El embarazo de María

¿Cuál es el mensaje del Nuevo Testamento acerca del aborto? Algunos dicen que no hablan sobre eso. Creo que es evidente que de veras nos sirve como una poderosa guía en este tema. El mensaje nos llega todos los años: es la historia del embarazo de María.

Además del hecho de que Cristo murió y resucitó de nuevo, el cual celebramos en la Pascua. Su nacimiento es el acontecimiento más grande que nosotros celebramos. Y en cierto modo, ya que el resto del mundo también celebra la festividad de la Navidad con nosotros los cristianos, para muchos parece ser también la celebración más importante.

A los que creemos en El esto nos fortalece. Como nos enseñan las Escrituras, sin Cristo y sin su resurrección nuestra fe sería en vano.Estoy muy consciente de que nuestra nación ahora se compone de incrédulos, o por lo menos de aquellos cuya fe en los dogmas principales del cristianismo y de la Biblia es tan superficial, que apelar a su fe religiosa simplemente no es suficiente.

Soy escritor y conferencista pero soy principalmente médico y científico. Estoy convencido acerca de los hechos científicos y sociológicos con respecto al aborto y creo que mi mejor contribución es enseñarlos.La navidad es la fecha en que conmemoramos el nacimiento de Cristo. El, aunque es Dios, se convirtió en uno de nosotros, una verdad increíble.

Desde luego, no todo el mundo cree esto, pero para quienes lo creen, la realidad de su concepción, el embarazo de María, y el nacimiento de Cristo nos pueden enseñar mucho. La verdadera historia clínica del embarazo de María es fascinante. Muchas veces citamos el Antiguo Testamento, pero raras son las veces que hablamos sobre el embarazo de María. Es una pena, pues en él está el mensaje que Cristo nos da sobre el aborto.

La historia está muy clara. El Espíritu Santo cubrió a María y ella concibió. ¿Qué concibió? ¿Concibió un óvulo fecundado que se convirtió en embrión, que a su vez se convirtió en un feto, el cual a lo largo de esta línea, o quizás en el momento del nacimiento se convirtió en Jesús? No, los escritores inspirados por el Espíritu Santo estaban bien claros. Ella concibió la persona de Dios hecho hombre, Jesús. No importa lo pequeño que fuera, El estaba totalmente presente en el momento de la concepción. Este era Jesús, el cual se encarnó y se convirtió en alguien igual que nosotros en todo menos en el pecado. Si esto es cierto, y así lo creo, entonces claramente esto es una enseñanza y lo que fue cierto para Jesús en el vientre de María también es cierto para nosotros.

Si El era verdaderamente Dios hecho hombre en el momento de la fecundación, entonces nosotros también somos humanos desde ese momento. La ciencia natural nos dice que al instante de la fecundación estamos totalmente presentes, estamos completos, somos seres humanos intactos. Opino que la historia que relata el Evangelio también nos dice que nuestras almas fueron creadas en ese momento. Entonces, si El era como nosotros y así fue, podemos decir lo mismo de todos los demás seres humanos. Esta es la historia de la concepción de Jesús y es única, no es necesario agregar nada más.

Sin embargo, si existe algo más en la historia del embarazo de María que confirme el concepto anterior, de seguro que nos ayudaría saberlo. Afortunadamente nos dieron un poco más, nos narran la visita de María a su parienta Isabel. Lucas nos dice que después de la visita del ángel, “en seguida María se levantó y se dirigió a toda prisa a una aldea en la colina de Judea”, que generalmente se asume que sea Ain Karim, cerca de Jerusalén. La Biblia “King James” dice: “en aquellos días” ella partió. La Biblia “The New American Standard” dice “entonces”. La palabra griega es “spoudozein”. Estas son palabras y frases idiomáticas y los eruditos las definen como “inmediatamente”, “sin dilación”, “de una manera ligera”. Ella no se entretuvo. Parece estar claro de que María partió inmediatamente a visitar a Isabel. Por lo menos, ella no esperó más que unos pocos días.

