Aparición a Mirjana Dragicevic
Octubre 2, 2006
"Queridos
hijos: vengo a ustedes en este tiempo suyo, para hacerles un llamado a la
eternidad: ¡este es un llamado de amor! Los invito a
amar porque, solamente a través del amor, podrán conocer el amor
de Dios. Muchos de ustedes piensan que tienen fe en Dios y que conocen sus
leyes, procuran vivir según ellas, pero no hacen lo más importante:
no lo aman a Él. Queridos hijos: oren y ayunen, porque este es el camino
que los ayudará a abrirse al amor. Solamente a través del amor
de Dios se obtiene la eternidad. Yo estoy con ustedes y los voy a conducir
con mi amor maternal. ¡Gracias por haber respondido!"
"¡Queridos hijos: los sacerdotes tienen las manos benditas de mi Hijo! ¡Respétenlos!"
Reflexión del P. Francisco Ángel VerarLa presencia de la santísima Virgen María en Medjugorie, es un gran don de Dios para la Iglesia de estos tiempos y aun muchos no lo asimilan. La Virgen está aquí para ayudar a la Iglesia: para que realice mejor su vocación de cara a los tiempos difíciles que vivimos. No es que la Iglesia necesite de apariciones de María para cumplir su cometido, sino que Ella aparece para ayudarla; a razón de ser Su Madre.
Recordemos que la presencia de la Virgen en Medjugorie, esencialmente: es una presencia evangelizadora. Nunca en la historia María había evangelizado como lo hace desde el 24 de junio del ’81, y seguramente, nunca más lo volverá hacer. Entonces, no nos queda más que escucharla. ¡Hay que abrirse a sus mensajes! ¡Hay que abrirle el corazón a la «Estrella de la Evangelización»!
Recordemos, que este año, además de los mensajes que la Virgen dio en la Colina y en la Cruz Azul —de mayo hasta septiembre—, aun continúa con sus catequesis dos veces al mes: los días 2 y los 25. Sin embargo, conviene recordar, que el gran «mensaje» que la «Gospa» nos da, es siempre su presencia en este lugar. Por consiguiente, antes de abrirnos a sus palabras, tenemos que abrirnos a su persona. Si la acogemos primero a Ella, no tendremos dificultad en vivir sus mensajes. De lo contrario sus palabras se la llevará el viento.
Este 2 de octubre, en el que tradicionalmente la Iglesia celebra la Memoria de los Ángeles Custodios, tuvimos nuevamente el encuentro de oración «por los no creyentes». Reunidos en el Cenáculo desde tempranas horas de la mañana, nos congregamos unas 10,000 personas. Después del rezo de dos partes del santo rosario, intercalando los misterios con mensajes de la Virgen y muchos cantos, se dio la aparición a eso de las 9:10 de la mañana; y duró aproximadamente 5 minutos; que para todos fueron de gran bendición. La Virgen ha dicho, que quienes abren el corazón en el momento en que Ella aparece —aunque no la puedan ver— reciben la gracia que los videntes tienen en ese momento ¡Y la presencia de María —efectivamente— se experimenta!
Recordemos que es la presencia prolongada de María, el gran mensaje de Medjugorie. Por 25 años María permite que sus hijos estén presentes cuando Ella aparece. En cada encuentro da su bendición maternal a los presentes, bendice los objetos religiosos y muchas veces da un hermoso mensaje.
En el mensaje de este mes, la Madre nos recuerda de nuevo que meditar sobre la vida eterna es esencial en la vida de los cristianos. Recordemos que la Virgen ha venido para ayudarnos a entrar en la eternidad. De hecho, al ser creados, fuimos introducidos en la eternidad porque Dios infundió en nosotros —desde el primer momento de la concepción— un alma inmortal. El alma no se puede destruir y no termina con la muerte, sólo cambia de estado. Sin embargo, el hombre moderno, afanado en su preocupación materialista y saturado por el activismo, parece haber olvidado su dimensión eterna. Entonces, la Madre, que nos conoce perfectamente y se inquieta por la salvación de sus hijos nos viene advertir: —«Queridos hijos: vengo a ustedes en este tiempo suyo, para hacerles un llamado a la eternidad: ¡este es un llamado de amor! Los invito a amar, porque, solamente a través del amor, podrán conocer el amor de Dios.»
