La Virgen de Guadalupe salvó nuestra familia

Escrito por Desde la fe
07.12.2008

Cuando nos casamos, mi esposo y yo estábamos ansiosos por tener hijos, al menos un niño y una niña. Pero pronto recibiríamos la desilusión de saber que mi organismo no era apto para la concepción y que sería solo un “milagro” lo que me permitiría tener un hijo aunque con muchos riesgos tanto para mí como para la creatura.

 Eso lo supimos luego de dos años de matrimonio. Mi esposo comenzó a tomar una actitud de alejamiento hacia mi, y aunque en el diálogo se mostraba solidario y comprensivo conmigo, su comportamiento demostraba lo contrario. Como si las cosas no pudiesen ir peor, unos días después fue despedido injustamente de la empresa en que laboraba. El hogar se había hecho algo insoportable, la mañana y la tarde eran solo faenas de pleitos y discusiones. En algún momento llegamos a pensar en el divorcio.

 Sucedió que en uno de los momentos de nostalgia en que revisaba los recuerdos de nuestra boda, entre ellos el ramo, las arras y el lazo que nos habían obsequiado, vislumbré en la cruz de éste último, el rostro de la Virgen de Guadalupe. No había puesto mayor atención a ese detalle nunca, de hecho nos casamos por la Iglesia más por tradición que por devoción. Le reproché entonces por mi tragedia de ser una mujer estéril y de la situación que estábamos atravesando mi esposo y yo.

 Esa noche tuve un sueño donde la Virgen me decía que tuviera fe, que ella nos ayudaría para salir adelante, pero que oráramos con mucha devoción. Al parecer no hice mucho caso al sueño hasta que dos días más tarde, mi mamá me obsequió un pequeño cuadro de la Virgen de Guadalupe. Lo había encontrado entre sus cosas y cómo no quería tirarlo decidió dárnoslo, éramos una pareja que no le gustaba mucho demostrar su fe con cuadros o cruces.

 En ese momento recordé el sueño y se lo comenté a mi mamá, ella que es muy devota me dijo que pusiera en práctica aquél consejo. Por lo mismo decidí contar el hecho a mi esposo que no pudo contener su  incredulidad, pero que cedió al ver que el dinero escaseaba y la  situación empeoraba.

 Esa noche rezamos el rosario junto a la imagen con mucho trabajo pues ninguno de los dos sabíamos bien a bien cómo se hacía. Sentimos tanta  paz al hacerlo que comenzamos a llorar pidiéndonos disculpas uno a  otro por las ofensas hechas en esos días de desesperación. La mañana  siguiente llamaron a mi marido para darle de alta unas placas como  taxista, con lo cual ya podría comenzar a trabajar la siguiente  semana en un sitio. Esto fue una señal para nosotros y nuestra fe  comenzó a florecer nuevamente.

 La situación mejoró tanto en lo material como en lo espiritual para  ambos, de hecho sucedió el máximo milagro para ambos, ya que tras  algunos síntomas confirmaron que estaba esperando una niña. Para  sorpresa de los médicos, el desarrollo de mi embarazo no tuvo ninguna  complicación, y el nacimiento de Guadalupe fue esplendido. Ni  problemas ni síntomas ni nada de lo que en un principio esperaban los  doctores. Dios y la Virgen me concedieron nuevamente el don de la maternidad con Diego, el hermano menor de mi hija; mi esposo por su parte no cabe de alegría al ver que nuestros sueños se han realizado  y que el trabajo no ha faltado para ambos. Todo ello se lo agradecemos de lleno a María, a quien no dejamos de dar gracias con  el rezo de nuestro rosario cada noche en familia. Y aunque los niños  aún son pequeños, poco a poco van enamorándose de la Virgen de  Guadalupe, pues saben que ella salvó nuestra familia y lo seguirá haciendo mientras tengamos confianza en sus promesas.

 

 
 
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