Viaje Secreto de la Guadalupana
1926 ~1929

Conferencia sustentada por la señora Guadalupe Murguía de González Barrios

HONORABLE PRESIDUIM, RESPETABLE AUDITORIO.

Me han asignado este maravilloso Tema titulado UN VIAJE SECRETO DE LA GUADALUPANA, que con verdadero agrado voy a relatarles en este Vigésimo Quinto Congreso Nacional Guadalupano con el que estamos festejando las BODAS DE PLATA de este Centro de Estudios Guadalupanos.

Este tema se mantuvo en secreto por muchos años, por las circunstancias que prevalecieron en esa época: la persecución religiosa. En la última década de este Siglo XX que estamos finalizando, nuestra Constitución Política reformó los Artículos 3,5,24,27 y 130, dando reconocimiento jurídico a las Iglesias, con lo cual, ya se tienen mejores relaciones con el Estado; y en tan gran acontecimiento que estamos celebrando, doy a conocer, como primicia, qué sucedió en esos años de 1926 a 1929. Para tal efecto, es necesario hacer un poco de historia, que nos lleve de la mano, paso a paso, de lo que ocurrió en esas fechas.

¿Y por qué el viaje secreto de nuestra Guadalupana? Hay muchos motivos y poderosas razones por haber actuado con sigilo. Acababa de pasar la Revolución Mexicana -1910~1914 -, la masa campesina fue a la revolución empujada exclusivamente por la miseria. El 95 por ciento de los campesinos no tenían tierras; las propiedades comunales, que representaban una quinta parte de las tierras de la nación, habían sido vendidas a particulares, principalmente a extranjeros; los salarios de los trabajadores agrícolas eran los mismos que en 1792, es decir, la situación de los campesinos indios era la misma que en el Siglo XVIII -18- bajo la dominación española.

Venustiano Carranza derrocó a Victoriano Huerta y ocupó la Presidencia de la República en 1914, y fue Presidente en el período 1915 a 1920. Convocó en Querétaro el Congreso, que promulgó la Constitución de 1917. Esta Constitución había dispuesto un vasto sistema de “reformas” tan radicales que tanto en Europa como en los Estados Unidos la opinión estaba alarmada: temían que México se lanzase por los caminos del comunismo.

En 1917, Venustiano Carranza, legalmente investido de la Presidencia de la República Mexicana, no consideró que era entonces oportuno aplicar la totalidad de dichas reformas y solamente encargó a una comisión que distribuyera 180 MIL hectáreas a 48 MIL familias.

En 1918 se reanudó la guerra civil; el papel moneda perdió su valor y, en medio de una espantosa epidemia de gripe, el País volvió a caer en el caos.

En 1920, casi al término de su mandato, el Presidente Carranza fue asesinado y Adolfo de la Huerta fue designado Presidente Provisional. El General Alvaro Obregón se adueñó del poder y poco después fue elegido Presidente de la República Mexicana, de 1920 a 1924.

En realidad, la fraseología revolucionaria del General Obregón no representaba mas que un nacionalismo agresivo y anticlerical. Las relaciones Iglesia/Estado empezaron a tener serias dificultades y, ante este panorama, se llevó a cabo el más espantoso de los sacrilegios; fue el 14 de noviembre de 1921: un individuo pelirrojo había puesto, entre un ramo de flores, una bomba de dinamita a los pies de la Santísima Virgen de Guadalupe.

Ante estos hechos, nuestras Autoridades Eclesiásticas levantaron tres actas ante el Notario Público Licenciado Federico Ignacio Velásquez, de fechas 18 y 19 de noviembre de 1921 y el 4 de marzo de 1922; ésta última sobre las investigaciones que se llevaron al cobo por mandato del Excmo. Sr. Arzobispo de México Dr. Dn. JOSÉ MARÍA MORA Y DEL RÍO.

En la primera acta declara el Sacristán Mayor de la Basílica, Padre Ignacio Días de León: …”Se verificaba la toma de posesión del nuevo canónigo, Padre Antonio Castañeda, y cuando se efectuaba la procesión en las naves de la Basílica, él se quedó cuidando el presbiterio, como lo acostumbra en tales casos, cuando un individuo de pelo azafranado pretendió entrar al presbiterio y él se él se lo impidió, cerrando la rejilla que queda frente al Sagrario y que da acceso al presbiterio; esto no le llamó la atención, porque siempre la gente pretende llegar hasta el altar. Luego que terminó la ceremonia, los señores Capitulares se retiraron a la sacristía y tras ellos iba él; apenas se encontraban frente al altar de Santa Ana cuando se escuchó una terrible detonación, al grado que se figuró que se había desplomado la Basílica o venido abajo las bóvedas. Inmediatamente regresó al presbiterio y vio una nube blanca a la altura del cuadro de la Santísima Virgen que ascendía, dándose luego cabal cuenta de que la Sagrada Imagen y el cristal que la cubre, ESTABAN ILESOS. Hizo correr la cortina para cubrir el cuadro. Pocos instantes después el polvo obscurecía la atmósfera, en seguida pretendió la luz eléctrica y gritó que cerraran las puertas del templo, para impedir que el delincuente saliera, si acaso aún permanecía allí, e impedir a la vez, que el pueblo invadiera el recinto.