S. LUCAS 1

38. Entonces María dijo: He aquí la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra. Y el ángel se fue de su presencia.

María visita a Elisabet

39. En aquellos días, levantándose María, fue de prisa a la montaña, a una ciudad de Judá;
40. Y entró en casa de Zacarías, y saludó a Elisabet.
41. Y aconteció que cuando oyó Elisabet la salutación de María, la criatura saltó en su vientre; y Elisabet fue llena del Espíritu Santo.
42. Y exclamó a gran voz, y dijo: Bendita tú eres entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre.
43. ¿Por qué se me concede esto a mí, que la madre de mi Señor venga a mí?
44. Porque tan pronto como llegó la voz de tu salutación a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre.

¿Cómo viajó? Ella caminó o quizás montó en un burro. La distancia era de aproximadamente cien millas. El viaje en aquel entonces probablemente no le tomó más de diez días.

¿Le dio a José la noticia antes de partir? La mayoría de los eruditos creen que no. El lo supo luego a través de un sueño. Es de suponer que él lo supo sólo después que María regresó a Nazareth, tres meses más tarde.

¿Creyó María que estaba realmente embarazada? Si, pues dijo: “He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu Palabra”. Definitivamente que ella no tenía dudas como las tenía Zacarías. Cuando el esposo de Isabel dudó, fue reprendido por el ángel y perdió la voz. No, ella definitivamente lo creyó. El ángel la trató de modo diferente que a Zacarías. El ángel fue muy autoritario con él, pero no con ella que había sido “altamente favorecida”. Si la gracia y la fe son inseparables y ella estaba “llena de gracias”, podemos asumir que ella tenía la plenitud de la fe.

Pero, aparte de que era su pariente, ¿por qué fue María a visitar a Isabel? Bueno, el ángel le anunció el embarazo de Isabel a una edad avanzada. Era natural que ella quisiera visitarla, compartir su buena nueva. Pero sin poner en duda el total “si” de María al Espíritu Santo, busquemos otra posible razón. María sólo tenía diez o quizás unos días más de embarazo cuando llegó a casa de Isabel. Era prematuro para su cuerpo dar señales visibles de su embarazo. Sí, ella tenía fe, pero también era humana. El mismo ángel que le anunció que ella sería la Madre de Jesús, también le reveló el embarazo de Isabel. Si ella descubría que Isabel en verdad estaba embarazada, entonces ciertamente el ángel era un enviado e Dios y de igual modo la anunciación de su maternidad también era cierta.

Y entonces, cuando María tenía sólo diez días de embarazo, llegó a la casa de Isabel. Recuerde que no pudo haber existido comunicación entre María e Isabel, en aquellos tiempos en los que la comunicación era muy primitiva. La visita de María fue una sorpresa, ciertamente Isabel no sabía que María estaba embarazada. Isabel vio a María y a través de la inspiración divina la llamó “la Madre de mi Señor” o en otra traducción “la Madre de mi Mesías”. Ella no sólo reconoció que María ya era Madre, sino que llevaba en el vientre a Jesús, el Mesías. Jesús era apenas del tamaño de la cabeza de un alfiler en ese momento, se había acabado de implantar recientemente en el tejido del vientre de María, sin embargo Isabel lo llamó “Señor, Dios, Mesías”.

Esta es una verificación fundamental de que lo que María tenía en su seno no era un embrión que se convertiría en un feto, que más tarde se convertiría en Jesús. No, Isabel fue inspirada para poder reconocer que a esa etapa prematura, muy prematura (María aún no había echado de menos su regla), María sin embargo ya llevaba en su vientre a la persona de Dios hecho hombre, Jesús. Isabel dijo: “Bendita eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre”.