Cuando se piensa en la eternidad se debe pensar en el amor porque es el amor —evangélicamente hablando— el camino hacia la eternidad. No lo dice solamente la Virgen, sino Su Hijo. Como ya nos previno en el evangelio: que, fundamentalmente, la puerta de entrada al Paraíso es el amor. Luego, quien piensa en la eternidad, forzosamente debe pensar en el amor y quien ama será el amor mismo quien preparará su alma al Paraíso.
El Paraíso es un estado de amor eterno. ¡No lo olvidemos! En el cielo no haremos mayor cosa que amar. Cuando la Virgen dijo que —«no se debe esperar morir para comenzar a experimentar lo que se vive en el Paraíso», nos invitaba a hacer la opción en la tierra por el amor. Y ahora, una vez más, nos invita al amor. Vivir en el amor es nuestra vocación esencial, aunque cueste. La Madre Teresa de Calcuta decía: —«Ama hasta que te duela. Si te duele es buena señal.» Y cuando la Virgen nos invita a hacer la opción por el amor, nos invita también al dolor, porque no se puede amar si no se acepta el dolor, el sufrimiento. El ejemplo lo tenemos en el mismo Jesús que Su amor por nosotros lo llevó al madero de la inmolación. Entonces, amar no es fácil, pero tampoco es imposible. Ni Dios ni la Virgen nos piden imposibles. Todo está al alcance. Para amar como Dios lo desea basta la firme voluntad. Y el amor conlleva, fundamentalmente, dos actitudes: el sentimiento afectivo y el servicio desinteresado a Dios y al prójimo. Si queremos saber qué es amar, nuestras miradas deben permanecer fijas en Jesús crucificado por nuestros pecados. Jesús es nuestra medida de amor y el amor mismo hecho hombre. El problema es que en el mundo en el que vivimos hay muchos maestros y no es Jesús quien educa en el amor. No se pueda amar con la mirada puesta en el dinero, en los negocios, en los estudios, en el televisor, en el Internet, en el trabajo… primero hay contemplar a Cristo crucificado y sabremos lo que es amor. Nuestro corazón debe vivir injerto en Su cruz. La vida de cada cristiano es una rama injertada por el bautismo en el árbol de la Cruz de Jesús. La rama que permanece unida al tronco, es la que da fruto. La rama que se separa, se quema para que arda.
También la Virgen dice: —«solamente amando se descubre el amor de Dios». Esta frase es maravillosa y paradigmática: se descubre a Dios por el amor y no por la oración, el ayuno u otros ejercicios de piedad. No es que estos estén errados, sino que al ejercitarlos se debe abrir el corazón al amor. Los ejercicios de piedad, por si mismos, separados del amor, carecen de valor ante Dios, porque Dios es amor. Cuanto hagamos por Él y para Él debe hacerse en el amor. El cristianismo es la escuela del amor y Jesús es el gran Maestro del amor; más aun: es el Amor encarnado. Cuanto hagamos desde el amor y para el amor, será correcto ante los ojos de Dios, porque quien ama cumple toda Su Ley. De los dos mandamientos del amor: «penden toda la Ley y los profetas» (Mt 22, 40). Quien tiene su corazón atrofiado en el amor tendrá problemas para vivir con Dios por la eternidad. Recordemos las palabras sabias del Apóstol Juan en su primera Carta. «Queridos hermanos: Amémonos unos a otros, ya que el amor es de Dios, y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. Quien no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor.» (1Jn 4:7). La Virgen entonces, nos quiere conducir a Dios por medio de la opción de amor. No la defraudemos. Amar es nuestra vocación esencial. San Juan de la Cruz escribió: —«al atardecer de nuestra vida seremos examinados en el amor».
