, sólo puede tener un sentido para el cristiano: el confirmar y refrescar en nosotros la conciencia de la relación que existe entre Dios y nosotros, ya que por el Bautismo el cristiano se consagra a Dios y se ofrece a Cristo. Esta consagración, el cristiano la confirma y ratifica al menos cada domingo en la celebración de la Eucaristía, y cada vez que participa en ésta con devoción y atención .
La piadosa práctica de la consagración personal, familiar o colectiva de nuestras personas y cosas al Corazón de Jesucristo, por tanto, no consiste en lo fundamental en otra cosa que en la renovación de nuestra consagración bautismal al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
El Espíritu Santo que alienta en nuestros corazones es quien nos apremia a renovar nuestra consagración bautismal, y expresarla afectivamente en términos de libre dedicación al Corazón de nuestro amado y glorioso Redentor.
Consagrados
Convendría que entendamos bien este término de “consagración”. Pongamos dos sencillos ejemplos.
Digamos que una hermana tuya va a México y te trae de regalo una bellísima copa de plata. Y tu la encuentras tan digna y tan hermosa, que en vez de usarla, decides regalársela a tu párroco para que convierta en un cáliz. El la acepta y comienza a celebrar con ella la Santa Misa.
Aunque tu no supieras mucha teología, el sentido común mismo te dice que esa copa ya nadie debe usarla para tomarse una cerveza o un licor cualquiera. Esa copa se ha convertido en algo sagrado, es decir, en algo que le pertenece de manera especial a Dios...
Volviendo al sentido bautismal que tiene la consagración, lo que hacen tu familia y tu al consagrase al Corazón de Jesús, es REAFIRMAR mediante una sincera ceremonia que ustedes desean que el Señor Jesús tome posesión de nuevo y manera especial de sus vidas y de sus corazones.
Pero mucho cuidado con lo que decimos o hacemos... En el sur de España se hay la costumbre de decirle que “es suyo...” a la persona que nos alaba mucho algo que tenemos. Se trata de un cortés cumplido, que se emplea también otros países. Quizás hayan oído, entonces, del susto que se pegó un acaudalado sevillano coleccionista de obras de arte. Entrada ya la noche se le apareció un oficial inglés con un camión a recoger una bellísima pintura al óleo, que él le había dicho que “era suya...”, cuando se la alababa ese día por la mañana.
Es decir, que una cosa es consagrarnos de palabra, o por mera ceremonia, y otra es ser consecuentes con lo que afirmamos. Por eso, antes de pasar a explicarte en que consiste la ceremonia de consagración es importante aclararte a qué es lo que te comprometes al consagrarte al Corazón de Jesús.
¿Qué exige la Consagración?
Quererla, desearla, anhelarla, es lo primero. Porque se trata fundamentalmente de renovar nuestra alianza de amor y de fidelidad a Jesucristo, nuestro Señor. En materia de amor no hay lugar para la falta de libertad o de convencimiento. Nadie puede coaccionarte, obligarte o sugestionarte para consagrarte a su Corazón, es decir a su Amor.
Lo segundo, es entender a qué es lo que nos obligamos al consagrarnos. A continuación te ofrecemos un breve listado de prácticas, de exigencia naturales de la
Devoción, de la consagración al Corazón de Jesucristo:
1. Nos comprometemos a renovar nuestro compromiso bautismal de ser santos, de ser siempre fieles a Jesucristo y a su Evangelio.
2. Nos comprometemos a concretar esta vocación a la santidad a través de la OFRENDA DIARIA DE NUESTRAS VIDAS EN UNIÓN Y COMUNIÓN CON LOS SENTIMIENTOS DE CORAñÓN DE JESÚS. Hacer diariamente la oración de ofrenda del Apostolado de la Oración puede ser un modo tan sencillo como eficaz de concretar este compromiso de ofrendarnos con Jesús al Padre. Nos ayudará a vivir nuestra vocación de pueblo sacerdotal.
