Conclusión
A los totalmente consagrados, María los ama ardientemente con un amor afectivo y efectivo.
Consagrándote a Ella totalmente, sucede como cuando una lente poderosa concentra en un solo punto los rayos ardientes del sol. Los rayos ardientes del Corazón de María se concentran en tu corazón, encendiendo en tu alma un fuego abrazador.
María se apresurará siempre a otorgarte gracias y protección. Como Esposa del Espíritu Santo, intercede ante El para que te inunde de Sus dones.
El ideal del consagrado es llegar a una identificación con María y ser así habilitado para una íntima comunión con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.
“Ella, María, te guiará y no te perderás,” escribe San Bernardo.
Te nutrirá en la fe, la esperanza y la caridad.
Te fortalecerá en el sufrimiento, porque
Sostenido por Ella, no caerás,
protegido por Ella, no temerás,
guiado por Ella, no sentirás cansancio,
apoyado en Ella, llegarás a la meta.
—San Bernardo
La perfecta consagración al Corazón Inmaculado de María te ayudará a alcanzar la santidad. En efecto, es el camino más sencillo porque Cristo mismo lo usó y la unción del Espíritu Santo lo hace aún más fácil y ligero.
Es el camino más corto, nadie se extra-vía—en poco tiempo puede uno hacerse santo.
Es el camino más perfecto, siendo María la Madre de los Santos.
Es el camino más seguro, porque quien quiere tener el fruto maduro, debe tener el árbol que lo produce; el “árbol de la vida” es María, el “fruto maduro” es Jesús (San Luis Grignion de Monfort).
Nos consagramos por entero al servicio de Dios; consagramos a Jesús y María pensamientos, palabras y acciones. Sea que durmamos o estando despiertos, conscientes o inconscientes, somos siempre de Jesús y de María en virtud de nuestro ofrecimiento!!!
San Bernardo nos recuerda:“Cuando queráis ofrecer algo a Dios, procurad ofrecerlo por las manos dignísimas de María, si no queréis ser rechazado...! Porque Jesús no se fija en nuestros dones, sino en Su Madre que se los presenta.”
¡Quien quiere al Espíritu Santo, debe tener a la Esposa!
¡Quien tiene a Dios por Padre, tiene también a María por Madre!
Como consagrados, “hagamos todo con María y nada sin Ella” (cf. Tratado V.D. no. 216). Y Grignion de Monfort con San Buenaventura exclama: “¡Soy todo tuyo y canto tengo es tuyo, Virgen gloriosa y bendita entre todas las criaturas! ¡Que yo te ponga como sello sobre mi corazón, porque tu amor es fuerte como la muerte!” (Psalt. Majus)
Todas las veces que tú, como consagrado, digas: ¡MARIA!, el eco contestará siempre: ¡JESUS!
Oraciones de Consagración

Pacto de Amor con María
Oh María Inmaculada, Madre mía, yo te ofrezco y consagro mi mente, mi corazón, mi voluntad, el cuerpo y el alma, con el valor de mis buenas acciones: pasadas, presentes y futuras. Pues soy todo tuyo, oh Madre mía, dispón de mí y cuanto me pertenece a tu gusto, cuídame y defiéndeme, guárdame y santifícame como tu propiedad, para la mayor gloria de Dios. De ahora en adelante, buscaré honrarte y obedecerte en todas las cosas. Oh Madre Inmaculada, concédeme la gracia de que me transforme en Jesús, hasta llegar a Su perfecta madurez, para que de verdad ya no sea yo quien viva, sino Cristo que vive en mí, y cuéntame entre los que Tú amas, diriges, alimentas y proteges como hijos Tuyos.
En Ti y Contigo y unido a tu “Sí”, haz que pueda hacerme perfectamente UNO con la voluntad de Dios. Permíteme ser tu apóstol, para que haya un verdadero avivamiento mariano en todo el mundo.
Renuevo hoy mi pacto de amor Contigo.
Bendíceme, Madre mía. Amén.
Breve Consagración a María Santísima
Oh Señora mía, oh Madre mía, yo me ofrezco enteramente a Ti y en prueba de mi filial afecto, te consagro en este día y para siempre: mis ojos, mis oídos, mi lengua, mi corazón. En una palabra: TODO MI SER. Ya que soy TODO TUYO, oh Madre de bondad, guárdame y defiéndeme como hijo y posesión tuya. Amén.