También la Virgen dijo: —«Muchos de ustedes piensan que tienen fe en Dios y que conocen sus leyes, procuran vivir según ellas, pero no hacen lo más importante: no lo aman a Él.» El amor al prójimo es inseparable del amor a Dios y viceversa. Si amando al prójimo nos acercamos a Dios también amando a Dios nos acercamos al prójimo. Antes que cumplir sus Leyes, no hay que olvidar nuestro afecto hacia Dios. La Virgen en este mensaje nos recuerda el Primer Mandamiento de la Ley de Dios: —«Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente (Mt 22, 37; cf. Lc 10, 27: ...y con todas tus fuerzas» Sin al afecto del corazón hacia Dios no se cumple con lo esencial de Su Ley.
Cumplir los mandamientos de Dios es importante pero más importante es amarlo. Quien sigue los mensajes que la Virgen da a Mirjana el día dos de cada mes, sabe que estos mensajes están siempre relacionados con el amor a Dios. Es un mensaje continuo que lleva por años. Ella insistente en que oremos «por quienes no experimentan el amor de Dios» y nos pide cada mes que ejerzamos la voluntad de amarlo sobre todas las cosas. La Virgen espera que vivamos enamorados de la Trinidad Santísima. Quizá son muy pocos en el mundo quienes hoy se consideran verdaderamente enamorados de Dios. Es fácil amar a una persona que cae bien, que es agradable, que promete un buen futuro, que físicamente es atractiva…. —y más, cuando se ven posibilidades de hacer una familia con esa persona. Pero a Dios, ¿quién le ama?. En realidad son muy pocos quienes se dejan «seducir» por Él. No obstante, que la historia de la Iglesia está colmada de insignes testigos enamorados de Dios. ¡Ojalá! Cada segundo de mes, hagamos nuestras las palabras de San Francisco de Asís: —«¡El amor no es amado!»
Recordemos que cuando comenzaron las apariciones uno de los primeros mensajes de la Virgen fue: —«he venido a decirles que Dios existe, que en Él está la plenitud de la vida.» Y ahora, 25 años más tarde, lo repetir con palabras similares: —«Muchos de ustedes piensan que tienen fe en Dios y que conocen sus leyes, procuran vivir según ellas, pero no hacen lo más importante: no lo aman a Él»
Entonces, hay que decidirse por amar a Dios, no con el pensamiento o los meros deseos, sino con el corazón. Como se puede amar a una persona viva de carne y hueso. El amor hacia Dios es una decisión. Es un acto de la voluntad.
En el mensaje de este dos también la Virgen dice: «Queridos hijos: oren y ayunen, porque este es el camino que los ayudará a abrirse al amor.» También la Madre en este mensaje nos invita a la oración y al ayuno. No menciona qué oraciones específicas se pueden hacer. Solo aconseja la oración dejando a sus hijos la libertad de escoger el método. Sin embargo, como estamos en el mes del rosario —y hemos escuchado al Papa que ha invitado a las familias a rezar durante este mes el rosario— bien podríamos responder a la invitación de la Virgen, con el rosario en mano pidiéndole a Dios el don de poderlo amar a Él y al prójimo con todo el corazón.
También en el mensaje la Virgen nos invita al ayuno. Y ya sabemos que el ayuno que la Virgen recomienda es a «pan y agua.» Es decir, sustituir las tres comidas habituales por sólo «pan y agua»; aunque en la mañana para evitar la disminución de la presión arterial se pueda acompañar el pan y agua con algo de café o similar. Recordemos que el ayuno es medicina para el amor. Quien desea a amar no debe ejercer el ayuno. El ayuno como la oración nos abre al amor. No hay que tener miedo al ayuno, más bien se le debe tener temor a no ayunar, porque el ayuno dispone mejor nuestra voluntad a la de Dios.