3. Es de vital importancia que tratemos de vivir esa ofrenda de nuestras vidas en actitud eucarística. El Señor Jesús continúa ofrendándose diariamente en la Eucaristía por nosotros al Padre. Tenemos que aprender sintonizar con su Corazón eucarístico. La participación frecuente, o diaria si fuera posible, en la celebración del Santo Sacrificio del Altar es uno de los principales frutos a los que debemos aspirar al dar el paso de consagrarnos a su Corazón.
4. Hacemos nuestra Consagración personal o familiar con el propósito de expresar un compromiso particular de entusiasmo, lealtad, gratitud y amor al Corazón Redentor de Cristo. Te comprometes, por tanto, a ser un apóstol de la Devoción al Corazón de Jesús. Si estás realmente convencido de que su Corazón es fuente inagotable de gracias, lo lógico es que quieras llevar al mayor número posible de tus prójimos a esa fuente.
5. Dado que el Corazón de la Santísima Virgen María está inseparablemente unido al Corazón de Jesucristo, una consecuencia natural y lógica de nuestra consagración al Corazón de su Hijo es acercarnos al Corazón de su bendita y gloriosa Madre. María ocupa para siempre un lugar privilegiado en el Corazón su Hijo y debe ocuparlo, por tanto, en el nuestro. El rezo diario del Santo Rosario, (al menos de una parte), es una práctica que expresa muy efectivamente nuestro amor a la Madre de Cristo.
Cómo hacer la Consagración
Preparación. Aunque te parezca un poco exagerado, la consagración exige una osa preparación semejante a la de una boda. No se trata en ningún caso de tener una ceremonia, o decir unas palabras si estas no responden a una profundo enamoramiento, a un sentido anhelo espiritual.
Si la consagración es personal te recomendamos que no dejes incluir entre los preparativos el hacer una buena confesión, y hasta un retiro espiritual previo, si te fuera posible. Puede ayudar mucho en la semana, o semanas anteriores a la consagración, algunos gestos tales como proponerte hacer algunos actos de caridad con los necesitados, tratar de asistir diariamente a misa, intensificar la lectura de la Palabra de Dios y la oración personal. La lectura de este folleto puede ser parte de esa preparación ya que te ayuda situarte ante el Corazón de Cristo.
Dificultades. Para la consagración familiar puede ayudar casi todas las recomendaciones que hacemos para la personal. Pero a bastantes padres y madres les va a resultar una misión poco menos que imposible conseguir que sus hijos adolescentes participen activamente en la Consagración y en sus preparativos.
No deben ignorar que el creciente cinismo, hostilidad y desprecio con que los medios de comunicación social para con Cristo y su Iglesia hacen continuamente mella en tus hijos. En tu misma parroquia puede que esté brillando por su ausencia ese amor apasionado a Cristo que es lo único que sería capaz de transformar a tus hijos. Y ustedes mismos, si son sinceros, puede que se den cuenta de que descuidaron muchísimo la preparación remota que implica esta Consagración. Un cariño profundo y fiel a Cristo no se improvisa en tres semanas.
Entonces, ¿abandonar la Consagración? Desde luego que no, todo lo contrario. Arreglados estarían ustedes si se fueran a achicar ante las crecientes dificultades de sacar adelante a sus hijos. Más todavía cuando lo que está en juego en este caso es entrarlos en el Corazón Cristo, y tan adentro, que se hagan inexpugnables a los embates de las drogas, los vicios y demás peligros que los acechan por todos los flancos.
Miren a ver cómo se las arreglan. Como saben, no se trata de sobornarles. Sino de ganarse su corazón. Con la ayuda del Espíritu Santo ustedes pueden lograrlo. Pídanla y confíen lograrlo. No se desanimen si no logran conseguir la completa participación de todos. Basta con que logren reclutar a la mayor parte del núcleo para la Consagración. Si los que participan son fieles, lograrán inevitablemente la conversión de los demás. Ustedes le han entregado, le han consagrado su familia. El atraerá a su Corazón, a su tiempo, a los que faltan.
Concretizar el compromiso de Consagración
Por último como parte del proceso de preparar la Consagración convendría hacer alguna decisión concreta acerca de algún gesto personal o familiar mediante el cual van a recordarse su compromiso de Consagración. Tratemos de ser muy sinceros y realistas. No prometamos lo que vayamos a poder cumplir.