Bajo el cuadro se veía el mármol, casi pulverizado, en el lugar donde se supone puso la bomba; vio el Santo Cristo de bronce, hecho arco, los candelabros caídos y los floreros hechos pedazos; no se percibía olor alguno, ni vio fragmentos de la envoltura de la bomba”… Hasta aquí la narración del Sacristán Mayor de la Basílica.

En la segunda acta se nos describe lo siguiente: …”Los desperfectos que causó la bomba, afectó la placa de mármol de la base en que se supone fue colocada; tiene un metro nueve centímetros de largo y cinco centímetros de espesor y detrás de esas placas está un relleno de ladrillo de argamasa de yeso con espesor de siete centímetros, y todo está sostenido por una vigueta de hierro de quince centímetros de peralte; los efectos de la bomba destruyeron por completo lo anterior, dejando pulverizada la parte superior del expresado zócalo, en una extensión aproximada de unos sesenta centímetros, desalojando hacia fuera las placas de mármol que la forman, destruyendo también el relleno de mampostería de ladrillo, ya descrito, dejando al descubierto las viguetas de hierro que sostienen el frontispicio citado, el cual está formado por dos columnas monolíticas de mármol que sostienen las cornisas que sirven de remate al altar. Se encuentra también el Crucifijo de bronce que se acostumbra colocar frente al celebrante; tiene flexionado, formando arco, el árbol de la cruz hacia atrás del Santo Cristo y los brazos de la cruz flexionados, formando arco hacia atrás”.

La tercera acta notarial del 4 de marzo de 1922, nos hace saber de otros muchos desperfectos causados por la trepidación de la bomba en el altar y en sus contornos. …”Un fenómeno muy de notarse fue el que la onda explosiva penetró entre el plano que respalda la Sagrada Imagen y el otro que resguarda el cuadro de San Juan Nepomuceno que distan entre sí muy pocos centímetros. Esta pintura sufrió pequeños desperfectos, quedando INDEMNE LA IMAGEN DE LA VIRGEN”….

El señor Alfonso Marcué González, Secretario Particular del Señor Abad Lic. Feliciano Cortés …sea dicho de paso, el primer descubridor de la imagen en los Ojos de la Virgen de Guadalupe, esto se lo notificó al Señor Abad y él le recomendó callar y así lo hizo-. Bien, el señor Marcué dejó este testimonio en su archivo particular, hoy propiedad de Monseñor Licenciado Don Enrique Roberto Salazar:

…”Cuando vino la calma, testigos oculares afirmaron que habían visto cómo un joven pelirrojo, vestido de overol nuevo, aún traía la etiqueta de compra, subía con fingida devoción al presbiterio, cuando el Padre Sacristán se fue a la sacristía dejando abierta la entrada al presbiterio, subió los escalones hasta llegar donde están los dísticos del Papa León XII, allí colocó un gran ramo de flores, en el que se ocultaba la bomba; apresuradamente y tembloroso salió por la reja frente al Sagrario, lugar donde fue rodeado por un grupo de “fieles obreros” que aparentemente lo habían confundido con un vulgar ladrón.

En esos precisos instantes de expectación surgió en la penumbra del templo una intensísima luz que por momentos cegó a los presentes, al tiempo que se escuchó un estruendo terrible, que semejaba a la detonación de mil cañones disparados a la vez. ¡HABÍA ESTALLADO UNA POTENTE BOMBA DE DINAMITA! El impacto hizo cimbrar el edificio y se escuchó en un radio de dos kilómetros a la redonda, afectando y destruyendo edificios y casas de la zona, rompiéndose los vidrios en mil pedazos.

Mientras tanto, el sospechoso ya no pudo escapar del interior de la Basílica, la policía se había hecho cargo del presunto dinamitero”.

Momentos después se presentó en la Basílica el Presidente Municipal de la Villa de Guadalupe Hidalgo, Dr. Don Edmundo González Aragón, e inició las primeras diligencias de lo allí ocurrido. Una nutrida multitud, con el dolor e indignación reflejados en sus rostros, le informaron de viva voz de lo que habían visto y oído. Todos pedían justicia contra el autor del atentado. En ese momento llegó un gendarme de la policía local para decirle que le llamaban por teléfono de la Presidencia de la República y de inmediato fue a contestar: La llamada era del General Alvaro Obregón, Presidente de la República Mexicana, para decirle: “Dé usted garantías al preso que acaban de aprehender en la Iglesia. Ya mando por él”… Efectivamente, no habían pasado treinta minutos, cuando llegó un camión de redilas, enviado por la Presidencia, con un pelotón de soldados a recoger al preso.

La noticia fatídica y consternadota referente al sacrílego atentado dinamitero, como reguero de pólvora voló a todas las latitudes de la República Mexicana y a los servicios de información internacionales, causando profunda indignación en todas partes. Se organizaron manifestaciones de desagravio en todas las parroquias de la Capital y de los Estados de la República. El 17 del mismo mes de noviembre de 1921 se efectuó una magna manifestación pública en la Plaza de la Constitución. El comercio permaneció cerrado durante cinco horas en signo de protesta muda contra el atentado.

Los diarios publicaron fotografías de esta concentración y un grupo de jóvenes subieron a lo alto de la Catedral Metropolitana echando a vuelo las campanas y ondeando la bandera mexicana en una de las torres.

