VII.
MOTIVACIONES PARA REZAR MEJOR EL SANTO ROSARIO
Primera Motivación
El Santo Rosario es una devoción muy antigua. «La piedad medieval de Occidente desarrolló la oración del Rosario, en sustitución de la Oración de las Horas». Es una meditación de la vida de Jesucristo y de la Virgen María. «La oración cristiana se aplica preferentemente a meditar los misterios de Cristo, como en el Rosario. La meditación hace intervenir al pensamiento, la imaginación, la emoción y el deseo. Esta movilización es necesaria para profundizar en las convicciones de fe, suscitar la conversión del corazón y fortalecer la voluntad de seguir a Cristo.
El Rosario está dividido en tres partes y cada parte, en cinco misterios. En cada misterio se rezan un Padrenuestro, una decena de Avemarías y un Gloria. Una costumbre piadosa es rezar diariamente en familia al menos una tercera parte del Santo Rosario (es decir, cinco misterios).
Segunda Motivación
No basta con rezar el Rosario. ¡Hay que rezarlo Bien! Tengamos presente lo que dice el Papa Paulo VI: «El rezo del Rosario exige que el ritmo sea tranquilo y que se tome su tiempo para que la persona que se entrega a él pueda meditar mejor los misterios del Señor... Sin esta contemplación, el ROSARIO ES UN CUERPO SIN ALMA». Y su rezo corre el peligro de convertirse en mecánica repetición de fórmulas. En este texto fundamental, el Papa nos descubre DOS SECRETOS para rezar el Rosario debidamente:
Primer Secreto—Rezar el Rosario Despacio
El primero de estos secretos es REZAR EL ROSARIO DESPACIO, sin correr. ¡Qué desagradable esa confusión de voces, a cual más rápida, que no se detienen ni para respirar, ni siquiera al enunciarse los misterios! Más parece un enjambre de avispas enfurecidas que un grupo de creyentes en oración. Recemos, al contrario, DESPACIO el Rosario, articulando bien las palabras –sin comérnoslas– y con un ritmo pausado que favorezca la contemplación. Traten de ir todos iguales y si en un momento dado se mezclan muchas voces, que el uno escuche al otro y que todos se pongan al compás de quien lo recita más despacio.Segundo Secreto: Contemplar los Misterios
El segundo secreto, más importante todavía, es que el Rosario SEA UNA ORACIÓN DE CONTEMPLACIÓN. La bella fórmula de Paulo VI, «entregarse al Rosario», debe significar: Ir más allá de lo pronunciado por los labios. Un sumergirse dentro y un dejarse empapar totalmente por los grandes misterios de la fe, que gracias al Rosario desfilan ante nuestros ojos extasiados.
Para facilitar esta meditación, es preciso PONERSE EN PRESENCIA DE DIOS Y DE LA VIRGEN al comenzar el Rosario, y para lograr esto, nada mejor que usar nuestra FANTASÍA. Rezar el Rosario debe ser ... ¡como encender un televisor a color!—la pantalla se ilumina y de repente aparecen escenas palpitantes de vida y colorido: las escenas de la vida de Jesús y María, que nos esforzamos en reconstruir mental y visualmente mediante el uso adecuado de nuestra fantasía.¡Cuántas veces no hemos abusado de esa «loca de la casa» –así llama Santa Teresa a la fantasía– porque tantas veces nos distrae, nos desvía o peor aún, nos hace deleitarnos en cosas frívolas o impuras! Que sirva, por el contrario, esta preciosa facultad para hacer desfilar ante nuestros ojos las telenovelas de Dios, que son los Misterios del Rosario; para ir evocando los perfiles, los vivos colores, los perfumes y sonidos de estos escenarios bíblicos.
A fin, que así nuestra mente se ilumine con las verdades divinas, nuestro corazón se inflame, a su vez de amor y nuestra blanda y vacilante voluntad se enderece y se fortalezca a la luz de esos hermosos ejemplos que el Rosario nos hace revivir. Ejemplos de humildad, de espíritu de pobreza, de mansedumbre, de sacrificio, de entrega y de valor frente a la Cruz, de capacidad de perdón, de docilidad y de ternura para con Dios.
Rezado así, el Rosario, lejos de ser una estéril repetición de palabras, será más bien «como cincuenta rosas perfumadas que lentamente deshojaremos mientras se graban en nuestra alma para siempre por medio de los Misterios evocados las amorosas lecciones de la vida de Jesús y de María».
«Quien se limitare –observa el Padre Antonio Royo Marín– a rezar los Padrenuestros y avemarías, pero sin meditar en los Misterios, haría sin duda una excelente oración, pero no rezaría el Rosario. Igualmente, él que meditara atentamente los misterios pero sin rezar los Padrenuestros y Avemarías haría una excelente meditación, pero es claro que tampoco habría rezado el Rosario. Para que exista el Rosario es preciso, imprescindiblemente, JUNTAR LAS DOS COSAS: «Rezo de las oraciones y la meditación de los misterios».
Esta observación, sumamente importante, nos hace comprender cómo muchísima gente que cree estar rezando el Rosario, de hecho quizá nunca lo hicieron. ¿Por qué? ¡Precisamente porque faltaba la meditación, la contemplación de los misterios! No basta con enunciarlos rápidamente.
Es preciso fijar la mente, dejar correr la imaginación y fantasía, e identificar el corazón con los episodios de la vida de Jesús y de María, típicos de cada misterio y no solamente al inicio de cada decena, sino también durante el misterio.
Es más importante y conveniente fijar la mente en los MISTERIOS que en cada palabra que se pronuncia. Si acaso, el misterio que estás contemplando te asombra, te fascina, te conmueve al punto de absorber toda tu atención y presencia, haciéndote casi olvidar las palabras que tus labios están pronunciando... ¡No te aflijas! Al contrario, ¡bendito sea Dios! Porque habrás logrado lo que es el fin de toda oración vocal: llevarnos a la contemplación del Amor Divino y de las demás realidades de nuestra fe y esperanza.
Así sucedió con Santa Teresita del Niño Jesús. Apenas decía «Padre Nuestro...», ¡tanto sentía sobre sí el peso de la ternura de Dios que, al saberse tan amada, empezó a llorar! Y no logró avanzar más en el Padre Nuestro que en estas dos primeras palabras. ¿Y nosotros? Acumulamos decenas y decenas de Padrenuestros y Avemarías, pero sin sentir, sin imaginar, sin ver «nada» con los ojos interiores de la Fe. Un Rosario así no impactará en nuestra vida, no la cambiará, no la edificará. Por tanto, no rezamos un verdadero Rosario. Ésta es quizá la lección más importante, el secreto más profundo que debemos aprender a propósito del Rosario.
Tercera Motivación
LAS QUINCE PROMESAS DE LA VIRGEN MARÍA A QUIENES RECEN EL ROSARIO
Bendición del Rosario o Camándula
En memoria de los misterios de la vida, Muerte y Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo, para honra de la Virgen María, Madre de Cristo y de la Iglesia, sea bendecida la persona que ore devotamente con este Rosario. En el Nombre del Padre + y del Hijo + y del Espíritu Santo.
R. Amén.