Palabras del Papa Juan Pablo II
Al final del rezo del Santo Rosario con los Obispos
- Al final de este intenso momento de oración mariana, deseo dirigiros
a todos vosotros, amadísimos hermanos en el episcopado, un cordial
saludo, que extiendo de corazón a los numerosos fieles presentes con
nosotros esta tarde aquí, en la plaa de San Pedro, o en conexion con
nosotros mediante la radio y televisión.
- Reunidos en Roma con ocasión del Jubileo de los Obispos, en
el primer sábado del mes de Octubre no podíamos menos de
orar juntos ante la Virgen, que el pueble de Dios venera en este día
con el titulo de Reina del Santo Rosario.
- En particular, nuestra oración de esta tarde se coloca a la
luz del mensaje de Fátima, cuyo contenido facilita nuestra reflexión
sobre la historia del siglo XX. Contribuye felizmente a reforzar esta
perspectiva espiritual la presencia entre nosotros de la venerada imagen
de la Virgen de Fátima, que tengo la alegría de acoger de
nuevo en el Vaticano, en el marco solemne d tantos hermanos míos
en el episcopado y de tantos sacerdotes, religiosos, religiosas y fieles,
que se han reunido estga tarde en esta plaza.
- Hemos meditado en los misterios gloriosos. Desde el cielo, a donde el Señor
la elevó, María no deja de orientar nuestra mirada a la gloria
de Cristo resucitado, en el que se revela la victoria de Dios y de su designio
de amor sobre el mal y sobre la muerte. Como obispos, partícipes de
los sufrimientos y de la gloria de Cristo (cf. 1 P 5, 1) somos los primeros
testigos de esta victoria, fundamento de esperanza segura para cada persona
y para todo el género humano.
- En el marco del gran jubileo del año 2000, hemos querido expresar
la gratitud de la iglesia por la solicitud materna que María ha mostrado
siempre por sus hijos, peregrinos en el tiempo. No hay siglo, no hay pueblo
en el que ella no haya hecho sentir su presencia, llevando a los fieles, especialmente
a los humildes y pobres, luz, esperanza y consuelo.
- Mañana al final de la concelebración eucarística,
confiando en su solicitud materna, realizaremos de modo colegial nuestro
"Acto de Consagración" al Corazón Inmaculado de
María. Esta tarde, meditando juntos en los misterios gloriosos
del Santo Rosario, nos hemos preparado intriormente para este acto, poniéndonos
en la actitud de los Apóstoles en el Cenáculo, reunidos
con María en unánime y concorde oración.
- Queridos hermanos, sobre cada uno de vosotros, y sobre vuestro ministerio,
he invocado e invoco la especial intercesión de la Madre de la
Iglesia. Que ella os asista siempre en vuestra tarea, ardua y entusiasmante,
de llevar el Evangelio a todos los rincones de la tierra, para que todo
hombre, comenzando por los humildes y los pobres, reciba la buena nueva
de Cristo Salvador.
- Sacado de la página oficial del Vaticano (www.vatican.va)