A la Curia Eclesiástica y a la Abadía de Guadalupe llegaron millares de telegramas con enérgicas protestas, de adhesión y desagravio.

Transcurrió el tiempo y a través de los años se pudo aclarar que el dinamitero era un empleado de confianza de la Presidencia y que los “obreros” que lo rodearon para defenderlo de la indignación popular fueron soldados del Gobierno disfrazados de civiles.

Los diarios de ese tiempo publicaron las señas y circunstancias para identificar al malhechor, pero los que pudieron testificar en su contra no se atrevieron por el temor a las represalias.

El dinamitero fue consignado a un juzgado, de donde salió libre por falta de méritos, pues nadie se prestó para acusarlo en tan grave delito. Con el tiempo se supo su nombre: LUCIANO PEREZ CARPIO.

Después de este horrible atentado dinamitero se establecieron guardias guadalupanas que continuamente cuidaban el cuadro de la Santísima Virgen de Guadalupe. El pintor RAFAEL AGUIRRE, viendo más adelante, pensó que esto no sería suficiente y mucho temía que se repitiera el atentado, ocasionando la destrucción total de tan precioso tesoro, por lo que se presentó ante el Excelentísimo Señor Arzobispo de México, Dr. JOSÉ MARÍA Y DEL RÍO, para decirle que él se comprometía a poner todo su esfuerzo para hacer una copia, la más perfecta que se pudiera de la Guadalupana, a fin de substituirla por la verdadera, la que debería ser guardada en un lugar oculto para precaverla de un posible sacrilegio.

El Señor Arzobispo lo escuchó con mucha atención y le indicó que fuera a proponer el caso a los señores canónigos de la Basílica de Santa María de Guadalupe, ya que ellos eran los encargados. Así lo hizo el notable pintor Aguirre, presentándose con el ilustrísimo Señor Abad Licenciado Feliciano Cortés, quien no dio mucha importancia al asunto, quedando el pintor Aguirre sumamente desconsolado.

Terminó por fin el mandato del General Alvaro Obregón y con él su lucha empeñada contra el capitalismo y anticlericalismo.

Vienen las elecciones de 1924, realizadas en una atmósfera de fraude y violencia; llevaron a la Presidencia al General Plutarco Elías Calles, quien se impuso por el terror y alardeando de ser instrumento de las reivindicaciones proletarias. En realidad, se apoyaba en el ejército, al que dedicaba la cuarta parte del presupuesto y en el neocapitalismo mexicano, verdadero beneficiario de la revolución.

Dos meses después de la iniciación de su Gobierno empezaron los atropellos contra los Arzobispo y Obispo y hubo la expulsión de dos Delegados Apostólicos. En el terreno obrero, su Secretario de Industria, Comercio y Trabajo, LUIS N. MORONES, agrupó a los obreros en sindicatos oficiales. Uno de los efectos de esa agrupación fue el de propiciar el encubrimiento y enriquecimiento fácil de muchos políticos venales y dirigentes de sindicatos, que utilizaban al obrerismo organizado con fines de lucro personal. Este mismo personaje, se supo también, intentó fundar una Iglesia Católica Mexicana, a ciencia y paciencia de Calles y con el fin premeditado de fundar una Iglesia dependiente de las Oficinas del Gobierno y que pudiera, a los ojos del pueblo inculto, sustituir a la Iglesia Católica, Apostólica y Romana.

Una sola fuerza se irguió para resistir a Calles: fue la IGLESIA CATÓLICA, que era víctima de su política anticlerical. Y para destruir su influencia social, Calles emitió una Ley el 2 de julio de 1926, que entraba en vigor el 31 de julio de l926, la cual es la siguiente –tomada del libro “La Persecución Religiosa en México”, del Padre Don LAURO LOPEZ BELTRAN, ilustrísimo Señor Canónigo Honorario de la Insigne y Nacional Basílica de Santa María de Guadalupe, páginas 47, 48 y 49-.

…”Ley que reforma el Código Penal para el Distrito y Territorios Federales sobre delitos del fuero común y para toda la República sobre delitos contra la Federación”…

