Testimonio de Milona, hija de una princesa

Nací de padres que provenían de una fuerte tradición católica. Mi madre es alemana, nacida como Princesa de Löwenstein, y mi padre es miembro de la Familia de Habsburgo del Imperio Austro-húngaro. Todos nosotros, mis hermanos y hermanas, fuimos educados en la fe católica. Habiendo nacido en 1958, crecí durante los años sesentas y me hice adolescente en los setentas. Los tiempos estaban cambiando en aquel entonces, las tradiciones eran cuestionadas y criticadas. Tuve que buscar respuestas sólidas a mis preguntas sobre la vida y la fe. Nuestro Señor siempre estuvo presente y yo me sentía mejor después de la Misa dominical. Él fue la razón por la que no hice ciertas cosas. Fue la razón por la que quise conocer a muchos seres humanos, quienes quiera que fueran y de donde fueran. Así que me eduqué, trabajé y viajé, tratando de descubrir qué era el mundo en realidad, percatándome que el hombre era la obra más importante de la Creación.

A lo largo de nuestra infancia, nuestro padre nos llevó a Fátima, Portugal. Una vez al año ése era el evento más destacado en nuestras vidas. Había algo ahí que nos dejaba un muy buen sabor...

Así que yo tenía una relación con Nuestro Señor y también con Nuestra Señora. Escuchando a aquellos que me conocían de aquel entonces, los oigo decir que yo traspasaba las fronteras sociales para buscar a las personas y conocerlas. Yo no tenía miedo de descubrir cómo eran en realidad los seres humanos. A los 14 años, llegué a entender que si Jesús realmente había nacido, entonces las distinciones y diferencias sociales no tenían mucho sustento. Un solo Dios, Un solo Evangelio, Un solo amor por todos los hombres. Todos éramos Suyos. Ése fue el descubrimiento sobre el que basé mi vida. Realmente andaba en busca de la verdad. Yo pensaba, ¿de dónde vienen esas afirmaciones? ¿Por qué habría de basar mi vida en palabras que simplemente me presentaban, tan solo porque alguna persona las había dicho? Yo necesitaba saber en qué se basaba todo.

Hoy reconozco la grandeza de esa gracia, puesto que me forzó a tomar decisiones a una edad relativamente temprana. Me preparó para ir a Medjugorje, a fin de recibir lo que ahí recibí.

Cuando estuve allá en 1984, viví cuán hermoso era el respeto a Nuestro Señor. Con 25 años, fui recibida por Nuestro Señor y la Virgen. Estaba lista, tenía tantas ganas de ir allá, sentía como si Nuestra Señora de Fátima me estuviera esperando. Cuando llegué, ni siquiera sabía lo que me aguardaba, yo simplemente llegué a Ella.

Me recibieron en el Vía Crucis, entre la quinta y la sexta estación. Por eso ambas Estaciones significan tanto para mí. De camino a la cima del Krizevac, fui vista por Ellos. Mi vida fue vista a la luz de Nuestro Señor. Yo estaba ahí y respondí. María me trajo al Dios en el que siempre había creído y al que siempre había buscado. Él me aclaró ciertas cosas. Él es la Vida, no una situación dominical, ni un libro, ni un código moral, ni una idea. Una Persona, Alguien que me amaba porque Él me había creado, aceptándome, mirándome, Alguien que me lo había dado todo. Para mí no hubo más que una sola respuesta posible: Devolverle todo lo que yo era y tenía, mi vida entera. Ése fue el comienzo de una nueva vida, justamente ahí y en ese momento. Fue el cumplimiento de todo lo que yo había estado buscando. El primer paso fue una gran confesión en la cima de la montaña. No se trató de una lista de pecados, yo era más bien una exiliada que retornaba a casa. Mi corazón reconoció mi Casa, pero hasta entonces no había podido encontrarla. El encuentro con otros seres humanos y sus pensamientos pasajeros sobre Dios, tan solo me dio algunos elementos sobre Él, nada en realidad. Yo  le entregué a Él todos los lugares donde lo había buscado, citando todos los momentos en los que había vivido sin Él. Después de esa confesión, al bajar de la montaña, mi corazón se abrió para más, sabiendo que volvería pronto a Medjugorje. Era algo muy fuerte. Entonces comenzó la escuela de la Virgen. Una vez al mes íbamos a Medjugorje durante tres días y cada vez se abría un nuevo capítulo de mi vida. Munich estaba tan solo a un día de camino de Medjugorje.

Durante un año fui instruida, cambió mi pensamiento, aprendí concretamente lo que significa poner a Dios en primer lugar de tal modo que todo se pone en el orden correcto.

Poco a poco, se fue dando la oportunidad de pasar más tiempo allá. Poco a poco llegué a conocer al Padre Slavko y a los videntes. Yo no lo entendía, pero lo vivía. La aldea se fue volviendo cada vez más importante para mí y poco a poco las cosas cayeron en su lugar. Una nueva oportunidad para decir sí a un camino que me llevaba hacia lo desconocido. Mis padres lo aceptaron, otras personas no. No les parecía normal que yo viviera de ese modo. La gente de mi edad no hacía esas cosas. A algunos les parecía que yo estaba desperdiciando mi vida.

