III.
EL SANTO ROSARIO EN OTROS DOCUMENTOS DEL MAGISTERIO

Código de Derecho Canónico

A los Seminaristas: 246 (3) Deben fomentarse el culto a la Virgen María incluso por el rezo del Santo Rosario, la oración mental y las demás prácticas de piedad con la que los alumnos adquieran espíritu de oración y se fortalezcan en su vocación.

A los Religiosos: 663 (4) Tributarán un culto especial, también mediante el rezo del Santo Rosario, a la Virgen Madre de Dios, modelo y amparo de toda vida consagrada.

Documentos del Episcopado Latinoamericano

Oración que ha de ser visible y estimulante. También se está encontrando de nuevo el sentido de la gran tradición de la Iglesia de orar con salmos y textos litúrgicos, sobre todo en la Eucaristía participada. Lo mismo sucede con otras devociones tradicionales como el Rosario.

Encarece a los sacerdotes con particular interés: ...la práctica diaria de la oración mental, la visita al Santísimo Sacramento, el rezo del Santo Rosario y el examen de conciencia... (P 23).

Catecismo de la Iglesia Católica

971. «Todas las generaciones me llamarán bienaventurada» (Lc 1,48): La piedad de la Iglesia hacia la Santísima Virgen es un elemento intrínseco del culto cristiano (MC 56). La Santísima Virgen con el título de ‘Madre de Dios’ bajo cuya protección se acogen los fieles suplicantes en todos sus peligros y necesidades...

Este culto... aunque del todo singular, es esencialmente diferente del culto de adoración que se da al Verbo Encarnado, lo mismo que al Padre y al Espíritu Santo, pero lo favorece muy poderosamente (LG 66); encuentra su expresión en las fiestas litúrgicas dedicadas a la Madre de Dios (cf. SC 103) y en la oración mariana, como el Santo Rosario, «síntesis de todo el Evangelio» (cf. Paulo VI, MC 42).

1674. Además de la liturgia sacramental y de los sacramentales, la catequesis debe tener en cuenta las formas de piedad de los fieles y de religiosidad popular. El sentido religioso del pueblo cristiano ha encontrado, en todo tiempo su expresión en formas variadas de piedad en torno a la vida sacramental de la Iglesia: tales como la veneración a las reliquias, las visitas a santuarios, las peregrinaciones, las procesiones, el Vía Crucis, las danzas religiosas, el Rosario, las medallas etc. (cf. Concilio de Nicea II: DS 601; 603; Concilio de Trento: DS 1822).

2678. La piedad medieval de Occidente desarrolló la Oración del Rosario, en sustitución popular de la Oración de las Horas.

El Santo Rosario en la Exhortación Apostólica «Marialis Cultus» de Paulo VI

El Concilio Vaticano II, al tratar del misterio de María hizo una breve referencia a las prácticas de devoción hacia Ella: «Los hijos de la Iglesia... estimen mucho las prácticas y los ejercicios de piedad hacia Ella recomendados por el magisterio en el curso de los siglos» (LG 67).

– La Exhortación Marialis cultus

Otra exhortación apostólica de Paulo VI, la Marialis cultus (1974), hablará ampliamente del Rosario. En ella se recuerdan los elementos esenciales constitutivos de tal oración:

El Rosario es al mismo tiempo, en virtud de sus elementos constitutivos, plegaria que alaba, implora y adora. El Rosario, además, da origen a otros ejercicios de piedad e inspira formulaciones nuevas de oración como «celebraciones de la palabra», en las que se desarrollan de manera homilética y meditativa más difusa algunas de sus partes.

52. Y ahora, en continuidad de intención con nuestros predecesores, queremos recomendar vivamente el rezo del Santo Rosario en familia. El Concilio Vaticano II ha puesto en claro cómo la familia, célula primera y vital de la sociedad por la mutua piedad de sus miembros y la oración en común dirigida a Dios, se ofrece como santuario doméstico de la Iglesia. La familia cristiana, por tanto se presente como una Iglesia doméstica cuando sus miembros, cada uno dentro de su propio ámbito e incumbencia, promueven juntos la justicia, practican las obras de misericordia, se dedican al servicio de los hermanos, toman parte en el apostolado de la comunidad local y se unen a su culto litúrgico; y más aún, si elevan en común plegarias suplicantes a Dios: porque si fallase este elemento, faltaría el carácter mismo de la familia como Iglesia doméstica. Por eso debe esforzarse para instaurar en la vida familiar la oración en común.

54. Después de la celebración de la Liturgia de las Horas –cumbre a la que puede llegar la Oración doméstica– no cabe duda de que el Rosario a la Santísima Virgen debe ser considerado como una de las más excelentes y eficaces oraciones comunes que la familia cristiana está invitada a rezar. Deseamos vivamente que cuando un encuentro familiar se convierta en tiempo de oración, el Rosario sea su expresión frecuente y preferida.

Sabemos muy bien que las nuevas condiciones de vida de los hombres no favorecen hoy momentos de reunión familiar y que, incluso cuando esto tiene lugar, no pocas circunstancias hacen difícil convertir el encuentro de familia en ocasión para orar. Difícil, sin duda. Pero es también una característica del obrar cristiano no rendirse a los condicionamientos ambientales, sino superarlos; no sucumbir ante ellos, sino hacerles frente. Por eso las familias que quieren vivir plenamente la vocación y la espiritualidad propia de la familia cristiana, deben desplegar toda clase de energías para marginar las fuerzas que obstaculizan el encuentro familiar y la oración en común.

 
 
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