Una familia, por ejemplo, puede decidir que no van a ver la televisión los viernes por la noche como gesto de amor reparador, y para obligarse - además - a una mayor comunicación personal. O puede decidir algo más sencillo como el renunciar a tomar postre (u otros gustos semejantes) los viernes dedicando el pequeño ahorro para ayudar a los pobres. Es sólo un ejemplo.
De lo que se trata es de que logremos hacer “aterrizar” nuestra consagración para que no vaya a quedarse en las nubes. Si no hacemos el esfuerzo por traducir en alguna decisión muy concreta la poesía de nuestra Consagración, corremos el riesgo de que no pase de lindo palabreo.
Consagración personal
Después de haberte preparado sólo falta que escojas un día, lugar y un momento adecuados. Para la consagración personal el momento más indicado es durante la celebración de la Santa Misa. Si pudieras contar con el apoyo de un sacerdote un buen momento puede antes del ofertorio o después de la sagrada comunión. Si no logras contar con ese apoyo, te recomendamos buscar un momento sereno y tranquilo en el que puedas situarte ante el Sagrario.
A continuación te ofrecemos un ejemplo del contenido que puede tener el texto de consagración personal. Tu también, puedes redactar por tu cuenta un texto propio que exprese de manera más todavía más personal tu determinar de consagrarte.
Señor mío y Dios mío Jesucristo, tomando como modelo y medianera de mi entrega, yo me consagro sin reservas algunas a tu Corazón Redentor.
En este día quiero reafirmar mi consagración bautismal a Ti. Deseo ardientemente amarte y servirte con todas las fuerza de mi ser. Que ya nunca jamás vuelva yo a ofenderte. Que ya no desee hacer más mi voluntad sino la Tuya.
Tu me escogiste para reinar contigo, para ser contigo sacerdote y profeta, para redimir al mundo. Yo quiero vivir esta aventura redentora desde tu Corazón. Tu continúas ofrendándote por nosotros al Padre en la Eucaristía que celebra tu Iglesia. Yo me ofrendo contigo a Padre desde tu Corazón en cada Eucaristía que se celebra hoy en la tierra.
Que yo confíe cada día más en tu Corazón, fuente insondable de tu Amor el más fiel, compasivo y misericordioso. Que el fuego de tu Amor se apodere de mi corazón para que los pobres, enfermos y necesitados puedan contar siempre conmigo.
Arráncame, Señor este corazón mío de piedra y dame el Tuyo para todo esto que tanto deseo sea posible.
Y esta Consagración, Señor, me exijo recordármela y expresártela concretamente mediante: (Aquí cada uno se compromete a algo en concreto con Señor y le pide que le ayude a ser fiel lo que se propone)
¡Amor, gloria, alabanzas y honor a Ti, Señor Jesús, que con el Padre y el Espíritu Santo vives y reinas por los siglos. Amen
Consagración familiar
Preparación. Lo ideal sería que todos los miembros de la familia se envuelvan de lleno en los preparativos de la consagración. Pero el que alguno se niegue no es razón para privar al resto, y aún al que se niega, de la libre y amorosa consagración de los demás.
Como ya señalamos, convendría que los miembros de la familia se pongan de acuerdo para concretar en alguna acción o gesto su compromiso de consagración. Al decidir qué, tengamos presente la sabiduría del dicho popular: “quien mucho abarca poco aprieta”. Convendría establecer algún mecanismo para revisar periódicamente dicho acuerdo y renovarlo.
La consagración familiar lo más lógico es realizarla en el seno del hogar. San Agustín decía que “en su casa que es un pequeño templo, el padre de familia desempeña un oficio eclesiástico y en cierto modo episcopal”. El Concilio Vaticano II nos enseña también que “en su hogar, especie de iglesia doméstica, los padres deben ser para sus hijos los primeros predicadores” (LG 11). Sobre ellos, pues debe recaer tanto los preparativos de la consagración como su desarrollo. Invitar a un sacerdote, diácono o religiosa a que les acompañe pueden ayudar a realzar la importancia del momento. Pero el padre y la madre son los más indicados para presidir la sencilla ceremonia de la consagración de su familia.