  1. Incurren en multa, hasta de 500 pesos o, en su defecto, arrestos que no excedan de 15 días, los ministros de culto que no siendo mexicanos por nacimiento, ejerciten su ministerio; podrá, además el Ejecutivo expulsar, desde luego, al infractor.
  2. Incurren en multa de 500 pesos o, en su defecto, en arresto que no exceda de 15 días:
    1. Los que den enseñanza religiosa en las escuelas primarias.
    2. Las corporaciones religiosas o ministros de culto que establezcan o dirijan escuelas primarias.
    3. Los que establezcan escuelas primarias sin sujetarse a la vigilancia oficial.
    4. Los ministros de culto o individuos de uno y otro sexo que los profesan, que usen los trajes especiales o distintivos que los caracterizan.
    5. El encargado de un templo que dentro del mes siguiente al día en que se hayan hecho cargo de un templo destinado al culto, no de avisos a que se refiere el párrafo XI del artículo 130 de la Constitución.
  3. Incurren en uno o dos años de prisión:
    1. Las personas exclaustradas que, después de ser disueltas, vuelvan a reunirse en comunidad.
    2. Las personas que oculten bienes y capitales pertenecientes a la Iglesia; o las que sirvan de interpósita persona.
  4. Incurren en uno o cinco años de prisión los ministros de culto que en juntas o en actos de culto o propaganda religiosa critiquen las leyes fundamentales del país, o a las autoridades en particular o al Gobierno en general.
  5. Incurren en seis años de prisión los superiores de comunidades religiosas que después de disueltas vuelvan a reunirse.
  6. Incurren en arresto menor y multa de primera clase:
    1. Los ministros de culto que se asocien con fines políticos
    2. Los que induzcan a personas mayores de edad a abrazar el estado religioso.
  7. Incurren en arresto mayor y multa de segunda clase:
    1. Los reincidentes de los números 2º y 6º.
    2. Los que induzcan a menores de edad a entrar en religión.
    3. Los directores de publicaciones religiosas que comenten asuntos políticos nacionales o informen sobre actos de las autoridades del país o de particulares relacionados directamente con el funcionamiento de las instituciones políticas.
    4. Los directores de agrupaciones políticas relacionadas con alguna confesión religiosa.
    5. Los ministros de culto y organizadores que celebren actos religiosos de culto público fuera del recinto de los templos.
  8. Las autoridades municipales que no cumplan esta Ley incurren en diferentes multas pecuniarias y en suspensión del oficio, destitución o inhabilitación para cargos públicos.

Y continúa el Padre Lauro López Beltrán con la publicación de un párrafo de la Carta Pastoral colectiva del Episcopado Mexicano, publicada el 25 de julio de 1926.

…”La Ley del Ejecutivo Federal promulgada el día 2 de julio del presente año, de tal modo vulnera los derechos divinos de la Iglesia, encomendados a nuestra custodia; es tan contraria al derecho natural –que no sólo asienta como base primordial de la civilización, la libertad religiosa, sino que positivamente proscribe la obligación individual y social de dar culto a Dios-; es tan opuesta, según la opinión de eminentes jurisconsultos católicos y no católicos, al derecho constitucional mexicano, que ante semejante violación de los valores morales tan sagrados, no cabe ya de nuestra parte condescendencia ninguna. Sería para nosotros un crimen viniese a la memoria aquel tardío lamento del Profeta: “Vae mihl quia tacui”: “Ay de mi porque callé”…

Esta ley, quizás la más grave de todas cuantas se hayan publicado contra la Iglesia Católica, obligó al Episcopado Mexicano a cerrar todos los templos en la República, suspendiendo los cultos religiosos; no se podía admitir ninguna de estas barbaridades.

El señor Marcué nos sigue comentando al respecto: …”Quince días antes de que se cumpliera la Ley, o sea a mediados del mes de julio de 1926, el Señor Abad de Guadalupe, Monseñor Feliciano Cortés, con urgencia convocó al Cabildo de la Basílica, a fin de tomar medidas de previsión, tendientes a proteger la Sagrada Imagen de Nuestra Señora de Guadalupe, motivada por que los sacerdotes se verían obligados en ausentarse de la Basílica, a causa de la inminente suspensión de los cultos en todas las Iglesias del País.

La reunión del Cabildo fue de carácter estrictamente privado, y el acuerdo tomado fue que una comisión de Canónigos solicitara, de inmediato, una audiencia con el Señor Arzobispo la comisión de Capitulares, presidida por el Ilmo. Abad Cortés, quien tomando la palabra, expuso al venerable Prelado el acuerdo tomado por el Capítulo de Guadalupe, consistente en guardar en sitio seguro –lugar aún no revelado en ese momento- la Sacrosanta Imagen, durante el tiempo que fuera necesario.

El Señor Arzobispo Mora y del Río no sólo aprobó la medida propuesta en principio por el Cabildo de la Basílica, sino que autorizó, conociendo la prudencia y el tacto del Abad, para que en caso de emergencia actuara según las circunstancias.

Satisfechos por el éxito de su gestión en la entrevista con el Señor Arzobispo, los señores Capitulares regresaron a la Villa de Guadalupe y, por la tarde de ese mismo día, en reunión capitular, se acordó enviar una comisión para que fuera al domicilio del pintor RAFAEL AGUIRRE; a fin de encomendarle pintara urgentemente una copia de la imagen de la Virgen de Guadalupe para sustituir a la Original y poder colocar esa copia en la Basílica.

La comisión la formaron el Arquitecto Don Luis G. Olvera y dos Canónigos en representación del Cabildo, se fueron al domicilio del maestro Aguirre para decirle que inmediatamente procediera a ejecutar la Imagen que él había ideado cinco años antes, para sustituirla por la verdadera.

Gustoso aceptó la encomienda y venciendo mil dificultades, pues tenía que dar clases de pintura a sus discípulos, y trabajando de día y de noche y haciendo prodigios, pudo terminar felizmente su admirable obra el día 29 de julio de 1926, llevándola a la Basílica para que, esa misma noche, fuera colocada en el marco de oro que ocupaba el Sagrado original y guardando éste en un lugar oculto”…

Vienen las horas de angustia, de sobresalto y miedo. Aquí se inicia El Viaje Secreto de la Guadalupana.