Todas las experiencias de mi vida anterior fueron muy útiles para mi servicio allá. Yo había visitado muchos países, conocí a muchas personas y entendía de dónde venían los peregrinos. Nosotros somos llamados a Medjugorje tal como somos, no como debiéramos o pudiéramos ser. Fue tan hermoso servir a los peregrinos al lado de los Sacerdotes durante todos esos años, 11 años de ayudar donde hacía tanta falta. Tan solo estando presente, traduciendo, viajando. El Padre Slavko y los demás ayudaban a los peregrinos a encontrar su camino, instruyéndolos, confesándolos, acogiendo a los peregrinos.

Fue maravilloso ver cómo interviene Nuestro Señor una vez más y de manera tan intensa en la historia de la humanidad. Es maravilloso reconocer cuál es el mensaje de la Virgen y cómo está siendo acogido por la humanidad, lo que hacen con él las diferentes personas. Misiones, comunidades etc. La Virgen quiere educarnos para que seamos miembros maduros de la Iglesia Católica, viviendo nuestra responsabilidad a plenitud. Como bautizados y confirmados, nosotros somos la Iglesia viva. Esto lo aprendí de los videntes. Ellos son personas sobrias, sinceras, no creen ser más que lo que son. Viven con la Virgen una experiencia profunda y demandante y lo hacen con toda fidelidad. Nada de charlas inútiles, sino testimonios saludables.

A lo largo de los años los he visto madurar hermosamente como cristianos. Ellos aceptan el llamado de sus vidas con todas sus consecuencias. Todos nosotros podemos descubrir el llamado en nuestra vida a través de esa sencilla escuela de la Virgen. Ella nos conduce directamente al Corazón de la Iglesia, a la vida sacramental.

La Santa Misa es el núcleo de nuestra vida espiritual. Esta escuela se abrió mucho antes de mí y nunca ha cesado desde entonces. Continúa hasta el día de hoy. Y seguirá así por el resto de mivida. Orar, vivir el Evangelio, ayunar, sacrificarse etc.

Trabajar con el Padre Slavko fue una escuela grandiosa. Él fue un sacerdote católico completo, con todos sus estudios, miembro de la Orden Franciscana. Fue entiquecido por el Corazón de la Virgen. Cuanto más aceptaba los mensajes, tanto más los vivía y más se engrandecía. Se fue volviendo cada vez más generoso, enorme, siempre contento. Yo pude ver a un hombre de paz, sufriendo a causa de las circunstancias que vivía como sacerdote católico que tenía que lidiar con este lugar. Las personas eran transformadas, se convertían y pedían consejo, buscando ayuda de sus pastores. Él reconocía la gran responsabilidad de la Iglesia. Obispos, sacerdotes. No es fácil encontrar ayuda cuando comienzan a pasar cosas intensas y la vida cambia. Él sabía todo eso y sirvió como mejor pudo. Fue siempre un siervo. De él aprendí a servir. Aprendí a no buscar una posición, a no dejar crecer mi ego, pensando que somos importantes, que necesitamos ser gratificados. No, fue un camino de aprender a servir. La Virgen es una sierva, los videntes sirven, los Franciscanos sirven, las monjas sirven, los feligreses sirven. Sí, entra mucho dinero, ellos viven de él, pero también sirven a los peregrinos. los alimentan, les cocinan, les dan alojamiento.

Servir a la humanidad de algún modo, de muchos modos. Mi trabajo consistía en ir siempre donde me pedían. Viajar y viajar, traducir para el Padre Slavko o alguno de los videntes...

Yo iba donde me necesitaran. Podía ser muy difícil y cansado, pero con todo, era un camino hermoso y una forma de vida. Esta actitud persiste hasta el día de hoy. Es una conversión continua, un crecimiento diario, una profundización diaria. Esto  nunca terminará.

Este año cumplo el 25 aniversario de esta escuela grandiosa y maravillosa. Estoy tan agradecida. Fui extraída de mi ambiente social. Ahora soy devuelta a él junto con mi esposo y nuestra hija. Nada ha cambiado, pero todo ha cambiado. Ahora estamos juntos por la razón para la que fuimos creados. Los valores ocupan el lugar justo. Caminamos juntos en esta peregrinación por algún tiempo.... Peregrinar es en sí mismo la verdadera manera de vivir. Las cosas pasan. El amor se vuelve la razón vital. Es la forma de vida más libre, la forma de vida más hermosamente libre. Jesús es amor, Paz. Cómo vivir el amor, cómo vivir la misericordia, cómo vivir la bondad, cómo vivir la fe. Ésta es la tarea diaria en cualquier circunstancia, sin importar la posición o el trabajo. Esto tuve que aprenderlo. Anteriormente me preocupaba tan solo el trabajo, con perfeccionismo, competencia, etc.

 
 
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