Es esencial contar con un hermoso cuadro o estatua del Sagrado Corazón. Un Cristo crucificado de esos nos dejan su Costado herido puede servirnos también. Pero hay que colocarlos en el lugar más digno y central de la casa y adornarlo. Ya bastante relegado está el Señor en el ámbito de nuestra sociedad secularizada para vayamos a relegar su imagen a la cocina o la terraza de atrás. Lo de flores, besos y otros gestos de aprecio y cariño es importante también, porque como hemos visto, nuestro desabrimiento y desamor sí que le importan y le hieren.
A continuación te brindamos un ejemplo de plegaria de consagración familiar. Puedes usarla con provecho, pero lo ideal sería que toda la familia pudiera envolverse en el proceso y redactar su propia plegaria de consagración teniendo presente los principales elementos que te ofrecemos aquí. Con el modelo de consagración que encuentras a continuación te sugerimos dos cursos de acción:
1. El padre y la madre la leen en nombre de todos. Inmediatamente después, cada uno de los miembros de la familia presentes añaden unas palabras propias y más personales que reiteren o refuercen en contenido de la plegaria base.
2. Tomando como base los principales elementos de este modelo, la familia se envuelve en el proceso de redactar su propia plegaria de consagración e incluye en el texto lo compromisos concretos que ha decidido hacer como parte de su compromiso.
Texto de la Consagración familiar
+En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amen.
Señor Jesús, tu amor misericordioso nos invitó un día a integrarnos por el bautismo en tu Cuerpo que es la Iglesia. ¡Gracias ¡Alabado sea por siempre tu nombre Esta familia aquí presente ante tu querida imagen, se acoge llena de esperanza a tu Sagrado Corazón. Deseamos consagrarnos - es decir - entregarnos por completo y sin reservas a Ti.
Hoy como ayer, son muchos lo que te rechazan y te alejan de sus hogares, de sus profesiones y trabajo, de sus vidas. Pero nosotros, Señor, te recibimos contentos y agradecidos en nuestro hogar, nuestras vidas y nuestro corazón. Apodérate Señor de nuestro hogar. Que nada ni nadie sea más importante para nosotros que Tu.
Te pedimos perdón por tantos pecados e ingratitudes con los que te hemos ofendido. Quisiéramos no volver a fallarte jamás. ¡Cambia, Señor, nuestro duro corazón y concédenos que se parezca al tuyo Que nada sea más importante para nosotros que hacer la santa voluntad de tu Padre, que es el nuestro.
Tu continúas ofrendándote por nosotros al Padre en la Eucaristía que celebra y construye a tu Iglesia. Acepta, Señor, la pobre ofrenda de nuestras vidas, de nuestros trabajos, penas y alegrías. Preséntasela con tu amable ofrenda al Padre, y ¡recíbemos, Señor en tu servicio
Concédenos, de ahora en adelante, pensar y sentir como Tú; amar y trabajar como Tú. Cuenta con nosotros para que sea una realidad tu añorado Reino de justicia, de amor y de paz.
Corazón de Jesús, danos tu amor y gracia, y podremos serte fieles siempre. Y danos también la alegría y las fuerzas para ser fieles a este compromiso concreto que hemos tomados juntos para recordarnos a nosotros mismos y expresarte a Ti este año nuestra Consagración Familiar: (aquí uno de los miembros de la familia previamente designado por todos estableces los términos de lo que han decidido)
Santa María, Madre de Dios y nuestra, modelo perfecto de consagración a tu Divino Hijo, ruega por nosotros para que no faltemos a nuestra palabra. Que tu Corazón Inmaculado ilumine y aliente nuestro esfuerzo por ser fieles a nuestro Señor Jesucristo, fruto bendito de tu vientre. Amén.
San José, ruega por nosotros. San Miguel Arcángel, ruega por nosotros.
Gloria al Padre, al Hijo, y al Espíritu Santo, ahora y siempre y por todos los siglos. Amen.