A continuación un testimonio del señor Alfonso Marcué González, después citaré las Actas Notariales que se levantaron por estos sucesos:

…”Era la media noche, me encontraba entre un grupo de obreros que afanosamente trabajaban bajo la dirección del Señor Abad Cortés, en el presbiterio de la Basílica, a fin de desprender de su cuadro de oro la Imagen de la Virgen de Guadalupe.

En los rostros de los allí presentes se advertía la congoja y el natural nerviosismo a causa de lo difícil del trabajo de tan delicada misión. El Señor Abad, superándose a su estado de ánimo, no perdía, en cambio, ningún movimiento y dictaba órdenes a fin de terminar cuanto antes esas maniobras.

Logrado al fin retirar de su sitio el cuadro por la parte posterior del altar mayor, se procedió de inmediato en bajar el precioso tesoro con infinitas precauciones, entre rezos, discretas lágrimas de emoción y profundos suspiros de cuantos presenciamos esas labores.

Pasamos unos instantes de verdadera expectación donde el silencio era absoluto; sólo se apreciaba el fatigoso esfuerzo desarrollado por los trabajadores al deslizar el cuadro de la Virgen a través de dos escaleras y depositarlo en la mesa del altar posterior.

No fue posible retirar la Sagrada Imagen de la Virgen por el frente, debido a que el día anterior el Delegado de Bienes Nacionales, Don Angel Vivanco Esteve, había procedido arbitrariamente, al sellar el marco con la vidriera, seguramente para evitar ser cambiada la Imagen de Nuestra Señora de Guadalupe.

Pues bien, el Sagrado Ayate de Juan Diego fue conducido a la Sala Abacial, procediéndose inmediatamente en colocar la Imagen, que estaba protegida por la gruesa lámina de plata, envuelta en telas de seda, sellada y lacrada, y para darle mayor protección, se envolvió con tela de jerga gruesa, se colocó en el doble fondo de un antiguo ropero chino que había en la Basílica. Al ropero se le desclavó la tabla de arriba y por allí se introdujo la Imagen de la Virgen. Las medidas del ropero son: de alto, 1.96 m, de ancho 1.27 m y de fondo 0.42 cms. A la vista y el doble fondo de 0.12 cms., espacio suficiente para proteger el cuadro de la Virgen.

Mientras tanto, otro grupo de personas procedía en la tarea de colocar en el sitio la otra imagen de la Virgen de Guadalupe, pintada por Aguirre. El Ingeniero Luis Felipe Murgía sugirió ahumar el cristal para quitar el brillo del óleo recién pintado. Así se hizo, quemaron periódicos y quedó opacado el cristal y colocaron la nueva pintura de la Virgen. Cuando el Señor Abad la vio en el cuadro de oro, no daba crédito a lo que sus ojos le mostraban; no se notaba aparentemente el cambio, y de hecho nadie lo notó el que duró tres años; éste es un gran milagro. El Señor Abad estaba impresionado de que todo estaba saliendo bien, aunque un tanto temeroso por las imprevistas consecuencias que pudieran venir; pero su confianza en Dios y dejando a la Virgen la solución de tal situación”…

Y ¿a quién le iban a confiar la custodia de la Santísima Virgen? Fue al Ingeniero Luis Felipe Murgía Terroba, mi señor padre, quien gozaba de gran estima por parte del Señor Arzobispo y del Señor Abad, por ser un hombre eminentemente cristiano que vivió su fe a través de sus obras de amor al prójimo y dando testimonio de su ejemplar vida, como esposo, hermano, padre de familia y amigo. Mi madre, la señora Eloísa Lacurain de Murguía, siempre lo apoyó en todas sus empresas.

Volvamos con la narración del señor Marcué:

“Era la hora del alba, ya amanecía, cuando se dio por concluída la penosa labor. Fuerzas armadas rodeaban esa mañana el exterior del sagrado recinto de la Basílica, vigiladas todas las salidas en previsión de supuestos desórdenes. La población esperaba acontecimientos graves e imprevistos. La policía impedía portar bultos a la salida del templo. Numerosos fieles, temerosos, se alejaban para no ser detenidos.

En el interior de la Basílica se oraba como era costumbre; los grandes cirios ardían al pie de la imagen de la Virgen de Guadalupe. Nadie sospechó el cambio efectuado en la madrugada; todo parecía normal. En la penumbra, apenas se destacaba el altar mayor, dibujándose difusamente la imagen de Nuestra Señora. Notábase poca actividad en la Sacristía; el Ilustre Abad se encontraba solo en su despacho, en espera de que amaneciera; consumía uno a uno sus cigarrillos a fin de calmar un tanto la tensión nerviosa que lo embargaba. Así transcurrieron largas horas. De pronto, alguien llamó a su puerta para informarle que la situación en el exterior era en extremo peligrosa, si en esos momentos se intentara sacar fuera de los anexos del templo el ropero que contenía la Sagrada Imagen por la calle de Aldamo como se tenía proyectado. Ante tal situación, el Abad ordenó que se abriera una brecha en el muro para salir a través del Convento de las Madres Sacramentarias, al callejón del Curato.