Además la «Gospa» dice: —«Solamente a través del amor de Dios se obtiene la eternidad. Yo estoy con ustedes y los voy a conducir con mi amor maternal.» En el mensaje de este dos, la Virgen también establece la diferencia entre el amor divino y el amor humano. No es cualquier amor el que conduce a la eternidad, sino el que viene de Dios. Y hay una diferencia substancial entre ambos. Los dos coinciden en el afecto, pero también son diferentes. El amor de Dios —afectivamente hablando— es mucho más intenso que el humano, lo corroboran los éxtasis de los místicos, sus toques divinos, sus arrobamientos, sus incendios de amor, etc. Y también en lo que respecta al sentimiento, también es distinto. El sentimiento del amor de Dios no se puede describir, con palabras, como tampoco el sentimiento del amor humano. Pero, el sentimiento del amor divino, tiene características muy particulares que no posee el amor humano: no esclaviza, no es dependiente a una persona, ni siquiera de Dios mismo. Es libre y completamente puro, casto y universal. No tiene límites y es eterno. Es desinteresado, generoso y tiene como origen, sólo el «corazón» de Dios, viene de lo «alto». El hombre por sí mismo no lo puede provocar. Su única fuente está sólo en Dios. Y la Madre con sus oraciones y sus mensajes nos ayuda para que sea ese el amor que domine en nuestro corazón. Por eso aun permanece entre nosotros.
Al final del mensaje hay una frase especial que merece un comentario esclarecedor: —«¡Queridos
hijos: los sacerdotes tienen las manos benditas de mi Hijo! ¡Respétenlos!» Este
mensaje la Virgen lo dio en forma separada del primero. Conviene recordar que
es la quinta vez que la Virgen habla de los sacerdotes en la aparición
mensual a Mirjana. En los meses precedentes había enfatizado la importancia
de la bendición de los sacerdotes. Había dicho que «los
fieles no deben subestimar la bendición de los sacerdotes», y
también, que «cuando el sacerdote bendice es Jesús quien
lo hace por medio suyo.» Pero ahora menciona que «los sacerdotes
tienen las manos benditas de Su Hijo!». Y añade: «¡Respétenlos!».
En realidad, no sabemos si los sacerdotes tenemos algo más que ver —a
parte de lo que es obvio a razón de nuestro ministerio—, con el
mensaje de «quienes no experimentan el amor de Dios en sus corazones».
Pero lo cierto es que los últimos meses, la Virgen ha hablado de los
sacerdotes en este encuentro mensual de oración. En ocasiones estamos
presentes más de 100 sacerdotes, pero, seguramente, el mensaje de la
Virgen, va más allá de nuestra sola presencia en el Cenáculo.
Probablemente aprovecha su aparición para renovar nuestro ministerio
por medio de lo esencial que es el amor. El sacerdote fundamentalmente hablando,
es un ministro del amor divino. Somos ordenados para amar y por un gesto del
amor de Dios. Teológicamente, somos la más perfecta manifestación
sacramental del amor de Dios, que actualiza el «hoy» del ministerio
público de Jesús y de su inmolación de amor por nuestros
pecados. Por medio del sacerdocio ordenado, Jesús sigue manifestando
su amor a su pueblo como rector, maestro de la fe y liturgo de la nueva economía
de la salvación.
La Madre también desea, que los fieles vean en los sacerdotes a Su
Hijo. Nos recuerda que los sacerdotes tenemos las manos benditas. Es decir,
ungidas por el Espíritu. Nuestras manos son santas. Manos que bendicen,
manos que oran, manos que consagran el preciosísimo Cuerpo y Sangre
de Jesús, manos que perdonan los pecados, manos que sanan. Por eso el
puesto que los sacerdotes ocupamos en el mundo es insustituible, y como ministros
de Cristo, merecemos todo el respeto, estima y amor que el ministerio de amor
exige. El santo cura de Ars llegó a decir que —«el sacerdote
es el amor del corazón de Jesús» también: —«el
sacerdote es algo inmenso, que si él mismo lo comprendiera, se moriría,
no de espanto sino de amor»
¡
Sea alabado Jesucristo!