Pero aún tenemos otro evento monumental, el cual confirma que Jesús estaba totalmente vivo y presente en el vientre de María en ese momento. Cuando Isabel escuchó el saludo de María, otro niño por nacer de tan sólo seis meses de concebido que estaba descansando muy seguro dentro de Isabel; su hijo, Juan el Bautista, saltó en su vientre, lleno de alegría al reconocer a su primo Jesús. ¿Juan, un feto de seis meses, reconoció a un embrión de diez días? ¡Sí, pero qué feto, y qué embrión!

Y así meditamos sobre la historia maravillosa en la época de la Navidad, que fue cuando llegó para María el momento del parto, y ella trajo al mundo al que había de redimirnos, muriendo por nuestros pecados y resucitado.

Es extraño que entre nosotros existan cristianos sinceros que digan que el Nuevo Testamento no menciona el tema del aborto. Encontramos tal opinión particularmente ente los protestantes. Esta pregunta debe ser contestada y vista desde un punto de vista del contexto bíblico pleno. Sólo así podremos hablarle convincentemente a muchas de estas personas.

Todos estamos de acuerdo con Isaías, Jeremías, el Salmo 139 y otros pasajes del Antiguo Testamento que nos dicen que Dios nos conoce, nos forma y nos ama, aún cuando estamos en el vientre materno. Me parece extraño, que no acudamos más al Nuevo Testamento, a los Evangelios, a Lucas, a la historia de la concepción de María, su embarazo, su viaje y su visita a Isabel, quien la reconoció como “La Madre de mi Señor”. Fue en aquella etapa de su embarazo cuando la reacción gozosa de Juan confirmó el hecho monumental de la presencia de Jesús. María tenía todas las racionalizaciones posibles para desear hacerse un aborto. ¿La rechazaría José? El tenía el derecho y hasta el deber de hacerlo, y lo hubiera hecho de no ser por el consejo del ángel.

Ella sólo podía pensar que se convertiría en una madre soltera repudiada por José, sus amistades y su familia. Si, ella tuvo una gran experiencia religiosa, ¿pero acaso ésta no pasaría con el tiempo? ¿Y después qué? En aquellos tiempos no existía la ayuda para mujeres embarazadas, María no tenía medios para conseguir alimentos, ropa y albergue. Ella y su niño serían despreciados, quizás se morirían de hambre. Ella tenía todas las razones que puede dar el mundo para justificar el aborto. Hoy en día los consejeros la hubieran tratado de convencer de que abortar era su deber.

Pero ella no lo hizo, no quiso, y más enfáticamente no podía haber abortado, pues de hacerlo, hubiera matado a la persona viva de Jesús dentro de ella, aúnen aquella etapa tan temprana, en la etapa de los primeros diez días de gestación.

Dios nos dijo muy claro a través de Isabel y Juan, que un ser humano vivo que tiene un sexo definido, completo y que es ya “conocido” por el Creador por su nombre, estaba presente en el vientre de María y todavía está en el de toda mujer embarazada desde el primer momento. La visita de Cristo a Isabel cuando Jesús era sólo un embrión de diez días, es un testimonio mucho más importante sobre la santidad de la vida humana y un argumento mucho más poderoso que todos los hechos científicos y las fotos que yo podría presentar.

Preguntemos a nuestros hermanos y hermanas cristianos que permitirían el aborto: cuando María respondió que “si” al ángel, “hágase en mí según tu palabra”, ¿qué concibió? ¿Un embrión que luego se convertiría en Jesús o la persona total del mismo Jesús? Isabel y su feto Juan respondieron a esa pregunta, si fueran necesarias más pruebas.

Ciertamente el aborto es el asesinato de un ser humano vivo y completo, nos lo dice el hecho histórico gigantesco del embarazo de María.

Ustedes los cristianos que están a favor del “derecho de decidir” en lo que respecta al aborto, por favor oren sobre estos hechos. Verdaderamente creo que estar a favor del derecho a decidir abortar y al mismo tiempo proclamarse cristianos, es una total contradicción. Jesús nos ha enseñado muy claramente mediante hechos decisivos en sus primeras semanas dentro del vientre de María, que el aborto es un pecado.

Dr. J. Willke

 
 
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