En ese sitio esperaba un camión destartalado de mudanzas, cargado de camas y colchones de los niños Infantes del Coro de la Basílica. El momento fue aprovechado para subir también el ropero chino mencionado. De pronto, un soldado de la Montana inquirió de dónde sacaban esos muebles y tratando de impedir se los llevaran. Al fin fue “convencido” con una moneda de 50 pesos y los dejó partir con la carga, y pudieron llegar a la ciudad de México. Guiando el camión iba el señor UBALDO MORENO y el señor ALFONSO MARCUÉ GONZÁLEZ como su ayudante. Por precaución, fue necesario rodear calles para no atravesar el Centro, no obstante esta medida, varias veces fue detenido el vehículo por agentes de tránsito exigiendo identificación.

Es sorprendente que la Virgen Santísima de Guadalupe allanara todas las dificultades, y sólo así se pudo llegar al término del viaje.

Posiblemente por la circulación de las calles del Centro, se llegó por calle de Meave, domicilio del señor Ingeniero LUIS FELIPE MURGIA TERROBA y no por la de República Salvador, domicilio de Sus hermanos. En esta casa de Meave se descargó el ropero, conduciéndolo al interior de la casa, entregándolo al Ingeniero LUIS FELIPE MURGUÍA TERROBA.

En ese domicilio permaneció la Imagen de la Virgen de Guadalupe varios meses”…

Amable Auditorio: me voy a permitir hacerles un comentario muy personal:

…Con toda humildad les confieso que tengo la inmensa dicha de que creo ser la única mujer sobre la tierra que nació estando el Ayate, donde se estampó la Imagen de la Virgen, como huésped en mi casa. La Virgen llegó a casa de mis padres el 30 de julio de l926, yo nací el 1º de septiembre de ese mismo año. Esta dicha la compartí con mis dos hermanos: Alberto, que nació el 20 de octubre de 1927 y Miguel Agustín Pro, el 25 de febrero de 1929. Al siguiente día que nací fui bautizada en mi casa junto al “Ropero Chino” y me dieron el nombre de Guadalupe. Nunca nadie vio a la Santísima Virgen, tal y como la trajeron, así fue devuelta. En abril de 1927 fue desterrado el Señor Arzobispo Mora y del Río y no había nadie que lo acompañara. Mi padre llamó a su hermana María de la Luz para que acompañara a mi madre, que se encontraba esperando a mi hermano Alberto, tres bebés y la inmensa responsabilidad del Tesoro que guardaba, mientras mi papá acompañaba al Señor Arzobispo en el destierro; mi tía aceptó de buen grado. Se fueron al destierro a San Antonio, Texas, EE.UU., junto con otros Obispos que corrieron la misma suerte.

Después de haber dejado al Señor Arzobispo de México en lugar seguro, regresó mi padre, sin novedad, a su casa de Meave, lugar que se había convertido en “zona roja”, motivo por el cual, con la debida autorización de las autoridades Eclesiásticas, decidió cambiarse el 15 de julio de 1927 al edificio de la antigua Librería Murguía, ubicado en Portal del Aguila de Oro, hoy Avenida l6 de s

Septiembre no. 54, en el Centro Histórico de esta Ciudad, trasportando el Ropero Chino con su valioso contenido.

Pero volvamos al 31 de julio de 1926, fecha en que entraba en vigor la Ley Calles.

Por la mañana de ese día se verificaron varios sucesos al hacerse la entrega de la Insigne y Nacional Basílica de Santa María de Guadalupe a los vecinos nombrados por el H. Ayuntamiento de ese lugar, en virtud de que sólo éste Sagrado Recinto quedaría exento de esta Ley, con el más noble fin de que los fieles no careciesen de los auxilios espirituales. Pro tal motivo se levantó un Acta, la cual transcribo:

…”Los que suscribimos, testigos presenciales de los hechos que a continuación se narran, damos fe de ellos y los calzamos con nuestra firma para fines consiguientes… El día treinta y uno del mes de julio de 1926, como a las diez y media de la mañana, se presentaron en la Insigne y Nacional Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe el Señor Presidente Municipal del lugar, Don León Rojas, acompañado de su Secretario y diez vecinos más, caracterizados de la ciudad, para tomar posesión del expresado templo, conforme a lo dispuesto por el Ministerio de Gobernación, al tener los Sacerdotes que abandonar los templos católicos, por no serles lícito acatar la última Ley expedida por el Gobierno.

Encontrábase en la Basílica el Señor Abad Cortés, quien recibió en su sala a los representantes del Gobierno y del Pueblo; y apenas habían tomado asiento, cuando se presentaron los señores don Mauricio Jacobo Calvo, Arcipreste de la Basílica, y don Angel Vivanco, seglar bien conocido en la localidad por su carácter revoltoso e intemperante. Tomó luego la palabra el expresado señor Vivanco, dirigiéndose al Presidente Municipal, le dijo: “Señor Presidente: tengo el gusto de presentar a usted al señor Arcipreste de la Basílica, don Mauricio Jacobo Calvo, quien anoche ha sido presentado por mi al Señor Ministro de Gobernación, para manifestarle que él está dispuesto a sujetarse a todo lo que manda la Ley, a fin de que continúe en culto esta Insigne y Nacional Basílica. Y como al abandonar la Iglesia el Señor Abab, entra en funciones el Arcipreste, que es la segunda dignidad, pedimos a usted que sea entregada la Iglesia al señor Arcipreste, según lo hemos acordado con el señor Ministro, como usted puede comprobarlo pidiendo informes, por teléfono, a la Secretaría de Gobernación”…

