Navidad: ¡a lo esencial!
Cada diciembre llega el día que conmemora la división de la historia en antes y después. Vivimos el gran ''después'' llamado "era cristiana''.
Navidad o natividad significa nacimiento. Lo esencial, por tanto, es celebrar un nacimiento, el de Jesús. Esa celebración puede quedar oculta bajo preocupaciones baladíes por alimentos y bebidas. ¿Qué más da festejar con cerdo que con pavo? ¿Qué más da postrear con turrón o buñuelo? ¿Qué más da libar vino o cerveza? Eso es secundario.
Más importantes son otros elementos, como los villancicos y la presencia de nacimientos en la decoración; no sólo arbolitos. Todavía más importante es la participación cultual en el evento, pues la Liturgia actualiza el misterio del nacimiento de Jesús.
¿Por qué contar con Jesús año tras año? Porque la humanidad sigue necesitada del ''Príncipe de la paz''. ''La paz les dejo, mi paz les doy; una paz que el mundo no les puede dar'' (Jn. 14, 27). El mundo sólo entiende de treguas; la paz de Cristo llega a la raíz de lo conflictivo, pues desaloja el odio de los corazones.
Crecemos en adelantos tecnológicos, pero no en felicidad. Cada año aumentan los suicidios; señal de vacío existencial. Se necesita el apoyo del Salvador: ''Vengan a mí todos los que están cansados y agobiados, y yo los aliviaré'' (Mt. 11, 28). A los que vagan a oscuras les dice: ''Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no camina en tinieblas'' (Jn. 8, 12).
La importancia de Jesús la expresó el Papa Pablo VI en una homilía antológica: ''El nos ha revelado al Dios invisible... El es nuestro maestro y redentor... El es el centro de la historia y del universo. Nos conoce y nos ama; compañero y amigo de nuestra vida, hombre de dolor y de esperanza... El es nuestro pastor, nuestro guía, nuestro ejemplo, nuestro consuelo, nuestro hermano. Por nosotros habló, obró milagros, instituyó el nuevo reino en el que los pobres son bienaventurados, en el que la paz es el principio de la convivencia, en el que los limpios de corazón y los que lloran son ensalzados, en el que los que tienen hambre y sed de justicia son saciados, en el que los pecadores pueden alcanzar el perdón, en el que todos son hermanos'' (Manila, 29 de noviembre de 1970).