El Adviento

adviento

La palabra “Adviento” significa “venida” y esta venida se refiere, por supuesto, a Cristo — el Señor que viene, el Señor que está por llegar.

El Adviento es el tiempo en que los bautizados nos preparamos espiritualmente a celebrar la Navidad que conmemora la“primera venida” de Jesús. Pero al mismo tiempo, el Adviento hace que nuestra atención y nuestra esperanza se dirijan hacia la“segunda” venida del Señor que ocurrirá, como El lo prometió, al final de los tiempos para consumar nuestra redención y salvación. Podemos decir que nuestra vida entera es como un adviento— el tiempo que Dios nos concede para prepararnos al encuentro definitivo con El. Y es que tal como Cristo se encarnó para llevarnos a todos con Dios, así también nosotros, como hijos de Dios, estamos llamados a colaborar con El para acercar a todos los hombres a Jesús.

El Adviento se inicia cuatro domingos antes de Navidad y es el ciclo litúrgico que a lo largo de todo el año nos conduce a vivir el misterio de nuestra redención — meditar en él, celebrarlo y transformar nuestra vida bajo la acción del Espíritu Santo. Durante esas cuatro semanas la Iglesia, a través de las lecturas de la Misa dominical, invita a los fieles a profundizar en el misterio de la venida histórica del Señor y esperar anhelantes la segunda venida de Cristo, en Su gloria y majestad. A continuación se propone un sencillo programa espiritual para vivir el Adviento en familia.

Meditaciones para el Adviento

• Primera Semana – Adoptemos una actitud de espera vigilante, que es gozosa porque sabemos que la salvación está cerca. Seamos asiduos en la oración personal, familiar y comunitaria. Invitemos a la Virgen María a que nos enseñe a esperar al Señor. Recemos el Rosario todos los días y si ya lo hacemos, que sea con mayor fervor. Participemos en la Santa Misa cada domingo con todo el corazón.

• Segunda Semana – Decidámonos por la conversión. Limpiemos nuestro interior para recibir al Salvador. Ahí, donde no se ha dado el amor, el perdón, la armonía, la fraternidad, pidamos a Dios que nos llene de Su amor y nos dé la fortaleza para reconocernos pecadores y purificar nuestro corazón. Sigamos orando y... ¡acudamos al Sacramento de la Reconciliación!

• Tercera Semana – Abramos nuestro corazón para que acoja con alegría al Señor. Estemos gozosos, desbordantes de alegría porque Jesús viene a nosotros, El viene a salvarnos. Desterremos toda desesperanza, renovemos nuestra fe en las promesas del Señor. Sigamos orando y seamos también asiduos en leer la Palabra de Dios.

• Cuarta Semana – Meditemos en el misterio de María, la Virgen que dará a luz un hijo. Leamos diariamente un trozo del Evangelio — la Anunciación, el viaje a Belén, el nacimiento de nuestro Salvador... Pidámosle a Dios que podamos hacer vida Su palabra para que Jesús pueda venir a nacer en nuestro corazón. Que todas las celebraciones en las que participemos sean una prolongación de nuestra preparación espiritual.

¡Como vivamos el Adviento, así será nuestra Navidad!

adviento

Sólo si asumimos el nacimiento de Jesús, Nuestro Salvador, como única razón para la alegría, podremos vivir y disfrutar a auténticamente la Navidad. El Adviento es tiempo de fe, esperanza y alegría porque Dios se ha hecho hombre, porque El nos ama tanto que ha decidido a vivir entre nosotros y ser uno de nosotros. La alegría fundada en la presencia de Cristo entre nosotros nos ayudará a salir adelante, aún en tiempos difíciles . La sola presencia de Dios puede transformar nuestras vidas, si nosotros se lo permitimos. Y es que precisamente entonces cuando tenemos que valorar nuestra fe y esperanza, el significado que tienen en nuestras vidas. Por tanto, el Adviento es también momento de hacer a un lado las preocupaciones y ponernos en manos de Dios, porque a pesar de cualquier circunstancia, de cualquier dificultad, si nosotros tenemos a Jesús —¡lo tenemos todo!

Pidámosle a Dios que nos enseñe a amar y nos conceda descubrir el amor en nosotros y en nuestra familia. María nos acompañará y también José. Y así, unidos a Ellos, salgamos al encuentro de los demás — de ese vecino solitario, del que está enfermo, del anciano, del joven y del niño que encontremos a nuestro paso, para llevarles la buena nueva: ¡Nos ha nacido un Salvador!

 
 
Imprimir esta pagina