Ante tan inesperada petición que a todos les causó muy mala impresión, el señor Presidente Municipal preguntó: “¿El señor –refiriéndose al Arcipreste- está dispuesto a cumplir todos los requisitos de la Ley, para que los sacerdotes puedan ejercer?”… y ambos contestaron: “SI”. Entonces el señor Presidente Municipal, dijo: …”Muy bien; más para hacer la entrega que ustedes pretenden, necesito una orden por escrito de la Secretaría de Gobernación”… “No es necesaria –replicó Vivanco-, porque automáticamente el señor Arcipreste entra en funciones, estando ausente el Señor Abad; y el Arcipreste está dispuesto a cumplimentar en todo la Ley”… Entonces se levantó el Señor Abad Cortés y dirigiéndose al Presidente Municipal le dijo: …”Señor Presidente: no está ausente el Abad, ni ha abandonado todavía la Iglesia, de la que es inmediato responsable; y pido a usted que a los señores, que sin ser llamados se han introducido aquí, se les obligue a salir, puesto que nada tiene que ver con el asunto que nos ha traído.

Con esto se produjo alguna confusión y pidió entonces don Angel Vivanco, que se suspendiera el acto, en tanto que ellos iban a la Secretaría de Gobernación a traer órdenes por escrito, que se les exigieron; mas el señor Presidente Municipal, oyendo las protestas de los vecinos, respondió: …”El Acto no se suspende; la orden que tengo es entregar la Iglesia a los vecinos nombrados por el H. Ayuntamiento, que al efecto han sido citados. Si más tarde, ustedes presentan las órdenes que van a gestionar en la Secretaría de Gobernación, se procederá a cumplirlas. Entre tanto, señores –dijo a los que lo acompañaban-, vamos a cumplir con nuestro deber”…

Se pusieron todos de pie y mientras los señores Mauricio Jacobo Calvo y Angel Vivanco se iban, según manifestaron, a gestionar con el Secretario de Gobernación que les entregaran la Basílica, el Señor Abad Don Feliciano Cortés, se retiró; yendo a dar cuenta al Señor Arzobispo de lo sucedido y pedir instrucciones. El caso se presentaba grave; ordenando de inmediato mandar un oficio al Arcipreste Mauricio Jacobo Calvo, se le amonestaba paternalmente para que volviera sobre sus pasos, y en caso contrario, le recordaba las penas canónicas en que incurría.

Al domicilio del Arcipreste se presentaron el Secretario del Cabildo, Canónigo Lic. Eustasio Jiménez, acompañado de los señores don Esteban Soto Ruiz y por el Notario don Federico Velásquez, para hacer la entrega del documento. El Oficio sin abrir, fue devuelto por al Arcipreste mediante el señor Notario.

Hasta esta fecha, las órdenes escritas del Ministerio de Gobernación, para que la Insigne y Nacional Basílica de Guadalupe se entregue al Señor Arcipreste, no han sido recabadas, hemos sabido que los interesados han hecho cuantas gestiones han podido, sin ningún éxito. Con la intromisión de estos sistemáticos, quienes observaban una conducta, en aquellos momentos, no solamente anticristiana, sino que se encontraban en rebeldía contra la Santa Iglesia y buscaban al Gobierno de la República un nuevo conflicto.

Guadalupe Hidalgo, Distrito Federal, a los seis días del mes de agosto de mil novecientos veintiséis. –Firman: Emilio Alvaradejo Aragón; Lic. Antonio Moreno; Rosendo Pérez; Francisco Noriega; José E. Moreno; Cayetano Sáenz Pardo; Manuel Rojas; Dr. Leopoldo Flores y D. Arcía Fernández”…

Finalmente en 1929, después de tres largos años de su lucha cristera, la Sagrada Imagen, oculta dentro de su refugio, fue devuelta a la Basílica de Guadalupe, al reanudarse los cultos en México.

A continuación cito el Acta que se levantó por este último acontecimiento:

“En la ciudad de Guadalupe Hidalgo, a veintiocho de junio de mil novecientos veintinueve, yo el Notario Licenciado Julio Ruiz Godoy, hago constar que presentes en la Insigne y Nacional Basílica de Santa María de Guadalupe, a las veintidós horas, el muy Ilustre Abad Licenciado don Feliciano Cortés; los señores Canónigos Licenciados don Nicolás Mercado y don Sebastián Gómez Pérez; el señor Cura don Agustín de la Cueva, Canónigo Honoradio de la Basílica de San Nicolás en Carcere de Roma; los señores Arquitecto don Luis G. Olvera, Ingeniero don Luis Felipe Murguía, Doctor don José María Soriano, don Emilio Alvaradejo Aragón, don Federico Escobar Arce y don Ubaldo Moreno, se procedió a reinstalar en su marco de oro y plata la Venerada y auténtica Imagen de Santa María de Guadalupe, la que, como consta en el Acta levantada por el suscrito Notario, el día veintinueve de julio de mil novecientos veintiseis: fue retirada del Altar Mayor de la Basílica, con el objeto de ponerla en lugar seguro, a fin de evitar que pudiera ser destruida por los enemigos de la Santa Iglesia y a este efecto, en presencia de las personas mencionadas fue desclavado, por la parte superior el ropero antiguo, de doble fondo, en el que había sido colocada la Bendita Imagen y que se encontraba en una pieza contigua a la Sacristía y extrayéndose ésta y encontrándose intacta, envuelta en el lienzo de seda con el que había sido cubierta al ser guardada en el expresado ropero y a continuación se le trasladó por algunos de los presentes, acompañándola los demás con velas encendidas al Coro, en donde permaneció recibiendo los homenajes de veneración que le fueron tributados por las personas presentes, entre tanto fue limpiado el cristal del marco; una vez terminada esta operación fue nuevamente colocada la Sagrada Imagen en su marco, terminando el acto a las veintitrés horas y treinta minutos; levantándose seis originales de la presente acta, los cuales quedan en poder del señor Abad para distribuirlos a los archivos que corresponda. –Doy fe. Firman: Feliciano Cortés y demás personas antes nombradas”…

