PRESENTACIÓN
Rosario significa “jardín” o “corona de rosas”.
A María Santísima le honra y le agrada el aroma de la corona de rosas espirituales que es el Rosario. Esta sublime plegaria mariana está constituida por las oraciones más excelentes: el Padrenuestro (fundamento de la oración cristiana), el Avemaría (repitiendo ciento cincuenta veces el saludo del ángel a la Virgen y las alabanzas de su prima Isabel, junto con la rogativa de la Iglesia) así como el Gloria que es alabanza y glorificación a Dios Uno y Trino.
Pero el rezo del Rosario, para ser efectivamente una oración con fruto, debe incluir igualmente la contemplación, compaginando la oración vocal con la meditación de los misterios de la salvación y que son los que nos ayudan a vivir los dolores y gozos de la vida, según el modelo de Jesús y María.
Hay un peligro: la terrible rutina que puede llevarnos a rezar el Rosario de forma distraída y monótona, con lo cual perderemos un sinnúmero de gracias. Debemos, pues, estar atentos para no malgastar el tiempo rezando con descuido y por costumbre, más que por un verdadero amor a nuestra Madre Santísima. Finalmente será sobre todo el amor a María lo que no nos dejará caer en la fácil monotonía.
La Virgen Santísima ha pedido el rezo del Rosario en sus diversas apariciones: Lourdes, Fátima y más recientemente, Medjugorje, evento éste último que está siendo atentamente estudiado por las autoridades de la Iglesia. Según una antigua tradición, fue la Virgen María quien reveló y aconsejó a Santo Domingo de Guzmán, en el siglo XIII, el rezo y la propagación del Santo Rosario.
El Rosario es una síntesis admirable de todo el evangelio, meditación de los pasos del Señor y Su Madre. Corona de rosas, himno de alabanza, oración sencilla de la familia, compendio de vida cristiana, prenda segura del favor celestial a la hora de la muerte—el Santo Rosario es todo esto y más.