En tu vientre

“En tu vientre se reencendió el amor
por cuyo calor en la eterna paz
así germinó esta flor…

Célebres estos versos que Dante Alighieri, poeta italiano del siglo XI, escribía en su Divina Comedia. Se hallan exactamente en un párrafo de una preciosa oración a la Virgen María, que el autor imagina recitada por San Bernardo.

Las palabras de un canto de don Giosy Cento, no tan famoso como el poema dantesco pero seguramente conocido por muchos, pienso que pueden hacerle de contrapunto: “En tu casa, María, he respirado tu sí: una propuesta de amor, Dios te lanza al corazón. Y el Infinito se encarna, baja en silencio el Misterio… “De aquí nace la invitación a preguntarnos: ¿Qué sucede cuando ponemos nuestra alma a disposición como María? ¿Qué ha hallado en Ella el Altísimo? ¿Y qué debe hallar en nosotros el Altísimo?

¡Un vientre encendido de amor! Un corazón acogedor, preparado por la misma Palabra de Dios: Dios prepara a la criatura para ser escogido. Un vientre encendido, o sea iluminado, fogueado, como el corazón de los discípulos de Emaús, tras haber hablado Jesús de las Escrituras y haberlo visto y reconocido partiendo el Pan, partiéndoSe.

¡Un vientre caliente que lleva la paz! San Agustín osa decir que María fue más grande por haber acogido la Palabra en su corazón, que por haberla acogido en su vientre. Paz que le nacía de su corazón impregnado de la Palabra. Paz, por ser obediente a la voluntad de Dios (ob-audire significa escuchar estando de frente: quien obedece no anula su libertad, sino que la exalta). Paz, por ser fiel al único proyecto de Dios, que no puede sino querer el amor del alma y por el alma. Paz por ser don para los demás. La paz, de hecho, además de llevarla en el corazón, es necesariamente motivo de compartir: “Puedes olvidarte de la persona con la que has reído, pero nunca con la que has llorado” (Kahlil Gibran).

¡Germinar una flor! … “Se fijó en la humildad de su sierva” canta María en el Magnificat. Es precisamente así, oh Madre. Tu vientre es como un jardín florido porque todas las virtudes hallan en él un lugar: la sencillez, la humildad, el silencio, la oración, el abandono, el amor, la fidelidad, la confianza… Sólo así puede nacer la Flor que supera al tiempo y a las estaciones, siempre llena d belleza y de perfume. Tierra acogedora es tu vida, tierra preparada con semillas del Espíritu, donde el Hijo de Dios establece su morada y… ¡El Infinito se encarna!

¡El Papa exhorta la “maternidad espiritual” de los sacerdotes!

Benedicto XVI, en una carta, ha manifestado su satisfacción por una campaña de adoración eucarística y de “maternidad” por la santidad de los sacerdotes en el mundo. Como ya habíamos señalado, la campaña propone a las “almas femeninas consagradas”, siguiendo el ejemplo de María, adoptar “espiritualmente sacerdotes para ayudarles en su ofrecimiento, en su oración y en su penitencia.” La iniciativa busca que “en cada rincón de la tierra, se eleve siempre a Dios, incesantemente, una oración de adoración, de agradecimiento, de alabanza, de petición y reparación, con la finalidad de suscitar un número suficiente de santas vocaciones al estado sacerdotal.”

“Los laicos, en su dedicación a Cristo y consagrados por el Espíritu Santo, son de modo admirable llamados e instruidos para que el Espíritu produzca en ellos frutos siempre más abundantes… los laicos, obrando santamente y en todo lugar como adoradores, consagran el mismo mundo a Dios”.
Catecismo de la Iglesia Católica # 901

 
 
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