Posteriormente, reunidos en Cabildo los canónigos, el Señor Abad les enteró sobre los pormenores del fin venturoso, al retornar a su antiguo lugar en la Basílica la Virgen Santísima de Guadalupe.

Al término de su informe, propuso a los señores capitulares que fuese obsequiada la pintura de la Virgen de Guadalupe, ejecutada por el maestro Aguirre, junto con el histórico ropero, a la honorable familia del Ingeniero don Luis Felipe Murguía Terroba, en prueba de eterna gratitud, a nombre de la Basílica. Tal sugestión fue unánimemente aprobada. Hasta la fecha, siguiendo

una recomendación de mi padre, hecha a mi esposo el señor José González Barrios, a quien nombró custodio de la Virgen, que nunca saliera esta Imagen de la Virgen del seno de la familia Murguía.

 
 

Respetable Auditorio: esta es la verdadera historia de lo que sucedió en la época de la Persecución Religiosa, la Sagrada Imagen de la Santísima Virgen de Guadalupe, tal y como salió de su templo, así regresó: intacta y nunca vista por nadie.

Y para finalizar, me voy a permitir leerles el homenaje póstumo que escribió mi Padre a la memoria de su amada esposa Eloísa Lascurain de Murguía, mi madre:

 
 

…”Mi mujercita amadísima:

Te vas para siempre y nos dejas el corazón hecho pedazos por el dolor de la separación. Hoy es Viernes Santo, y tendremos que subir nuestro Calvario, como María, para bajar como Ella en la soledad, soledad que durará hasta el fin de nuestra vida.

Pero tú, ¿a dónde vas?, ¿es tu partida igual a la de todos los cristianos, o tiene algo que es único? Tu viaje es excepcional, porque sólo tú puedes decir que vas a pagar una deuda que tienes contraída con la Madre de Dios. Ella, en días aciagos, vio su imagen perseguida, no obstante que esta Imagen pintada por manos celestiales era el Tesoro más valioso de los Mexicanos. Ella abandonó su Santuario para buscar un Refugio, y para esto determinó visitar tu hogar y permanecer allí oculta durante tres años, donde fue recibida con todo respeto y amor y custodiada con diligencia.

Han tanscurrido quince años, y ahora eres tú la que emprende el viaje en busca de refugio y huyendo del demonio que acecha. ¿Dónde encontrar ese seguro asilo?, en la morada de Aquella a quien tú custodiaste, Justo, muy justo es que tú correspondas esa Visita Celestial, María la Madre de Misericordia, es también la Puerta del Cielo, y Ella saldrá a recibirte amorosamente para conducirte al Seguro Asilo. Tú tuviste y custodiaste a María tres años en tu casa: Ella te custodiará y te tendrá con su Hijo Divino, no tres años, sino toda una Eternidad.

Prepara desde ahora en la Gloria un sitio a cada uno de los que amaste en la Tierra. Coloca a cada uno de tus hijos cerca de ti, y pide a dios para tu esposo un lugar inmediato al tuyo para realizar nuestra Segunda Unión, que será imperecedera, porque será en el Corazón mismo de Cristo, como lo ambicionábamos desde que se inició nuestra amor, amor cristiano, amor santo, amor sublime, que lejos de marchitarse con el correr de los años, fue echando raíces más profundas, y llegó a formar tan frondoso árbol que ni la misma muerte podrá destruir, porque nos unió con tal fuerza y protección que nos convirtió en un solo ser.

Mi muchachita linda: No necesitas de nuestras oraciones porque Santa María de Guadalupe no puede esperar sino en el Cielo; pero nosotros, sí necesitamos de las tuyas para cumplir la Misión que Dios nos señala; ruega por cada uno de tus hijos y protégelos en todos los instantes de su vida, principalmente cuando estén en peligro y ruega a Dios que el inútil esposo que te dio para ayudarte a subir al Cielo, pueda ocupar tu lugar para educarlos cristianamente; pero pídele también que como una compensación, al intensísimo dolor que me causa tu muerte, te permita venir a acompañarme en el último instante de mi vida, para que seas tú, mi Bendita Esposa, la que recibas mi alma purificada por el sufrimiento de tu ausencia, y la pongas en las Manos de Nuestra Madre y Huésped, Santa María de Guadalupe, para que Ella la entregue a su Divino Hijo: Cristo Jesús.

México, D. F., abril 11 de l941 - Viernes Santo.
LUIS FELIPE MURGUIA TERROBA
Muchas gracias.

 
 
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