El encuentro con el Rey
La emoción se siente en el aire, los hogares y comercios se han inundado de color, la navidad está próxima. Esta es una forma de prepararnos en el exterior, pero… ¿también estamos preparando nuestro interior?
Navidad significa dar a luz a Cristo en nuestro corazón, es hacerlo presente en mi hogar, darle vida en mi familia, comprender que su gran amor por nosotros lo llevó a vaciarse de sí para ser como nosotros (Fil 2, 5- 11) y para darle cabida en nuestro corazón necesitamos prepararlo, como preparamos nuestro hogar para la cena de esa noche.
Una forma de prepararnos en el interior es contemplando las figuras que la liturgia nos propone, además de reflexionar su mensaje. Entre ellos encontramos a Isaías, el profeta de la cautividad, que es quien anuncia el nacimiento del Emmanuel y habla del consuelo que traerá Dios a su pueblo (Is 40). El mensaje de Juan el Bautista llama a la conversión y al cambio de vida (Mc 1, 1- 8), a enderezar el camino de nuestra vida que se ha desviado. Cristo viene a nuestro encuentro y nosotros queremos reunirnos con él. Y por supuesto no puede faltar la Virgen María, quien desde la anunciación gozó del crecimiento en su cuerpo del Hijo de Dios, de cada patadita, de la preparación de los pañales y su ropita. Como ella buscamos darle vida y sentirlo crecer en nuestro corazón.
A través de la oración y las reflexiones en torno a la Corona de Adviento podemos encontrar la continuidad en esta preparación, busquemos sacar un provecho espiritual a este signo y no relegarlo a un adorno más.
Asumamos con gusto este camino de preparación en el tiempo de Adviento para que nuestro Señor Jesús encuentre un corazón lleno de adornos de amor y disposición que es muy seguro, brillan más que las esferas de cristal.
Escrito por Cesar Angelo Zetina